Opinión Selección del editor

¡Ni a saco contra EPM, ni sálvese quien pueda!

Siempre me pareció un error que EPM, animada por un prurito regionalista, se obstinara en la construcción de la hidroeléctrica Pescadero-Ituango. El proceso adelantado por Hidroituango S.A. ESP, para conseguir que esa construcción se realizara mediante un esquema de “Projet-Finace”, había sido exitoso. A la convocatoria internacional respondieron diez y ocho firmas y calificaron siete, la más pequeña de las cuales era EPM. Pensaba, en ese momento, que conseguir una inversión extranjera directa de esa magnitud en un proyecto greenfield no petrolero era especialmente importante para el sector eléctrico y el País.

En vista de los hechos recientes, creo que fue afortunado que EPM cometiera el error de suscribir el BOMT para la construcción de Pescadero-Ituango, pues dudo mucho que cualquier otra empresa hubiese enfrentado la emergencia que desencadenó el colapso de uno de los túneles de desviación con la competencia técnica, la responsabilidad social y el sacrificio humano que desplegaron sus funcionarios, desde el gerente general al más sencillo operario, superando los momentos más críticos sin pérdidas de vidas y supliendo con holgura las necesidades de las personas afectadas y dándoles un trato respetuoso y digno. En medio de la angustia, la ciudadanía colombiana y los observadores internacionales veían con admiración y respeto la gesta épica de una Empresa unida y guiada por el objetivo de salvaguardar la vida de las poblaciones aguas abajo evitando el colapso de la presa, para lo cual se tomó la tremenda decisión de inundar la casa de máquinas.

Hoy ese ambiente de unidad y compromiso parece haber dado paso a uno de división y disputa. A fuera de la Empresa resuena una especie de “a saco contra EPM”; adentro, el “sálvese quien pueda” de las batallas perdidas. Excepción hecha de algunos pelafustanillos de la política local, que buscan agrandar su insignificante prestigio a costa del prestigio inmenso de EPM, a nadie conviene que se demoren o fracasen las acciones orientadas a superar totalmente la emergencia, lo que simple y llanamente significa salvar el proyecto poniéndolo operativo dentro de 3 años. Para lograr este objetivo es necesario reestablecer la unidad al interior de la Empresa para que todos los responsables actúen una vez más como el bloque que fueron durante la emergencia de abril y mayo y, también, cuando tomaron las decisiones fundamentales que hoy son puestas en cuestión.

El malestar del señor Gobernador es comprensible pues de las regalías de Pescadero-Ituango dependían gran parte de las inversiones contempladas en el plan de desarrollo departamental. Sus reclamos pueden ser justos pero la confrontación pública no es el medio más adecuado para tramitarlos. Si EPM ha incumplido o va a incumplir con los compromisos de contrato de BOMT es algo que debe definir la justicia. El Gobernador debe apurarse a actuar ante los tribunales que corresponda para hacer valer los intereses del Departamento, pues sus reclamos en el “tribunal” de la opinión pública le reportan alguna notoriedad, pero ningún cheque, y afectan la posición de la Empresa ante terceros y por esta vía menoscaban los intereses que quiere defender.

Los concejales deben abandonar la retórica de la propiedad pública intocable y proceder a dar las autorizaciones para la enajenación de los activos que le permitan a EPM obtener la liquidez necesaria para atender la emergencia. Si creen que no se debe vender nada, pues que autoricen al Municipio de Medellín a capitalizar la Empresa en los tres o cuatro billones de pesos que se necesitan para viabilizar el proyecto. Sin fallos en firme sobre responsabilidades ni los contratistas ni las compañías de seguros van a poner un peso. Tampoco los bancos van a realizar desembolsos sin tener la seguridad de que el proyecto es viable. De momento, EPM está sola y debe ser capitalizada o vender activos.

Hace años un amigo, para resaltar la significación de la actividad de generación, decía que EPM era un atleta con una cantimplora y un bíper. Hoy, a pesar de la ampliación de sus actividades, EPM continúa siendo, fundamentalmente, una empresa de generación y esto es lo que se debe preservar. Como los procesos de enajenación son dispendiosos, hay que vender aquello que no haga parte del núcleo de la actividad generación, produzca la mayor liquidez de caja y sea fácilmente realizable. Ciertamente, las acciones de ISA se ajustan a los tres criterios, pero ese es también el caso las participaciones en Une-Millicom, por lo que resulta extraño que su venta se haya descartado. En todo caso, hay que actuar con presteza y dejando de lado las consideraciones ideológicas, emocionales o políticas.

Las autoridades nacionales del sector eléctrico – Ministerio, CREG, SSP, ANLA – y las entidades de vigilancia y control deben actuar con prudencia para no hace más difícil el trabajo de EPM y sus contratistas en la recuperación del proyecto, entendiendo que mientras mayor sea el retraso de la entrada mayor será el alza del precio de la electricidad y mayor el riego de desabastecimiento. Si la hidroeléctrica no se culmina o su entrada en operación de demora 5 o más años y las subastas de confiabilidad no son exitosas, el País podría enfrentar una situación de racionamiento y de precios elevados que golpearán duramente el aparato productivo y a los consumidores más vulnerables.

Al interior de EPM es necesario reestablecer la unidad y cesar de inmediato la búsqueda, con o sin polígrafo, de chivos expiatorios entre el cuerpo de directivos, ingenieros y técnicos responsables del proyecto. Todavía está por probar que la causa desencadenante de la emergencia – el colapso del túnel auxiliar de desviación – fue resultado de errores de diseño o constructivos. Y, en cualquier caso, nadie puede creer que dichos errores, si existieron, puedan atribuirse a dos o tres ingenieros aislados.  Las grandes decisiones de este proyecto comprometen a los miembros de las juntas directivas de Hidroituango S.A. ESP y de EPM ESP que las aprobaron, a los equipos directivos que las sometieron a su consideración y a los técnicos que las elaboraron. Ya llegará el tiempo de establecer responsabilidades individuales, pero de momento el imperativo es reestablecer la unidad de propósito dentro de la Empresa pues sin ella ésta se debilita frente a los actores externos y se hace más difícil cumplir el objetivo de poner a operar el proyecto en un lapso no mayor de tres años. Corresponde al Señor Gerente dar las señales de que está liderando un equipo unido y dispuesto a entregarlo todo, como en abril y mayo pasados.