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El relato mata al dato en la batalla cultural

“Si pretendemos el triunfo en la gran contienda ideológica de esta época, es preciso, sobre todo, que nos percatemos exactamente de cuál es nuestro credo.”

Friedrich Von Hayek.


En la ya desarrollada matriz (que seguirá desarrollándose) de los movimientos culturales y conflictos sociales, yacen estructuras retóricas influyentes en la psique de las personas, determinando áreas del comportamiento de los sujetos ya sean: preferencias, identidades, percepciones, pertenencias, ideas, etc. Que también se dan en los colectivos, que masifican estas concepciones y aquellas suelen enmarcarse como “ideologías” que configuran la realidad -específicamente social- de las personas.

Pero siendo más concretos…

¿A qué nos podemos referir con “ideologías”?

Parte del buen análisis sobre la ideología lo tiene Tracy (quien acuñó el concepto), aludiendo que tratan sobre la formación y expresión de las ideas del hombre, desde una perspectiva parecida Marx lo deja en claro diciendo que son una falsa consciencia, adulterando la realidad, es decir, no dejarían ver las cosas tal cuales son realmente, bastante curioso, ya que el marxismo cultural, alejado del clásico de Marx apunta hacia una línea más por lo ideológico que por lo materialista, a esto se suma lo dicho por Dijik de que las ideologías esconden la verdad. Aquí Althusser a su vez, le entrega un origen y es que el ser humano es una especie por esencia ideológica, donde también explica que la ideología se materializa de alguna forma y esto lo ejemplifica con “el aparato ideológico del estado”. ¿Esto que nos dice? que la ideología vendría a ser un sistema de creencias sobre algún aspecto de la realidad, de forma descriptiva y que podría tener una función política, esto último según Dobson y además que puede ir transformándose, pues tengamos en claro algo, aquello que surge desde el ser humano cambia conforme cambia el ser humano.

Ahora, ¿cómo se forman?

El historiador y pensador Harari, menciona parte de sus obras como a través de la revolución cognitiva que otorgo la comunicación, el lenguaje y el pensamiento abstracto a el homo sapiens, este mediante el relato comenzó a elaborar estructuras sociales más complejas, a generar cooperación social lo que derivó en alianzas, en conformaciones de comunidades por sobre los 150 individuos, generar estrategias a futuro y darle un sentido propio a su mundo,  todo esto se logró a través de los mitos comunes que tenían y que podían compartir con otras comunidades, es decir, tenían creencias que coincidían y aceptaban. Pero esto no solo traería consigo un orden social más complejo y grande que las demás especies humanas que coexistían con él, sino que esto cimento el avance indetenible del sapiens por sobre el ecosistema y las demás especias humanas y no-humanas. Esto es importante remarcarlo, porque esas configuraciones y ordenes sociales que tenían los sapiens se fundamentaban solo con el relato, por eso ni dioses, ni entes, ni derechos humanos ni el valor del dinero, ni las organizaciones, etc. viven fuera del imaginario colectivo que se dio por los relatos y la aceptación de estos en la realidad. Por lo que, nosotros tenemos una semejanza con la cultura del sapiens de hace 70 mil años, y es que nuestras organizaciones, comportamientos actuales se rigen y funcionan teniendo la misma base de ese entonces.

La base y también el resultado de las interacciones simbólicas de las personas generan los llamados “constructos sociales”, invenciones que se dan a través de la cultura y la aceptación de ellas en la sociedad y se caracterizan por ser  abstractas (intocables o identificables) pero con funciones específicas para el orden comunitario, ejemplo de ellas son todas las instituciones públicas que tenemos en la sociedad posmoderna en la que nos desenvolvemos y también aquellos actos que se llevan a cabo como forma de representación de algo, por ejemplo, la firma de contratos, ¿dónde encontramos el sentido de ellos sino más bien en el significado que socialmente le hemos atribuido?, las leyes también no las vemos y suelen darse en torno a un papel pero bien sabemos que son más que solo tinta en una hoja, nos rige y regula el comportamiento de los individuos. Por ende, los constructos son parte del aspecto cognitivo-social del ser humano que resultó imposible de evitar que existiesen, dicho de otra forma, una maquina realidad imaginaria, que no quiere decir que sean falsos o que no existan, están y tienen significados que pueden saciar vacíos individuales o necesidades de la sociedad, entonces ¿hasta qué punto la realidad de las ideas, de los constructos, no gobierna por sobre la realidad física y del ecosistema que nos rodea? O más bien, ¿hasta qué punto se puede influir sobre ella?

