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“Hay una mentalidad cierta de que la propiedad rural, la gran propiedad, no es totalmente legal.” Entrevista a Catherine LeGrand.

Catherine C. LeGrand es colombianista, referente académico indiscutible en historia agraria colombiana y profesora desde hace décadas de McGill University en Montreal, Canadá. La autora del clásico libro Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950) publicado por primera vez en 1988 y luego reeditado por las universidades Los Andes y Nacional de la mano del CINEP, a finales del mes de mayo estuvo en la Universidad del Magdalena dictando la conferencia Vivir la zona bananera de la United Fruit Company: perspectivas sociales y culturales desde Santa Marta y Ciénaga (1900-1940). Sus planteamientos sobre la cuestión rural en Colombia todavía gozan de especial vigencia. 

Alan Gutiérrez: Usted llegó a Colombia en la década de los 70, época en la que estaban sucediendo acontecimientos trascendentales en la historia nacional: el ocaso del Frente Nacional, el Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala, la bonanza marimbera (que fue la antesala del negocio de la coca), entre otras cosas. ¿Cómo era la Colombia rural de aquel entonces?

 

Catherine LeGrand: Bueno, yo no sabía mucho de mucho en esa época pero era bastante pacífico, ¿no? En el sentido en el que uno podía tomar un bus a cualquier parte del país sin problemas, sin grandes problemas de seguridad. Entonces yo tomaba un bus desde Bogotá hasta Líbano, Tolima. O [por ejemplo] una vez fui hasta el Llano en bus, hasta un poco lejos. Y sí, fui una vez en avión a Cali, después tomé el bus hasta Ecuador. Entonces eso después no fue posible, porque uno tenía la impresión de que Colombia estaba entre la primera y la segunda violencia. Entonces, por supuesto, ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos) muy activa en estos años pero yo estaba menos consciente de eso, no estaba estudiando la ANUC y…

 

A.G.: De las luchas agrarias que se adelantaban en la época…

 

C.L.: Sí, de las luchas agrarias. Y como había muchas luchas agrarias en la Costa Atlántica, en la Costa del Caribe, pero yo en ese momento estaba viviendo en Bogotá más que todo.

 

A.G.: Profesora LeGrand, según sus investigaciones, entre 1850 y 1930 miles de hectáreas de tierras públicas fueron ocupadas y dividas en propiedades privadas. Esto sucedió a razón de favorecer la producción agrícola para exportación, la cual en su mayoría era economía de plantación (caso United Fruit Company en el Magdalena). ¿Esto cómo agravó o agudizó el conflicto agrario en Colombia?

 

C.L.: Bueno, lo que encontré es que había mucha expropiación hacia colonos de parte de grandes empresarios (agrícolas) que querían establecer o precisar grandes propiedades en las zonas templadas y calientes de baldíos. Y esta gente eran empresarios tratando de ganar plata por la exportación del café, del banano, o lo que sea (sic.). Entonces eran gente, bueno, empresarial, y por allá en los años veinte y treinta, habían algunas leyes y algunas decisiones oficiales que favorecían a los campesinos porque el gobierno dijo que mucho de las grandes propiedades no estaban bien aterrizados (sic.), entonces necesitamos productos agrarios para dar de comer a las ciudades que están creciendo y son los campesinos los que producen el pancoger que come la gente en los mercados regionales y nacionales. Los campesinos sabían de estas leyes y ellos empezaron a tratar de implementarlas antes de que el gobierno lo implementara, entonces eso produjo conflictos agrarios. Los campesinos decían: “vamos a reocupar terrenos que fueron expropiados antes por individuos”. Entonces los “grandes” decían: “esos son invasiones de propiedad privada”, pero los campesinos decían “esos son recuperaciones de terrenos baldíos para la nación”.

 

A.G.: ¿Cree usted que en la historia agraria del país es una tendencia de que campesinos -a razón de despojos y alta concentración de la propiedad rural- terminen siendo asalariados o arrendatarios? 

 

C.L.: Sí. Bueno, cuando yo hice mi estudio en los años 70 yo pensé eso, que había migración de campesinos hacia zonas de posible producción comercial. Primero de subsistencia pero después comercial. Pero que fueron cortados (sic.) en un sentido por la expansión de la gran propiedad y la usurpación de baldíos, y entonces tenían que firmar contratos de arrendamiento o irse para lugares más lejos sin carreteras, sin modos de comercializar sus productos. Pero alguien me dijo, creo que fue Fabio Zambrano, que en un sentido en Colombia los grandes propietarios nunca captaron totalmente a los peones o a los campesinos, entonces siempre había flujos de campesinos colonos hacia otras fronteras y que ellos se decían “soy independiente, voy a asentarme acá a producir”. Entonces sí había tendencia a expropiarlos pero había mucha gente que no fueron expropiados pero que tuvieron que irse a otro lugar. Entonces hay una tradición de campesinos independientes y de campesinos que piensan que la propiedad privada no ha sido consolidada legítimamente. Hay una mentalidad bastante cierta de que la propiedad (rural), la gran propiedad no es totalmente legal. 

