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La era de la posverdad y la posveracidad: la nueva realidad de la información en tiempos de pandemia

Los hechos objetivos no están de moda. Lo que importa en la “posverdad”, es decir, las emociones o los sentimientos personales en la percepción de la audiencia. La consecuencia inmediata de esta es la posveracidad desconfiada, y en ocasiones la charlatanería.


Origen del término “posverdad”

El año que ha concluido hace pocas semanas ha sido catalogado por muchos como el año de la posverdad. Este término es la traducción de post-truth elegida como palabra del año por Oxford en el 2016. Su significado denota algunas circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes, en la formación de la opinión pública, que la apelación de emociones y creencias personales. Bajo estos términos, quien desee influir en la opinión pública, deberá esforzarse por construir discursos fáciles de aceptar, validar y estructurar ciertos argumentos, para satisfacer los sentimientos y creencias de su audiencia, más que los hechos reales y que pueden ser válidos científicamente.

Keyes apuntaba para entonces que esta era se caracteriza, principalmente, en la manipulación relativa como medio de construcción de la realidad sin apelar a los hechos científicos y empíricamente probados.

Así, la introducción de esta palabra en el diccionario de Oxford hace cinco años se debió a su gran uso público durante los procesos democráticos que dieron lugar a la elección de Donald Trump en los Estados Unidos y el proceso de salida del Reino Unido de la Unión Europea. Sin embargo, el uso de este instrumento se reprodujo con fuerza en el año 2020, trascendiendo el ámbito político y apelando a la resistencia de muchos círculos alrededor del mundo, estimulando el negacionismo a raíz de la pandemia del COVID-19 que, según cifras de la Universidad Johns Hopkins, ha dejado un poco más de dos millones de muertos alrededor del mundo y un poco más de 90 millones de contagiados.

La palabra posverdad fue utilizada por primera vez en la prensa norteamericana en 1992, en un artículo de Steve Tesich, en donde redactó un poco sobre lo sucedido con los escándalos del Watergate y la Guerra del Golfo Pérsico; en él indicó que en ese momento ya habíamos aceptado vivir en la era de la posverdad, en la que se miente sin discriminación y se ocultan los hechos. Sin embargo, fue en el libro The Post-Truth Era, publicado en 2004 por Ralph Keyes cuando el término encontró desarrollo y sistematización conceptual y teórico. Keyes apuntaba para entonces que esta era se caracteriza, principalmente, en la manipulación relativa como medio de construcción de la realidad sin apelar a los hechos científicos y empíricamente probados. Pero ¿cómo puede analizarse esta realidad en tiempos de pandemia?

El discurso de la posverdad en tiempos de pandemia

Sin duda alguna, la proliferación de noticias falsas se ha hecho evidente en estos tiempos, sobretodo, cuando el discurso científico entremezclado con el discurso político ha restado legitimidad en los círculos de opinión, aun cuando la evidencia científica ha tratado con el mayor rigor posible, divulgar los hallazgos inmediatos del comportamiento del SARS-COV2 y como este puede aumentar su número reproductivo en determinadas atmósferas, si no se cuentan con medidas de bioseguridad. A pesar de ello, la respuesta emotiva frente al uso de mascarilla, ha sido un profundo negacionismo, apelando a teorías de conspiración que acusan a los laboratorios y entidades gubernamentales ser las responsables de la creación de la enfermedad, instrumentalizando, según dicen ellos, el discurso científico como arma de dominación y control a las masas. Esta distopía, lejos de ser una realidad, obedece a una creación meta-discursiva que se ha divulgado por medios no-convencionales. Así, por ejemplo, las cadenas de Whatsapp, las noticias falsas en Internet y las publicaciones de las redes sociales gozan de aceptación y reconocimiento mayor que los estudios indexados científicos que se hacen por los institutos certificados para evaluar la situación del virus en el mundo y recomendar las medidas adecuadas para disminuir la velocidad de propagación.


Así la posveracidad sólo puede surgir en momentos en los que vivimos actualmente, en que existe una actitud de descrédito hacia los discursos públicos porque esperamos que tal información no transmita toda la verdad.


