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Llegó la hora de desmitificar algunas creencias

Una de las características particulares de los seres humanos, que, a diferencia de los animales u otros seres vivos, es la capacidad de edificar a lo largo de nuestra existencia el desarrollo, sistematización y estructuración de creencias; desde niños, acordes a nuestras experiencias, acontecimientos y conocimiento optamos por “creer” y disuadir frente a nuestros semejantes, las perspectivas sobre el mundo que nos rodea.


Una de las características particulares de los seres humanos, que, a diferencia de los animales u otros seres vivos, es la capacidad de edificar a lo largo de nuestra existencia el desarrollo, sistematización y estructuración de creencias. Desde niños, acordes a nuestras experiencias, acontecimientos y conocimiento optamos por “creer” y disuadir frente a nuestros semejantes, las perspectivas sobre el mundo que nos rodea. Por ejemplo, es plausible que una persona criada en un entorno religioso mantenga incólumes su dogma a lo largo de su vida, porque además de los valores con los que fue criado, se han manifestado experiencias en su vida que reafirmen esos valores, como también es posible que esas creencias sean derrumbadas por alguna experiencia “contrafáctica” que desmorone una creencia y estructure una nueva.

Pues bien, esa heterogeneidad de creencias es irrefutable, así, la objetividad y la neutralidad se convirtieron en meros espejismos, pues además de existir una amplia gama de “perspectivas” de nuestra realidad, hoy en día es posible masificarlas. Existe por ejemplo, un movimiento que afirma que la tierra es plana; seguramente, yendo en contra de todo lo evidenciado por la ciencia, hoy gracias al vertiginoso tránsito de la información, el movimiento terraplanista ha trascendido las fronteras y hoy se constituye como un sistema de creencias que busca según ellos, dinamitar los argumentos de la evidencia empírica, las teorías científicas y lo ya conocido sobre topología relativista; mi pregunta para ellos es ¿dónde están sus contra- argumentos?  Es verdad no los tienen. Así, cuando en la Alemania Nazi se trataba de buscar los argumentos antropológicos para justificar la supremacía de la raza alemana, lo cierto es que al igual que los terraplanistas, se busca legitimar ciertas creencias por mera rebeldía, como si de un berrinche de niño pequeño se tratara, unos rebeldes sin causa.

Así, ese mismo negacionismo ha tomado fuerza en esta coyuntura de pandemia. Desde los casos más extremos de conspiración que afirman que esta pandemia es una creación del Gobierno Chino y de los gobiernos del mundo para implementar una dictadura global, hasta quienes alegan, con mucha convicción al parecer, que se está librando una guerra biológica entre los países potencia para transfigurar la hegemonía global por parte de las farmacéuticas y las empresas del mundo para hacerse más ricos, sin embargo, el defecto de estas teorías, que para mí no son más que infantiles alegatos, es que no han sido capaces de contraargumentar los diversos estudios que se han hecho sobre el COVID-19 para justificar sus creencias; sus alegatos se limitan única y exclusivamente a audios de Whatsapp, noticias falsas que en últimas, son el refugio de quienes no tienen un argumento alguno para sostener sus alegatos. ¿Qué queda por hacer? Es difícil transformar las creencias de los demás, entre otras cosas, porque como seres humanos tenemos un “ego oculto” que muchas veces nos impide ceder en aquello que nos podemos equivocar o estar mal. Sin embargo, el hecho de desconocer que una pandemia es algo inminente a la naturaleza, de que el SARS-COV 2 es uno de millones de virus que habitan nuestro organismo, de que las vacunas, que se desarrollan hasta hoy, son producto de la investigación rigurosa y seria, es lo que inevitablemente podría llevarnos a nuestra extinción ¿por qué?, por nuestro escepticismo.

Así, desafortunadamente, el científico Isaac Asimov hacía una profecía muy certera en 1980 para nuestro tiempo: “llegará el día en el que cualquier opinión, aunque vaya en contra de la ciencia, será más aceptada que cualquier estudio científico”. ¿Qué se espera para una especie que es capaz de llegar a semejante nivel de degeneración? Vuelvo y lo repito: la mera extinción.

En conclusión, es necesaria una revisión a nuestras creencias; necesitamos entender la actual coyuntura, desmitificar nuestro escepticismo y trabajar conjuntamente, como especie, para salir adelante a esta pandemia. Es algo real, y debemos tener la humildad de aceptarlo, aunque nos cueste.

Esto fue escrito por

Esteban Escudero Correa

Estudiante de Ciencias Políticas y Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana. De mis gustos personales está en escribir sobre mis opiniones, argumentos y puntos de vista sobre coyuntura nacional e internacional; escribir ensayos sobre reflexiones de teoría filosófica y de interés general. Apasionado por la lectura, el arte y el teatro.

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