 

A.G.: Usted escribió un ensayo titulado Campesinos y asalariados en la zona bananera de Santa Marta (1930-1935), el cual bien puede resumirse en tres aspectos fundamentales: enclaves bananeros, confusión sobre derechos de propiedad rural (tierras públicas Vs terrenos privados) y crisis económica del banano. ¿Cómo podemos enmarcar los conflictos agrarios tanto en el Magdalena como en Colombia entre 1920 y 1930? 

 

C.L.: Habían dos tipos de conflictos agrarios en ese momento. El primer conflicto fue el la huelga del 28. Estoy hablando de la zona bananera. Entonces ese fue un conflicto de los obreros bananeros contra la United Fruit Company –UFC- pidiendo que ellos reconozcan la legislación obrera porque había una nueva que daba ciertos derechos a los obreros del campo y de la ciudad. Y la UFC no reconoció estas leyes porque decía que no tenía obreros como dice García Márquez, porque utilizaba contratistas colombianos para contratar a los obreros. Pero en esta huelga que duró más de un mes, los obreros bananeros tuvieron el apoyo de algunos grandes productores de banano nacionales, de comerciantes de la zona y de campesinos de la zona, y entonces la huelga nunca hubiera podido durar todo este tiempo sin el apoyo que daba todo el mundo. Y entonces por allá en el 29,30, cuando llegó la Gran Depresión mundial, la UFC paró de exportar tanto banano y dejó algunos de sus campos sin producir, entonces mucha gente, colonos, empezaban a invadir las haciendas de la UFC, las plantaciones. Y algunos de ellos eran verdaderos campesinos, otros eran trabajadores del banano ya desempleados pero que sabían que las propiedades de la UFC no habían sido consolidadas legítimamente, entonces decían “esta es tierra baldía. La United Fruit Company debe dejarnos sentarnos allá a producir cultivos para comer”. Entonces en varias partes del país vemos tales recuperaciones de tierras de campesinos y eso es muy fuerte en la zona bananera al mismo tiempo. Pero en Cundinamarca también hay de eso, en Valle del Cauca, en varias zonas del país. 

 

A.G.: En el Magdalena ha existido otro fenómeno constante: la monopolización del poder político por parte de familias latifundistas. ¿Cómo considera que se configuran o se expresan las relaciones de poder a través de la tenencia de la tierra?

 

C.L.: Interesante. Sí, eso se debe estudiar más porque no sabemos bastante (sic.), no se ha investigado muy bien cómo funciona la política aquí (en Magdalena). Se sabe, bueno, mucha gente sabe pero de realmente escribir sobre eso no se ha hecho tanto. Parece que algunas familias de antecedencia colonial que todavía tienen bastante poder político pero también poder económico y eso incluye tierras y otras inversiones. Ellos tenían sus haciendas antes del banano, entraron a producir banano en los años diez, veinte, treinta del siglo pasado, tal vez entraron en la palma después. Bueno, son empresarios inteligentes. De lo que me dicen es que varias otras familias (sic.) que han entrado en la zona. Entonces sería interesante ver la diversificación de las inversiones con el boom marimbero, con el boom de la coca. Hay una diversificación interesantísima de inversiones y de clanes, pero también hay “nueva sangre” y de dónde vienen y cómo logran asentarse acá, cómo logran entrar en estas redes. Es muy interesante. 

 

A.G.: Por último, uno de los puntos de los Acuerdos de La Habana (reforma rural integral) firmado entre la antigua guerrilla de las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos, busca resarcir los daños provocados por el conflicto armado en la Colombia rural. Sin embargo, a criterio de muchos ello no representa ni siquiera una incipiente reforma agraria, asunto necesario para democratizar la propiedad rural en el país. ¿Esto qué opinión le merece?

 

C.L.: Me parece interesante porque las FARC, que siempre habían dicho que querían reforma agraria, dentro de la negociación dijeron “ok, no vamos a hacer reforma agraria”, en el sentido de redistribuir la propiedad. Ellos fueron bastante moderados en lo que lograron y aceptaron, pero la reforma integral quiere establecer precisamente dónde están los linderos de las propiedades legales, por eso necesitamos censo agrario que ya hay pero catastro agrario que no se está haciendo. Y es posible de que varios grandes propietarios tengan que devolver tierras que fueron indebidamente, ilegalmente integradas en sus propiedades. Tierras baldías expropiadas de campesinos. Yo creo que Fedegan (Federación Colombiana de Ganaderos) y otros gremios están totalmente en contra de eso, entonces no se han hecho avances en precisar los linderos de las propiedades (rurales). Sí, se puede tal vez construir escuelas, clínicas, carreteras y espero que eso se pueda hacer, pero no se sabe tanto de cuánta inversión vaya a haber. La mitad de los campesinos colombianos no tienen títulos. Son colonos, no tienen títulos en sus pequeñas propiedades. Y de lo que he visto no se ha hecho mucho para conseguir esto. Entonces, sí, reforma integral rural no se está haciendo debidamente. 

 

Entrevista realizada por: Alan Gutiérrez

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