La gran importancia de esto a un ahora.

Estos elementos hacen integrar y formar la realidad de las personas a la hora de evocarla, o sea, no solo es un factor clave lo tangible, lo contable, los datos, sino lo representado de ellos, su percepción, dicho de otra forma, no solo por los hechos sino por el significado atribuido, la emoción implicada, la actitud, la aceptación, la moralidad, etc. Y que esto se desarrolla en un contexto que está repleto de constructos, por tanto no solo entrega sentido propio a nivel de colectivo esto puede movilizar a la masa, bien se ejemplifico con el “estallido social” donde a pesar que los valores económicos y de acceso habían mejorado, así como los indicadores de bienestar, la reducción de la pobreza, se configuró la realidad a través de diversos relatos sobre la injusticia económica, el crecimiento de pocos y la desigualdad aberrante, que hacían decir que debíamos cuestionar el supuesto modelo económico y se tejió de tal forma, que se estableció que el gran mal de los problemas sociales y culturales que tenían ciertos tintes económicos era un papel escrito que enmarcaba derechos y deberes ciudadanos y de limitaciones sobre el poder del estado. Pero las preguntas deberían (y los problemas sociales) ir más allá de la norma común, que fue una salida más bien política, pues que el gran mal es no ver más allá de lo determinado, pero eso quedará para otro análisis ya que requiere enfoque completo.

Aunque se relaciona que el punto es justamente la no profundización de aquella retórica que direcciono pensamientos de unas ideologías en las personas sobre los resultados, ya no solo de manera individual sino social-política, porque también se debe ver desde donde provienen las ideas, el no cuestionamiento propio sobre lo que se escucha, sobre lo que se ven o lo que se presenta en los medios de comunicación, -dicho sea de paso suelen estar capturados ideológicamente-, puede provocar el replicar estas cosas y creerlas, Daniel Kahneman nos lo menciona, mientras más se le repite algo a las personas, más verdad se vuelve para ellos, aunque originalmente sea una mentira, también McCloskey nos muestra cómo la concepción contra el burgués cambio por el relato y se volvió benéfica en la era moderna, así como el filósofo del lenguaje Austin mencionó en su momento de que hay que difundir relatos que sean conflictivos y a su vez a favor de la causa ideológica propia para que ésta triunfe por sobre la otra.

El problema de los tecnócratas y la batalla cultural.

El mostrarle a los individuos  y a la ciudadanía, que su realidad son números, datos, información que no les interesa, genera justamente lo contrario, que las personas no quieran integrar eso a su comprensión del mundo -razón por la cual se fueron tejiendo los eventos antes durante y después del estallido social, donde los indicadores eran de desarrollo, de crecimiento, armando un “Homo economicus”, pero que eso no estaba dentro de la mente de la mayoría de la sociedad, a pesar que todo estaba respaldado y los análisis mostraron tener respaldo y criterio (pero eso queda para otra ocasión), haciendo que estas cosas no movilicen a las personas, de hecho, vemos que los que han movido son constructos formados en la sociedad: derechos, salud, servicios, etc. Entonces, ¿qué falla con el academicismo técnico en la llamada “batalla cultural”? pues el discurso, el relato sobre los conflictos (legítimos o no) y sus soluciones (sean posibles o no), que otorgan movimiento, articulación, que buscan el sentido de pertenencia de las personas en ese grupo de ideas. Con esto no digo que sea lo único que falta, pero si lo que hace e hizo la diferencia en especial en la cultura de los liberales.

Pues de mano del escritor William Ospina: “Todo ser nuevo que encontramos viene de otro relato y es el puente que une dos leyendas y dos mundos “.