La vida y la crueldad. Hacer, padecer y ver

Ver sufrir produce bienestar; hacer sufrir, más bienestar todavía.

Friedrich Nietzsche. La genealogía de la moral


La dinámica de la vida es sacrificial. Y lo es porque toda la vida que se esfuerza por perseverar en su ser tendrá que hacer conciencia de una lucha por el reconocimiento, en medio de relaciones de poder que en la práctica resultan ser antagónicas y por lo mismo injustas.

En el sacrifico tres son las vidas que se triangulan en esta dinámica siniestra del poder: el que sacrifica, el sacrificado y el que observa. Los tres participan en una misma escena donde se mezclan varias emociones.

El triángulo del deseo se puede explicar del siguiente modo. En primer lugar, es posible identificar el goce por someter a una víctima, y en este sentido el sacrificador lo enmascara el rostro del sádico: su goce se encuentra en el placer que supone someter a una víctima inocente a la fuerza de una violencia sacrificial.

En segundo lugar, adviene la pasividad y el dolor de una víctima que deviene objeto de la voluntad de poder de quien sacrifica. Su realidad humana y afectiva está dominada por el silencio y una suerte de pasividad que se somete, la cual la hace instrumento de una relación social donde lo que impera es la voluntad de poder del dominador, el sacrificador.

Finalmente queda en la indeterminación la posición del espectador. De estar involucrados en la escena sacrificial, seríamos nosotros los observadores del espectáculo. En calidad de observadores nuestra situación es ambigua, pues, de un lado puede llegar el goce gracias al placer que identifica al verdugo, o por el contrario puede ocurrir la compasión con el objeto sacrificado, de tal modo que solidarizarse con la inocencia de la víctima, se exprese un juicio moral desaprobando la injusticia que se desprende del hecho de una humanidad sometida.

En el sacrificio se conjugan este triángulo de las relaciones de poder: es el espectáculo donde dinamizan el hacer, el padecer y el ver. En síntesis, la vida y el teatro de la crueldad se conjugan en una misma función teatral: la que propicia la violencia de un sacrificio.

Un ejemplo en la cultura que recrea la triada de la crueldad se encuentra en las historias narradas por el Marqués de Sade. En sus novelas se recrea el principio nietzscheano de una voluntad de poder que crea, pero también destruye. El principio activo de la literatura en las historias de Sade se atribuye a una imaginación productiva que crea valores, pero también los niega (Trías, 1978, p. 102).

La invención de las nuevas tablas de valores tiene lugar cuando se destruyen las antiguas. De alguna manera la función demiúrgica del sádico consiste en servir de medio para la realización de un fin mayor: la transmutación de todos los valores.

Sin embargo, las escenas sádicas en la obra del marqués se repiten, de tal modo que la violencia infligida por el verdugo contras sus víctimas se convierten en un eterno retorno de lo mismo, redundando en un espectáculo de la crueldad y una repetición del terror que de cierta forma enaltece la violencia del sádico a costa del mutismo que silencia el cuerpo de la víctima.

Otro ejemplo, elocuente y vigente hoy es el de la ciencia. En efecto, la ciencia surge como el gran verdugo de la naturaleza. La pretensión de la ciencia es la de reducir los fenómenos de la naturaleza hasta su completa dominación. El principio sádico, el mismo que se encuentra animado por la voluntad de poder, hace que la naturaleza sea el objeto de estudio de la ciencia, bien para su consumación como fenómeno investigado, bien para su destrucción como prueba experimental o chivo expiatorio de la técnica.

En estos casos la aniquilación de la naturaleza, tanto la que se expresa en el cuerpo femenino que se somete al goce de su verdugo, como la que se produce en la manipulación científico-técnica del recurso que nace en la madre tierra, domina el principio de la muerte, y que Freud conceptualizó bajo la expresión griega del tánatos, haciendo alusión a la idea de que la vida está signada por la destrucción inadvertida de todas las cosas.


Bibliografía

Nietzsche, F. (2003). La genealogía de la moral. España: Tecnos.

Trías, Eugenio. (1978). Filosofía y poder. Pp. 69-117. En: Col-legi de Filosofía. Maneras de hacer filosofía. Barcelona: Tusquets.

 

About the author

Juan Sebastián Ballén Rodríguez

Licenciado en Filosofía y Letras
Magister en Filosofía
PhD. en Filosofía

Add Comment

Click here to post a comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.