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Pseudociencias y religión: un nuevo culto a la ignorancia

La historia de la humanidad, tal y como la conocemos, se limita única y exclusivamente a la historia de nuestras ideas, ideas que han evolucionado en un espinoso camino entre la especulación, la superstición y la razón, siendo esta última la única luz al final del túnel, pues la ciencia es la única actividad humana capaz de explicar, de manera coherente y clara, el funcionamiento de la naturaleza.


En 1980, el divulgador científico Isaac Asimov, en su ensayo titulado El anti-intelectualismo en Estados Unidos*, afirmó que la masificación de la información y el nuevo culto a la ignorancia habían impuesto el lema: mi opinión es igual de válida a la evidencia científica, aunque mis creencias vayan a la contracorriente de esta. Tal parece que este lema, 40 años después, sigue replicándose en todo el mundo; desde los movimientos que hacen apología al terraplanismo hasta quienes dicen que el COVID-19 es un invento de China para imponer el nuevo orden mundial han constituido una severa amenaza a nuestra humanidad, tanto así, que podríamos estar cerca de reproducir una nueva Era Oscura, como lo fue la Edad Media.

La historia de la humanidad, tal y como la conocemos, se limita única y exclusivamente a la historia de nuestras ideas, ideas que han evolucionado en un espinoso camino entre la especulación, la superstición y la razón, siendo esta última la única luz al final del túnel, pues la ciencia es la única actividad humana capaz de explicar, de manera coherente y clara, el funcionamiento de la naturaleza. Sin embargo, esto no fue siempre así: en las más antiguas civilizaciones, los fenómenos naturales, las enfermedades y el hambre eran atribuidos a fenómenos divinos y a supersticiones metafísicas que hoy hemos institucionalizado como religiones, las cuales no son más que idearios narrativos que se inmortalizan a través del tiempo con el único fin de tratar de explicar eventos y situaciones que van más allá de nuestro razonamiento y que, en ocasiones, sirven de consuelo frente a las extremas circunstancias que se nos presentan en nuestra vida que, en momentos de vulnerabilidad, no seríamos capaces de afrontar por nosotros mismos.

Tanto daño hizo este tipo de creencias al mundo, que en su nombre se cometieron atroces y execrables crímenes contra el conocimiento: fue la misma Iglesia Católica la que, en nombre de la fe, destruyó los magníficos aportes del conocimiento científico y filosófico de la triunfante civilización griega y árabe, considerando a este conocimiento como “oscuro” y “hereje” con el corroído argumento de que desafiaba las creencias divinas. Otro hecho para destacar fue el asesinato, en nombre de la religión, de la prominente científica Hipatia de Alejandría por desafiar la absurda creencia de que el Universo giraba sobre la Tierra misma y más adelante el arresto injustificado a Galileo Galilei por dudar, otra vez, de la divina providencia de que la Tierra era el centro de este, creencia que hoy ha sido desvirtuada por la ciencia y en donde la misma Iglesia ha aceptado su equivocación.

Por fortuna, la ciencia ya ha construido explicaciones con sólida evidencia empírica, las causas de las enfermedades y su cura, la manera de prevenir algunas hecatombes meteorológicas, ha sabido abordar grandes cuestionamientos de mayúscula trascendencia para nuestra vida en especie; además, ha desmitificado, con sólidos argumentos, la necesidad de creer en un dios creador de un Universo que, a pasos agigantados, cada día, hemos descifrado con increíble exactitud. ¿Será la religión capaz de crear un antídoto efectivo para la pandemia que vivimos hoy? No, solo la ciencia logrará, en tiempo récord, una respuesta efectiva para la erradicación del virus COVID-19, ¿por qué?, porque con el imparable avance tecnológico y de conocimiento humano hemos desentrañado el comportamiento de otros virus que han azotado a la humanidad y hemos encontrado la cura para ellos.

Lastimosamente, a pesar de las innumerables muestras fidedignas de que la ciencia es y será el mayor logró jamás alcanzado por el hombre, hay quienes insisten en que es posible construir creencias sólidas a partir de supersticiones metafísicas. Estos están divididos en dos grupos: en los religiosos, quienes, por miedo o comodidad, siguen dándole explicación a los fenómenos cotidianos a una deidad suprema, necesaria u obvia o ambas, conocida como “dios”; están los otros, quienes apelan a los idearios culturales que por moda o simple necedad, encuentran por ejemplo, explicación a su vida y sus circunstancias a remedos de la “ciencia” como horóscopos, lecturas de cartas, energías metafísicas y cultos a ideologías que, en últimas, terminan en el limbo del absurdo al igual que los seguidores religiosos. Estos fenómenos, se constituye sin más, no solo una agresión a la humanidad misma, sino a un destino próspero de nuestra especie.

Bien apunta el biólogo Richard Dawkins en su libro El espejismo de dios que la creencia en todas estas supersticiones y en dios, podrían adjudicarse a algún defecto genético que algunos persisten en mantener, sin embargo, es posible despojarnos de tan escandalosos delirios en una divulgación científica asertiva, comprensible y atractiva para la humanidad. Así, despojar a nuestra especie de tan estruendosos engaños se convierte en un imperativo moral universal que sólo podrá ser posible en la educación de una sociedad más crítica y dispuesta a romper con el dedo inquisidor que sigue manifestándose en nuestras sociedades. Es desesperanzador aún pensar que luego de tres mil millones de años de evolución sigamos aferrados a inocuas supersticiones primitivas como las que todavía se imponen en nuestras sociedades, en las que presumimos un inconmensurable nivel de desarrollo, sigamos apelando a explicaciones inverosímiles a nuestra cotidianidad. El único alivio que podemos darle a esta humanidad desorientada es la ciencia misma, porque ella sigue siendo verdadera, así creas en ella o no.

*Para leer el ensayo de Isaac Asimov en mención: https://alexiscondori.com/translation/0014-asimov-antiintelectualismo-culto-ignorancia

Esto fue escrito por

Esteban Escudero Correa

Estudiante de Ciencias Políticas y Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana. De mis gustos personales está en escribir sobre mis opiniones, argumentos y puntos de vista sobre coyuntura nacional e internacional; escribir ensayos sobre reflexiones de teoría filosófica y de interés general. Apasionado por la lectura, el arte y el teatro.

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