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¡La ciencia al poder!

Así como la humanidad ha concebido el derecho y en la economía los pilares fundamentales para el sostenimiento de las instituciones políticas, es hora de darle la misma trascendencia a la ciencia como motor significativo para progreso de nuestra especie y de nuestro mundo de hoy.

Así como la humanidad ha concebido el derecho y en la economía los pilares fundamentales para el sostenimiento de las instituciones políticas, es hora de darle la misma trascendencia a la ciencia como motor significativo para progreso de nuestra especie y de nuestro mundo de hoy.

Control de enfermedades, nuevos desarrollos tecnológicos, diagnóstico de desigualdad y pobreza, desarrollo farmacéutico, nuevos enfoques de combustible alternativo, esto y muchos estos logros serían posibles gracias a una divulgación y financiamiento a la ciencia; más aún cuando vivimos en una nueva era en donde la dependencia de unos cuantos países, que capitalizan el desarrollo científico global, son quienes hoy propician los grandes logros de la humanidad y, los países en vías de desarrollo, se quedan estancados al margen de los éxitos obtenidos en temas trascendentales para la humanidad, a la sombra de las grandes potencias que concentran una gran cantidad de centros de investigación y destinan grandes cantidades de dinero a la ciencia.

Solo para dar unas cifras concretas, según el Banco Mundial, Estados Unidos destinó más del 2,7% de su PIB para Gasto en investigación y desarrollo; en contraste, según números de la misma entidad, Colombia aseguró un poco más de 0,2% para la investigación científica. Esta controvertida diferencia tiene que ser motivo de gran preocupación en las altas esferas del poder, pues palabras más, palabras menos a un país como Colombia, la ciencia está casi totalmente relegada.

¿La solución? Voluntad política. En el primer trimestre del año, un comité integrado por el Departamento Nacional de Planeación y el Ministerio de Hacienda se reúnen a hacer las proyecciones presupuestales para el año siguiente. Defensa es el sector que cuenta con un inescrupuloso porcentaje de destinación, mientras la ciencia y la cultura, quedan sumamente marginados a las cuentas residuales de las cuentas del Estado colombiano como si en realidad, su mera existencia queda miniaturizada a una cifra que no alcanza el 1%.

Sin embargo, la ciencia al poder va más allá de una cuestión meramente presupuestal. Es menester del fortalecimiento de los centros de investigación existentes en las universidades del país que, si bien han logrado significativos avances en cuanto producción de artículos y los dispositivos patentados han logrado encontrar alguna mención en los rankings globales, seguimos quedándonos empeñados en ser uno de los países del mundo –sin contar que somos el país de la OCDE que menos producción científica y patentes tiene- que menos producción investigativa y tecnológica posee. Además del avance con el que se cuenta de la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, se hace de trascendental, la incursión en el emprendimiento privado de la industria científica y tecnológica ‘made in Colombia’ que cubra parte de la oferta de medicamentos, equipos robotizados y automatizados, la industria de equipamiento automotriz, desarrollo de software y aplicaciones, nuevas empresas del sector energía que innoven en nuevas alternativas de combustibles al diésel y a los derivados del petróleo.

La voluntad de sacar a Colombia de la rusticidad científica e investigativa deber ser producto de una transformación sustancial de la educación primaria, secundaria, media y superior, acompañada de una mayor financiación (puede ser pública, privada y/o mixta) que logre coordinar las grandes mentes de nuestro país. Según cifras de Colciencias, hasta hoy, cuenta con más de 12.500 investigadores inscritos, de los cuales un poco más del 32% son en Ciencias Sociales, 19% son de Ciencias Naturales y de Ingeniería y Tecnología, 17% pertenece a las Ciencias de la Salud, 8% son de humanidades y el 5% pertenece a otras áreas del conocimiento.

Estas cifras, entre muchas cosas, sugieren la apremiante necesidad de exaltar la labor del investigador. En tiempos de pandemia, incluso, nuestro país cuenta con centros científicos que, gracias a una aplaudida labor, que son importantísimos para la fabricación de ventiladores, elaboración de pruebas; es importante reconocer que no contamos con el capital para el desarrollo de una vacuna. Por eso, para nuestro caso, tendremos que quedar expectantes a que países con acervo científico e investigativo desarrolle una vacuna, luego de pasado de un tiempo que hayan sido comercializados en sus países para comercializarlo a los otros a increíbles costos. ¿No sería más rentable convertir a nuestro país en potencia científica al mediano o largo plazo?

Esto fue escrito por

Esteban Escudero Correa

Estudiante de Ciencias Políticas y Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana. De mis gustos personales está en escribir sobre mis opiniones, argumentos y puntos de vista sobre coyuntura nacional e internacional; escribir ensayos sobre reflexiones de teoría filosófica y de interés general. Apasionado por la lectura, el arte y el teatro.

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