Opinión Selección del editor

La cuarta revolución industrial y los retos educativos

A propósito de la publicación de mi más reciente libro: “¿Industria 4.0: Transformación digital o cuarta revolución industrial? Mito, realidad o crisis del concepto” quisiera compartir algunas reflexiones generales que resumen la intención del mismo en clave de lo educativo.

La cuarta revolución industrial como mito o realidad pasa por lo que Heráclito en su momento sentenciaba: “Todo cambia, nada es” y es que todo cambio deberá materializarse y situarse en un contexto, si se quiere, y ese contexto para que sea transformador, deberá ser lo educativo, que atraviesa lo que Marcuse denominaba “la realización humana libre” y que se da por sustitución y no por verificación y falsación como lo plantea Kuhn; es decir, es revolución en tanto en cuanto, transforma no solo lo tecnológico, sino también lo social, lo económico, lo educativo y lo humano, transforma el modo de vida de las sociedades, si se quiere, aquí y ahora.

La cuarta revolución industrial ha permitido que la humanidad cambie en los últimos 20 años, tanto o más que lo que había cambiado en los 300 años anteriores y no solamente y exclusivamente por los grandes, veloces y variados volúmenes de información que hoy nos cohabitan sino por las grandes transformaciones en términos de interrelaciones que hoy nos permiten definirnos como sociedad.

Medellín ha hecho una gran apuesta como Centro de la Cuarta Revolución Industrial, pionera en la región, sin embargo, la pregunta que subyace necesariamente es ¿para dónde vamos y qué queremos? Y es una apuesta a futuro por reinventar el modelo de sociedad que nos es posible y permisible pensarnos y construirnos.

Y es en ese mundo de lo tecnológico donde han gravitado los imaginarios de sociedad, bien sea en modo de digitalización de la cadena de valor de la producción o en modo de la digitalización de los modelos de negocios que hoy emergen, subyacen entonces dos categorías fundamentales para explicar el concepto de la cuarta revolución industrial: la conectividad y la digitalización; y en esto aún hay retos y brechas por cerrar no solo en términos de infraestructura sino de modelo, el modelo de conectividad para la ciudad, para la región y para el país y el modelo de digitalización que explique la relación con la materialización de lo que hacemos.

En este orden de ideas, la transformación digital o cuarta revolución industrial como la aplicación de tecnologías digitales a todos los eslabones no solo productivos sino también en el contexto de las relaciones sociales implica la interconexión de manera transversal de todo con todo y de todos con todos; internet de la cosas, sistemas ciberfísicos, bigdata, blockchain, tecnologías avanzadas para el almacenamiento energético, micro satélites, neurotecnologías, impresión aditiva o 3D, biología sintética o nano materiales, emergen como categorías tecnológicas para explicar el nivel de desarrollo de la cuarta revolución industrial, que de la mano de las tres revoluciones industriales previas ha enmarcado un proceso histórico de desarrollo de las complejidades, desde la máquina de vapor, pasando por la electricidad y luego por la electrónica y los sistemas de cómputo hasta los sistemas que relacionan el mundo físico con el virtual.

Ahora bien, este contexto de transformación digital o cuarta revolución industrial nos debe de llevar a pensar cómo los nuevos campos de la ciencia y la sociedad vienen tratando de explicar el mundo de hoy a partir de los comportamientos micro e individuales, de lo nano y lo local, de lo unipersonal y lo simple, es decir, nos aboca a pensar en una nueva era científica que emana tanto de la cotidianidad como de las formas simples de un universo en constante crecimiento y expansión y es allí donde lo educativo emerge bien como pregunta o bien como propuesta.

Como pregunta porque nos ayuda a entender y comprender una nueva realidad mediada por: las posibilidades científicas y tecnológicas emergentes, la construcción de un orden económico y político mundial diferente y la convergencia tecnológica y la descentralización de los medios de producción como factores dinamizadores del desarrollo, que se caracteriza entre otras por el ascenso de configuraciones en red, las crecientes catástrofes “sociales” y “naturales”, la formación de bloques económicos regionales y sub-regionales, la lucha por el desarrollo sostenible y el surgimiento de iniciativas y dinámicas que privilegian el desarrollo local.

