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¿Estamos solos en el universo?

A medida que la ciencia avanza aumentan los motivos para creer que la vida podría ser abundante en el universo. Sin embargo, no es menos cierto que podría no ser nada fácil encontrarla.


Probar la existencia de vida exoplanetaria se considera hoy es el reto primario de la astrobiología moderna; Sin embargo, gracias al antropocentrismo que ha dominado el saber científico moderno ha llevado a que el estudio de la vida más allá de la Tierra se ha relegado a las películas ciencia ficción y a la superstición pseudocientífica. Aunque sea difícil de admitir, lo cierto es que la actualidad es una época de grandes avances en el tema, pues se inauguró el estudio, con rigor científico, la posibilidad de justificar la existencia de vida extraterrestre.

Cuando hablo de vida exoplanetaria o extraterrestre no me refiero a marcianos con cuerpos gelatinosos hablando en un idioma extraño. La vida, más allá de configurarse como un gran articulado complejo de sistemas orgánicos, puede manifestarse en las mínimas unidades micro-orgánicas: células, procariotas y amebas. Así, por ejemplo, recientes hallazgos en nuestro sistema solar que evidencian la presencia de “condiciones óptimas de desarrollo de vida”, lo que palabras más palabras menos suelen ser la excusa perfecta para que algunos científicos sensacionalistas pongan en notas de prensa lo que ellos llaman “pruebas irrefutables” de condiciones óptimas de vida exoplanetaria, pero la verdad es que estos “argumentos” suelen estar plagados de utopías y falsas profecías, pues la única teoría sistemática que podría poner una respuesta definitiva a la pregunta que he planteado como título en este artículo es la evidencia hasta ahora disponible.

Hace unos meses, el hallazgo de fosfato en la superficie de Venus se hizo viral en internet; muchos científicos, con gran optimismo, aseguraban que la humanidad había conocido la evidencia que dotaría de “rigor científico” al estudio de la vida exoplanetaria; sin embargo, este anuncio carece la relevancia, pues aún no se ha logrado explicar que tan óptimas son las condiciones del planeta para la vida. ¿Será posible que el más simple de los microorganismos podría sobrevivir en un planeta que tiene una temperatura media de 463°C y su atmósfera está compuesta en su mayoría de dióxido de carbono? En un experimento, desarrollado en 1953, el químico Stanley Miller, sintetizó varias de las moléculas más simples que componen la materia viva, este experimento marcó el inició de la química prebiótica, –rama de la química que intenta entender cómo pudieron aglomerarse los ingredientes básicos de la vida en las condiciones que habitaron la Tierra primitiva-.  Hoy poseemos evidencia de que estos mismos elementos que se sintetizaron en nuestro planeta están presentes en los meteoritos, los cometa y en las nubes de polvo estelar, así, esto deja la firme teoría de que la vida en la Tierra provino del exterior, siendo así ¿por qué no podría suceder en un planeta como Venus?

Nuestras esperanzas de que pueda existir fuera de la Tierra han aumentado con el descubrimiento de los microorganismos extremófilos, capaces de sobrevivir en circunstancias muy adversas: temperaturas de más de 100 grados centígrados, pH muy ácidos, elevada concentración de sal. El hallazgo de estos microorganismos nos demuestra que la vida es muy robusta y podría prosperar en planetas con condiciones muy diferentes de las que consideramos óptimas.

Por tanto, y volviendo a la pregunta inicial, a medida que la ciencia avanza aumentan los motivos para creer que la vida podría ser abundante en el universo. Sin embargo, no es menos cierto que podría no ser nada fácil encontrarla. Por un lado, el hecho de que solo conozcamos una manifestación de la vida, la vida terrestre, hace que estemos muy sesgados respecto a las propiedades que esperamos encontrar en los posibles seres de otros mundos. Por otro, nuestras posibilidades de viajar en el espacio son todavía muy reducidas, lo que hace que actualmente la búsqueda de vida fuera de la Tierra se limite a nuestro Sistema Solar. Y lo que hasta ahora sabemos sobre él nos indica que no contiene vida superior, aunque existen algunos lugares que podrían permitir la existencia de microorganismos. Una mala noticia para los que sueñan con encontrar civilizaciones similares a la terrestre. Y no tan mala para los que estudiamos la vida, ya que sabemos que cualquier microorganismo puede contener infinitas sorpresas en su interior. ¿Cómo almacenarían la información genética los microorganismos extraterrestres? ¿En una molécula similar a nuestro ADN? ¿O utilizarían sistemas más parecidos a la forma en que se almacena la información en un ordenador? ¿Serían capaces de utilizar para su metabolismo energías no usadas por la vida terrestre, como el viento o las mareas? ¿Qué moléculas catalizarían sus reacciones químicas? Todas ellas son cuestiones fascinantes para las que nos encantaría tener una respuesta.

A modo de conclusión, mi respuesta es que hay gran probabilidad de que en el universo puedan existir “otras vidas”. Lo que deberíamos comenzar a plantearnos como seres humanos es si estamos preparados para aceptar que esas vidas podrían ser muy diferentes de la nuestra y, sobre todo, en qué modo estableceríamos nuestra relación con ellas. Lo cierto es que el desarrollo tecnológico será nuestro gran aliado a la hora de encontrar “más evidencia” a medida que ampliemos nuestra visión de nuestro Universo, lo que podría llevar a que en el próximo milenio podamos explorar trillones de planetas extrasolares. Con esta cifra, ¿quién se atreve a asegurar que no hay vida en alguno de ellos?.]

Esto fue escrito por

Esteban Escudero Correa

Estudiante de Ciencias Políticas y Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana. De mis gustos personales está en escribir sobre mis opiniones, argumentos y puntos de vista sobre coyuntura nacional e internacional; escribir ensayos sobre reflexiones de teoría filosófica y de interés general. Apasionado por la lectura, el arte y el teatro.

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