Opinión Selección del editor

La educación en tiempos de virtualidad y transformación digital

La transformación social, educativa, económica y tecnológica desde los territorios emerge como una posibilidad en momentos históricos cuando se habla de transformación digital, en este sentido aparecen las distopías y los imaginarios de una nueva era signada por la disyuntiva entre la inteligencia humana y la inteligencia artificial, máxime cuando asistimos a escenarios donde la humanidad ha logrado cambios importantísimos en los últimos veinte años más que los obtenidos en los trescientos años previos; sin embargo, ante este panorama surgen también algunas tendencias y preocupaciones, como el hecho de considerar que más del 70% de los empleos convencionales van a tender a desaparecer o a ser sustituidos por nuevas formas en la relación valor-trabajo.

Estas transformaciones si bien se entiende su intencionalidad en el contexto tecnológico y de empleabilidad, atañen sobre todo al entorno educativo y a los entornos de formación, en tanto se habla de un modelo de aprendizaje por fuera del aula, signado por la diáspora de herramientas tecnológicas que abundan hoy en el medio, plataformas digitales convertidas en grandes modelos de negocios articuladas a la formación: Netflix, Facebook, Amazon, Twitter, YouTube, Spotify; no solo constituyen herramientas de ocio y disfrute sino fuentes inagotables de información y conocimiento, es así como para el año 2019 se tenía en clave de perspectiva el hecho de que existieran cerca de 4,4 billones de usuarios activos en internet, un 57% del total de la población, 4 billones de usuarios conectados a través de dispositivos móviles, equivalente a un 52% de la población mundial. De igual forma, aparecen los grandes, veloces y variados volúmenes de información; para el año 2019 en un solo minuto en internet se podían contar: +1 millón de ingresos a Facebook, 18.1 millones de mensajes de textos enviados, 4.5 millones de videos vistos en YouTube, 390.030 apps descargadas, 347.222 visualizaciones en Instagram, 87.500 personas twitteando, 1.4 millones de búsquedas en tinder, 188 millones de emails enviados, 41.6 millones de mensajes de texto enviados en Messenger y Wathsapp, 694.444 horas de visualización en Netflix y 3.8  millones de búsquedas en Google. Los últimos treinta años han marcado una tendencia creciente exponencial no solo a nivel de plataformas de solo lectura en la Web, sino también de lectura y escritura y de redes sociales.

Lo anterior, ha significado que hoy existan más usuarios conectados a las plataformas virtuales de aprendizaje que todo el universo presencial de las instituciones formales, con más de 30 millones de usuarios en cerca de 250 plataformas tipo Open edX.

Pero no solo es el caso de la accesibilidad y la generación de información lo que nos plantea nuevos retos en los entornos de transformación social, humana, económica y educativa; los retos también se circunscriben en los nuevos imaginarios de titulación y empleabilidad. Para el año 2019, las ofertas de empleabilidad según los niveles educativos y el número de aplicaciones realizadas fue la siguiente: para títulos universitarios existía una oferta de 30.293 vacantes para un total de 4.429.421 aplicaciones lo que constituye un 0,68% y a nivel de especialización fue de 5.071 vacantes para un total de 959.188 aplicaciones equivalente al 0.53%, mientras que para los niveles básicos de la pirámide de formación, como es el caso de quienes no tienen nivel formativo fue de 79.775 vacantes para 1.068.700 aplicaciones lo que constituye un 7.46% y a nivel de básica primaria (1 a 5) fue de 381 vacantes para 8.840 vacantes equivalente a 4.31%; llama la atención que para la formación técnica profesional, técnico laboral y tecnológica la relación es cercana al 1 y al 1.2% lo que equivale a decir que por cada 1.000 vacantes hay cerca de 100.000 aplicaciones, mientras que para la educación superior por cada 1.000 vacantes hay entre 150.000 y 200.000 aplicaciones y para la formación básica por cada 1.000 vacantes hay 10.000 aplicaciones. Esto quiere decir que a mayor crecimiento en los niveles de formación menos oportunidades de empleabilidad. Esto representa un reto importante para los programas formativos, pues en su configuración deben responder a necesidades de empleabilidad con perfiles definidos de manera específica para la región donde se imparten; de allí la importancia de articular adecuadamente los ciclos de formación regionales.

