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Justicia sanitaria: un nuevo debate global

Para hacerle frente a nuevas pandemias y problemas de salud global es imperativo que los países en vía de desarrollo empiecen a invertir un porcentaje superior al 5% del PIB en investigación científica y emprender, con la empresa privada, en proyectos de desarrollo de biológicos para evitar la dependencia de acceso a las vacunas de otros países que si tienen capacidad de desarrollo.


El hecho de que la Organización Mundial de la Salud haya declarado al COVID 19 como un problema sanitario a escala global y la haya declarado como pandemia, trajo inminentemente consigo un nuevo debate dentro de las Relaciones Internacionales y el rol de agentes como las farmacéuticas, los organismos multilaterales para tratar hacer frente a esta amenaza biológica que puso en jaque, no solo al sistema económico mundial, sino también saco a florecer las innumerables desigualdades entre los países denominados “de primer mundo” y los “en vía de desarrollo”. Este debate versa sobre dos aspectos: la capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios de los Estados y la capacidad de producción e investigación por parte de los Estados y otros agentes como las farmacéuticas para la producción de inmunizadores biológicos para el nuevo Coronavirus.

Inmediatamente, el virus empezaba a cobra vidas, primero en China, luego en Europa y posteriormente en América Latina, los sistemas de salud a nivel mundial empezaron a sufrir una presión sin precedente reciente. Aquí fue donde se presentó el primer objeto de debate: ¿qué tan preparados estaban los países alrededor del mundo para recibir los casos positivos que requerían servicios de salud? Según cifras del Instituto John Hopkins y los primeros datos que la Organización de la Salud, ningún país estuvo preparado en primera instancia para aguantar la presión del sistema hospitalario, ni siquiera aquellos países como España e Italia,  que según reportes oficiales tuvo la primera ola con más número de fallecidos por millón de habitantes, cifra que puso a pensar al mundo entero sobre cuales iban a ser las repercusiones de dicho virus en otras latitudes, desconociendo para esa época, las propiedades epidemiológicas del SARS-COV 2  y su efecto en la salud en el cuerpo humano.

Aproximadamente, dos semanas de la declaración de la pandemia, países como Rusia, Reino Unido, Estados Unidos y China (epicentro de la pandemia) emprendieron arduas labores para entender las propiedades epidemiológicas del virus y paralelamente, como medida preventiva, el mundo empezaba a parar su producción: el comercio exterior se detuvo, las grandes, medianas y  empresas alrededor del mundo empezaron a cerrar y los Gobiernos, escandalizados, entraron en un frenesí descontrolado de Gasto Público: primero para subsidiar a los habitantes de sus países, segundo para robustecer el sistema sanitario y tercero, para empezar a buscar a toda prisa una posible salida a la previsible e inminente crisis económica que se avecinaba.

Las medidas de choque asumidas por los países fueron, por obvias razones, desiguales: los países en desarrollo, tratando de fortalecer los débiles sistemas sanitarios, optó por implementar cuarentenas totales en sus Estados. El gasto público y la asistencia estatal mediante subsidios se convirtieron en la medida protagónica. Simultáneamente, las grandes economías empezaron una carrera sin precedentes recientes a invertir dineros en la investigación, en alianza con las grandes farmacéuticas, para buscar un biológico de emergencia para contrarrestar el virus y volver a soñar con la reapertura económica. Si bien, los países desarrollados tenían caja suficiente para asistir a su población, los países en vía de desarrollo recurrieron a préstamos y adquirieron nuevas deudas a frente a los bancos internacionales para hacerle choque al estancamiento productivo de los países.

Además, de la cuestión económica, hay un factor desventaja de los países en vía de desarrollo frente a los países desarrollados: su inversión en capital científico e innovación. Según cifras del Banco Mundial, América Latina no invierte ni el 3% de su PIB regional en investigación científica. Colombia, Perú, Ecuador y Centroamérica no tiene ni siquiera una inversión del 2% en investigación científica, además de que en América Latina no hay una industria farmacéutica que puedan producir biológicos a gran escala, como si lo tienen Estados Unidos (p.e. Laboratorios Pfizer, Bion-Tech y Janssen) y otros países desarrollados. Fueron precisamente esos países desarrollados, quienes invierten una cantidad significativa del PIB en investigación científica, además de contar con condiciones para la creación de empresas privadas que posibilitan dichas investigaciones y hoy tienen el mercado de fármacos para abastecer de biológicos a todos los países del mundo. Tanto así, que los países en vía de desarrollo hoy tuvieron que adquirir deudas con dichos países y bancos internacionales para pagar los biológicos. Esto tiene las repercusiones de lo que estamos viviendo hoy en día: mientras Europa, EE. UU y Asia, ya vuelven a una relativa normalidad con un vertiginoso plan de inmunización, la Organización Panamericana de Salud alerta sobre el lento proceso de inmunización de América Latina y el incremento vertiginoso de las muertes y los nuevos casos a nivel continental que hoy vivimos, aun cuando mecanismos de cooperación internacional como COVAX han ayudado un poco a solventar dicha desigualdad. Sin embargo, es lógico que esa iniciativa no es del todo óptima y no ataca el proyecto de raíz.

La pregunta ¿qué podemos hacer los países en vía de desarrollo para evitar esta dependencia? Es lógico que el problema es estructural. Los países latinoamericanos son malos administradores de su dinero, pues no escatiman en el gasto público y dejan muy poco para el ahorro y la inversión. Es imperativo, entonces, que se creen las condiciones necesarias para que los Estados creen terreno fértil para la creación de empresas farmacéuticas en los países, además de que las universidades fortalezcan la formación del talento humano en materia científica para generar producción investigativa a gran escala y hacer las inversiones en materia prima para insumos de investigación. Además, para hacerle frente a nuevas pandemias y problemas de salud global es imperativo que los países en vía de desarrollo empiecen a invertir un porcentaje superior al 5% del PIB en investigación científica y emprender, con la empresa privada, en proyectos de desarrollo de biológicos para evitar la dependencia de acceso a las vacunas de otros países que si tienen capacidad de desarrollo.

Estoy convencido de que la pandemia del COVID 19 no será la última, es por eso que creo necesario poner a debate este nuevo escenario global. ¿Qué tan preparados estamos para nuevas pandemias o epidemias? ¿Los países en vía de desarrollo se sentirán comprometidos a fortalecer y aumentar la inversión en ciencia e investigación para estar preparados para producir antídotos y agentes inmunizantes? Ahí les dejo la reflexión.

Esto fue escrito por

Esteban Escudero Correa

Escribiendo para hacer democracia. Físico apasionado por temas de divulgación, filosofía y literatura.

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