Opinión Recomendados

La gran transformación

No existe mejor excusa para el desarrollo y el fomento del pensamiento crítico que esta emergencia sanitaria mundial. La Filosofía y la ciencia deberían marcar la ruta de la formación académica, desde la infancia hasta los niveles superiores de educación.

Es inverosímil que en pleno Siglo XXI se insista en mantener un modelo educativo marcado por la enseñanza de la religión a temprana edad, por encima de la apremiante necesidad del desarrollo del pensamiento crítico, reflexivo y científico desde la infancia.

Parece ilógico, pero es real. En Colombia, justificada en una idiosincrasia cultural y religiosa, ha amparado durante un largo tiempo el arcaico tradicionalismo en el modelo educativo, el cual no ha permitido el desarrollo de todo su potencial intelectual. Así, los profesionales del mañana, se encuentran eclipsados en un sinfín de entorpecimientos pedagógicos y didácticos que asfixian el espíritu del fervor por el magnánimo mundo del conocimiento científico y el pensamiento crítico.

Y no es para menos. La genealogía en la pedagogía en Colombia discurre por una fuerte influencia de la Iglesia Católica en la educación de los colombianos. Esta se remonta a los tiempos de la Colonia; para aquella época, a manos de la Iglesia Católica, los hijos de los colonos eran educados en la religión católica, el latín, lectura y escritura y los valores para vivir en sociedad. En este sentido, quienes aprobaran esta formación tenían la posibilidad de elegir una carrera en leyes o teología.

No fue hasta el Siglo XIX que Colombia adoptó el modelo de la gratuidad en la educación y pasó a manos del Estado, pero esto no significó que el país se sumergiera a la vanguardia del desarrollo intelectual que había arribado a las sociedades industrializadas; por el contrario, mantuvo la omnipresencia de la Iglesia Católica y de la enseñanza de la religión, y con ella, el inmarcesible mantenimiento del modelo corrector que hasta hoy se mantiene vigente.

La transformación de la educación en Colombia no requiere un superlativo aumento de horas de clase, requiere innovar a la supresión de determinadas asignaturas y potencializar las hoy existentes. ¿Por qué no enseñar la tan enmarañada asignatura de Ética y Valores como Filosofía Moral? ¿Por qué no transfigurar las monótonas sesiones de Matemáticas, las cuales cuentan con bastantes horas a la semana, en un gran laboratorio de razonamiento lógico, espacial y deductivo? ¿Por qué no comenzar, desde la infancia, a estimular el espíritu científico y creativo? Estas y otras preguntas tienen un común denominador: falta de voluntad .

Incluso las universidades, sin desconocer el aplaudible esfuerzo que hacen algunas por dejar en alto el nombre de nuestro país a nivel investigativo, han reincidido en adoptar primitivos métodos de retentiva del conocimiento. Hay una deuda histórica con el desarrollo científico de nuestro país; pero destinando un poco más del 0.2% del PIB a la investigación y desarrollo –cifra tomada del Banco Mundial para 2017-, no lograremos nada más que estribar a los grandes logros para la humanidad de los otros países.

No existe mejor excusa para el desarrollo y el fomento del pensamiento crítico que esta emergencia sanitaria mundial. La Filosofía y la ciencia deberían marcar la ruta de la formación académica, desde la infancia hasta los niveles superiores de educación para conquistar la gran transformación.

 

Esto fue escrito por

Esteban Escudero Correa

Estudiante de Ciencias Políticas y Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana. De mis gustos personales está en escribir sobre mis opiniones, argumentos y puntos de vista sobre coyuntura nacional e internacional; escribir ensayos sobre reflexiones de teoría filosófica y de interés general. Apasionado por la lectura, el arte y el teatro.

1 Comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.