Es que adicional a la escasez de talento en el mundo de la trasformación digital, surgen conceptos como learnability o la capacidad de adquirir y aprender permanentemente cosas nuevas que emergen como imaginarios necesarios y suficientes para el mundo educativo y los entornos de empleabilidad; esto sumado al hecho de que el crecimiento económico sostenido a nivel exponencial del llamado club de los 500 billones donde se sitúan compañías como: Google, Apple, Amazon. Microsoft, Facebook y Ali-baba marca una tendencia en la tipología del nivel del empleo para las futuras generaciones. Estas seis compañías se sitúan en el ranquin de las 10 firmas mejor valoradas a nivel mundial y su infraestructura es netamente tecnológica; razón más para creer que hoy el país asiste a una escasez y un déficit de cerca de 98.000 profesionales TIC para afrontar este entorno de competitividad global, sumado al hecho de que la formación universitaria de gran nivel está acompañada por un alto nivel de empleabilidad, de esta forma para el año 2019 las 10 más importantes universidades en el mundo se ubicaban entre las 10 con mayor nivel de empleabilidad de sus egresados, razón más para creer que una educada, pertinente y excelente formación de calidad viene siempre de la mano de una mayor oportunidad laboral; sin desconocer un contexto de incertidumbre y volatilidad permanente donde los emprendimientos disruptivos son la base de la nueva y floreciente economía digital, donde las ideas se materializan en negocio y facturación y la era de la hiperdigitalización y la hiperconectividad se fundamentan como motores del desarrollo.

Finalmente, el escenario anterior para Colombia plantea retos singulares, el documento Conpes 3975 del 8 de Diciembre de 2109 plantea la Política nacional para la transformación digital e inteligencia artificial con un presupuesto asignado de 121.619 millones de pesos, en un contexto donde Colombia se ubica para el año 2019 en el puesto 58 dentro de un grupo de 63 países donde se mide el índice de competitividad digital en clave de la capacidad de una economía para adoptar y explotar tecnologías digitales que transforme gobierno, negocios y permitan crear valor a futuro, en los últimos 5 años el país ha descendido 9 posiciones pasando de 49 en el 2014 a 58 en el 2019 y si esto se compara con el índice del desarrollo digital en términos de gobierno electrónico donde para el año 2010 el país se encontraba en el puesto 31 al puesto 61 en 2018 y en América pasando del 3 al 9, explica la falta de una política pública que armonice los ejercicios de productividad y competitividad regional con las apuestas disruptivas en el escenario de la transformación digital, lo cual también se ve matizado por las barreras y desafíos que hoy enfrentan las industria para logra una transformación digital exitosa como son la falta de cultura con un 74,1%, el desconocimiento con un 61,6%, el presupuesto con un 56,3% y la falta de mentalidad con un 50,9%, por debajo del 50% se ubican la falta de un modelo de negocio claro, la falta de liderazgo y la falta de capital humano. Lo cual configura un escenario para crear, construir y transformar en clave de lo digital no solo las capacidades y habilidades humanas que estos retos de futuro demandan sino las apuestas económicas, industriales y organizacionales que se requieren.

En conclusión, la búsqueda por una propuesta de transformación educativa que se articule con lo anterior pasa por una nueva propuesta curricular que logre nuevos ecosistemas de formación, en lo que se ha denominado los Smart Learning o aprendizajes inteligentes, una especie de AprenDa 4.0 (Aprendizaje 4.0) un modelo de aprendizaje orientado a la formación de profesionales 4.0, el cual busca desarrollar relaciones estructurantes para entornos de aprendizaje en contextos formativos y de aprendizaje colaborativo en el marco de las denominadas Smart University, una apuesta desde la pedagogía, la ciencia y la tecnología por articular lo formativo al desarrollo económico y social.

Esto fue escrito por

Javier Darío Fernández Ledesma

Ingeniero industrial, especialista en sistemas, magíster en ingeniería y doctor en ingeniería electrónica. Con más de 20 de años de experiencia docente en educación superior y consultoría. Actualmente investigador senior de Colciencias.

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