Posveracidad y desconfianza

Ralph Keyes indicó, en The Post-Truth Era, que la consecuencia inmediata de la posverdad es la posveracidad. Esto, es una desconfianza frente a determinados tipos de discurso que pueden configurarse dentro de la esfera pública, sin embargo, la desconfianza hacia ellos no surge a raíz de su contenido que puede ser cierto y comprobado, sino que obedece a un fin oculto, no deseado por la audiencia. Así la posveracidad sólo puede surgir en momentos en los que vivimos actualmente, en que existe una actitud de descrédito hacia los discursos públicos porque esperamos que tal información no transmita toda la verdad. Pensar que la verdad puede ser asesinada puede dejarnos perplejos, pero esto ha venido ocurriendo no solo a raíz de la pandemia del COVID 19, si no que ha sido desde hace algunos años una herramienta política y dialéctica para la satisfacción de nuestras creencias no justificadas, o dicho de manera más concisa, de nuestras propias mentiras[*]


Por supuesto que no existe una fórmula mágica para acabar con la era de la posverdad, pues los hechos demuestran que esta tendencia de creación de meta relatos falsos es cada vez más evidente.


En su libro How propaganda Works Jason Stanley explica que hoy existe un cierto tipo de propaganda autoritaria que amenaza con destruir la confianza de las sociedades. Así, la ciencia, la democracia y los valores quedan minados hacia un uso del lenguaje alterado, relegando la comunicación estratégica como fuente de discurso, y apelando a la búsqueda de alterar y amenizar el descontento frente a una realidad.

Para ejemplificar el fenómeno de la posveracidad y sus efectos en las sociedades, volvamos al caso de la coyuntura de la pandemia del COVID 19; alrededor del mundo numerosos gobiernos han tomado medidas impopulares como los son los confinamientos, el cierre de las ciudades, la clausura de la actividad social y comercial, llevando a la crisis económica a muchas personas. Esta situación de crisis puede ser fácilmente aprovechada por los discursos negacionistas del virus, satisfaciendo así la necesidad de una reinvención intelectual, pensando que, negando la existencia del virus, habrá un malestar generalizado en los Gobiernos que los llevará a flexibilizar las medidas y regresar a la “normalidad” de la vida económica y social. Particularmente, es curioso notar que muchos Gobiernos han utilizado esos mismos medios para masificar sus decretos y decisiones, –lo hacen mediante redes sociales como Twitter y Facebook- lo que hace vulnerables estas decisiones para alterar la realidad y “remasificarlas” mediante las noticias falsas y cadenas de WhatsApp.

¿Qué hacer frente a este fenómeno?

Por supuesto que no existe una fórmula mágica para acabar con la era de la posverdad, pues los hechos demuestran que esta tendencia de creación de meta relatos falsos es cada vez más evidente. Sin embargo, una remasterización y fortalecimiento de la comunicación estratégica, tanto de medios de divulgación y de los Gobernantes, como la formación de una opinión pública más crítica que cuente con herramientas argumentativas para ser miembros activos del debate público y científico, pueden hacer algunas medidas que se pueden gestar desde las mismas competencias ciudadanas y en los ambientes académicos. Formalizar los canales institucionales de información, la creación de medios bajo este lema debe convertirse en una máxima para pasar la página de esta era de posverdad y posveracidad que amenaza a la búsqueda de soluciones óptimas y eficientes de las problemáticas mundiales que ha traído consigo el mundo moderno.


[*] Para leer más sobre el fenómeno de las creencias, los invito a leer el artículo que escribí sobre el tema para Al Poniente : https://alponiente.com/llego-la-hora-de-desmitificar-algunas-creencias/

Esto fue escrito por

Esteban Escudero Correa

Estudiante de Ciencias Políticas y Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana. De mis gustos personales está en escribir sobre mis opiniones, argumentos y puntos de vista sobre coyuntura nacional e internacional; escribir ensayos sobre reflexiones de teoría filosófica y de interés general. Apasionado por la lectura, el arte y el teatro.

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