Pero también en lo científico porque trata de explicar la reestructuración de las actividades productivas y las reconfiguraciones de los sistemas de ciencia y tecnología, las cada vez más crecientes revoluciones tecnológicas emergentes en la agricultura y la industria, pero también la disminución de las inversiones públicas para el desarrollo científico y tecnológico y el aumento de la importancia del sector privado en la financiación de la investigación y la preocupación manifiesta por armonizar la productividad y la competitividad con la sostenibilidad ambiental, la equidad, la soberanía alimentaria, y la reducción de la pobreza. Sin embargo, y pese a que se habla de cómo la nueva riqueza de las naciones está en el conocimiento, sigue existiendo una ignorancia científica ante los embates modernos.

Y en lo tecnológico en tanto, asistimos a un contexto donde estamos globalmente interconectados, pero localmente fragmentados y disímiles, con una cada vez más clara separación entre la ciencia y la técnica y con nuevas formas de Producción-Circulación-Consumo: Desarrollo-Manufactura-Comercialización.

Lo educativo emerge entonces en este contexto de lo social, lo científico y lo tecnológico en medio de un nuevo contexto evolutivo de las relaciones sociales, un nuevo aparataje administrativo, jurídico y organizacional y un nuevo contexto en la praxis de las relaciones en el aula.

No obstante, el reto para lo educativo sigue siendo: el pensar e imaginar nuevos entornos de formación, es decir, una apuesta por los aprendizajes por fuera del aula, en un contexto donde hoy existen más usuarios conectados a las plataformas virtuales de aprendizaje que todo el universo presencial de las instituciones formales, con más de 30 millones de usuarios en más de 250 plataformas tipo Open edX; nuevos imaginarios en la relación titulaciones vs empleabilidad, que se explican ante la emergencia de emprendimientos disruptivos como base de la economía digital, con apuestas que van de la idea al negocio y con la Hiperdigitalización y la Hiperconectividad como motores del desarrollo y finalmente, el desarrollo de nuevos modelos de investigación e innovación en función de una nueva economía, donde emergen focos como: las personas y el Internet: “Presencia Digital”, la computación, las comunicaciones y el almacenamiento en cualquier lugar, el internet de las cosas, la inteligencia artificial (AI) y el Big data, la economía compartida y distribuida y la digitalización de la materia: Impresión 3D, según lo plantea el Foro Económico Mundial.

Medellín tiene hoy un gran reto en asumir el liderazgo de otrora para definir y llevar a cabo las transformaciones estructurales que se requieren, empezando por una transformación educativa que parta de pensarnos entre todos los actores el Modelo educativo que queremos y podemos, de cara a una sociedad y una economía del conocimiento donde la calidad de la educación desde la primera infancia y todo el ciclo de la básica y la media técnica articulada a la Educación superior, fortalezcan el concepto de educación como derecho asegurando el acceso de todos al sistema educativo; hoy los esfuerzos institucionales en Colombia y en Medellín se han centrado en garantizar cobertura en detrimento de la calidad, esta realidad se acaba de evidenciar con los resultados de las pruebas PISA, en los que Colombia queda rankeado en el puesto 58 de 76 países, mostrando pobres resultados en ciencias, matemáticas y comprensión lectora. En el caso particular de Medellín las pruebas saber 11 muestran un descenso en el nivel de los estudiantes de las instituciones educativas oficiales, urge entonces dar un viraje al foco más en clave de calidad sin perder lo logrado hasta ahora en cobertura, que aún resulta insuficiente; pero también en cerrar la brecha entre la educación pública y la privada, en mejorar las condiciones materiales para la práctica pedagógica del maestro como centro articulador de la práctica educativa y de las transformaciones en el aula con mediaciones activas, que nos permitan mejorar en los resultados en pruebas nacionales e internacionales pero sobretodo en los procesos, que dinamice las interrelaciones entre los niveles educativos y sobretodo que genere un proyecto de vida para los jóvenes que hoy no tienen opciones de futuro cuando deben de pasar de la media a la educación superior; y el cierre de brechas implica no solamente lo sectorial, sino entre niveles y sobretodo entre generaciones a las que hoy hay que brindarles oportunidades para cerrar las brechas de futuro.