Genealogía de la indisciplina social Parte II. Los Miserables (1862)

La verdadera división humana es ésta: los luminosos y los tenebrosos. Disminuir el número de los tenebrosos, aumentar el número de los luminosos: he ahí el objetivo. Por eso exclamamos ¡Enseñanza! ¡Ciencia! Aprender a leer es encender el fuego, toda sílaba deletreada echa chispas.

Víctor Hugo. Los miserable. Libro IV., VII. I


Para los lectores hay una memoria que dejan las grandes novelas: la tensión entre los buenos y los malos, la lucha metafísica entre el bien y el mal personificada en caracteres de ficción y que dibujan los rasgos esenciales de un archienemigo, un héroe o un antihéroe. Este es un conflicto que encarnan dos personajes de la emblemática novela de Víctor Hugo, Los Miserables.

Se trata pues del antagonismo que se presenta entre el policía Javert y el ladrón Jean Valjen. Queremos explorar en las siguientes líneas cómo se presenta esta genealogía tan particular que caracteriza al indisciplinado social y que en la novela que involucramos para su reflexión, se representa en el contraste que se da entre un ladrón y un policía. No podemos negar que, en la novela de Víctor Hugo, el indisciplinado social está personificado en la figura de Valjean, un héroe descrito por su fuerza física descomunal. Sin embargo, hay indisciplinados sociales que tienen conciencia y otros que no. Y en la tipología de estos caracteres, podemos identificar las antípodas entre un Jean Valjean y un Thénardier.

No podemos negar el contexto histórico en el que se enmarca la historia, y que trata justamente de una sociedad experimentando altos niveles de opresión, previo al estallido de la revolución en el año de 1789. Podemos decir que se trata de un periodo de la historia del capitalismo en occidente dominada por el lujo de la alta sociedad, mientras que los pobres, artesanos, comerciantes, estudiantes y otras rarezas del lumpenproletariado francés engrosaban una masa amorfa, con hambre y apartada de cualquier forma vinculante que reconociera su existencia en algún tipo de poder político y estatal. En la novela de Víctor Hugo se recrea de forma diciente cómo la lucha histórica entre ciudadanos y burgueses se trenza en un conflicto acerca del drama histórico entre poseedores y excluidos.

Así las cosas, Jean Valjean hace parte del amplio grupo de los marginados de la historia, es decir, de los miserables. Javert, en cambio, defiende los intereses del establecimiento; él representa la fuerza coercitiva que sabe del uso legítimo de la fuerza, un ideario de estado donde la persecución, la criminalización y la perpetuación de una violencia mediada por la autoridad y el poder del Estado, la cual se hace visible a través de la gendarmería, asume toda una gesta de captura al impostor quien es el verdadero enemigo del orden social.

Sin embargo, hay que destacar el aspecto camaleónico que reviste a Valjean. En efecto, uno de los talantes sobresalientes de este infractor social, es su gran capacidad mimética para camuflarse y escapar de la persecución declarada por el policía. Es en su mímesis, donde se identifica la muestra de una resistencia a la persecución y el sacrificio que busca Javert, quien se ve a sí mismo como el verdugo y justiciero del estado.

Inicialmente figura como un próspero industrial llamado Monsieur Madeleine y que llega ser alcalde de Montreuil-surmer y en París se disfraza de rentista bajo el aspecto de un tal Monsieur Leblanc. Este detalle de la historia, alusiva a los cambios de los nombres de Valjean, es una de las formas que tienen los infractores sociales para escapar de la condena que le ha declarado el Estado francés. Para el Estado el ser humano deja de ser una persona individual con nombre propio y se convierte en un número. Este proceso de estandarización lo experimenta nuestro personaje en los tiempos de la prisión y donde los guardias lo denominaron bien bajo el número 24.601 y que luego será el 9430.

Las luchas por el reconocimiento se pliegan a esta búsqueda de la identidad que domina al indisciplinado social, en su afán de no ser encasillado por los apelativos fríos y condenatorios que suele usar el establecimiento para determinar la subvaloración de un ser humano.

Otra de las figuras que encarnan el mal en la historia es el personaje Thénardier. Es un infractor social que tiene un prontuario criminal y que bajo el ropaje del cantinero disimula sus verdaderas intenciones de explotador y rufián nato. Recordemos que este personaje y su familia, luego de recibir en encomienda a Cosette, por parte de su madre, destruida en la enfermedad y la miseria, se aprovechan de la niña, explotándola hasta la humillación en las faenas laborales de la cantina y también en las domésticas, de tal modo que este clan de explotadores y maltratadores infantiles, se aprovechaban de la fuerza de trabajo de la pequeña Cosette.

La única esperanza de redención social que pudo dimensionar Valjean se dio en su apoyo incondicional a Cosette. Fue en su entrega al convento para incentivar su educación, el intento de un miserable por cambiar las condiciones sociales adversas de otro miserable y que han estado históricamente en oposición al surgimiento de una clase social señalada de ser la enemiga del estado. Como reza el epígrafe de este ensayo, las armas de los tenebrosos son la ciencia y la enseñanza, el fuego que encenderá la llama de la emancipación social.


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Bibliografía

Hugo, Víctor (2018). Los miserables. Alba libros: Madrid.

Vargas Llosa, Mario (2007). La tentación de lo imposible. Víctor Hugo y Los miserables. Punto de lectura: España.

About the author

Juan Sebastián Ballén Rodríguez

Licenciado en Filosofía y Letras
Magister en Filosofía
PhD. en Filosofía

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