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El Jazz o una estética de la libertad

“El Jazz es una forma musical de democracia. Todo empieza de manera colectiva, tomamos los instrumentos entre todos y entre todos creamos algo hermoso” – Max Roach


El filósofo francés Jean Paul Sartre, conocido por ser uno de los pensadores más influyentes del existencialismo europeo, quien además fue vivo testigo de la bárbara ocupación alemana a Francia, luego del estallido de la Segunda Guerra Mundial, afirmó en una entrevista que no había mejor cura para ese absurdo llamado “vida” que una buena pista de Jazz porque, según él, entender y degustar el jazz era una manera de reescribir la historia a partir de la narrativa de la resistencia.

El Jazz, además de ser un fenómeno global en nuestros días, es una estética de libertad; la diversificada mixtura de tradiciones y cosmogonías lo consolidaron como uno de los estilos más importantes del Siglo XX. Muchos de quienes disfrutamos el tratamiento armónico, rítmico y melódico de este conjunto de estilos musicales, hemos quedado perplejos ante la singularidad y originalidad que esconde este género, como un producto de una miscelánea de espontaneidades subjetivas que se han nutrido a lo largo del tiempo.

El blues, la música caribeña, la música clásica europea y el ragtime fueron unos de los muchos elementos primigenios que debieron adaptarse a los contextos sociales, políticos y culturales de Estados Unidos, Europa y América Central para edificar de lo que hoy es el Jazz. Sin embargo, para dar un panorama más claro sobre sus inicios debemos remontarnos a los ritmos ancestrales del África Occidental, los cuales, bajo una división rítmica ternaria, exaltaron una manifestación simbólica del trauma que padecieron algunas sociedades tribales durante el periodo de la esclavitud. Simultáneamente, en Europa se desarrollaban los primeros arreglos rítmicos con instrumentos de viento, como trompetas y trombones, que hicieron del jazz un conjunto rítmico articulado de alta carga espiritual que, más adelante, sería el refugio artístico y cultural de la rebeldía frente a los desmanes y pesimismo que trajo consigo la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

Por otra parte, luego de la llegada a Estados Unidos, a finales del Siglo XVIII, el sentimiento pesimista que había sentado la génesis del estilo musical, no caducó. Las crueles anécdotas del periodo de la esclavitud en Estados Unidos eran las protagonistas en las letras de los primeros ensambles de blues, que se adaptaban a las propiedades estilísticas de Occidente, heredadas principalmente de la música clásica europea, pero manteniendo una apremiante subjetividad, y producto de una evolución de décadas de nuevos descubrimientos y que más tarde darían origen a una de las características más importantes del género jazz: la improvisación.

Así, la improvisación se convirtió en sinónimo de libertad porque permite romper los cánones tradicionales de la superficialidad y es, en una extraña paradoja antagónica, una complicidad colectiva entre los intérpretes, pero también es una expresión individual única y plural. Los aspectos estilísticos del jazz explotan, en este orden de ideas, la inminencia de la incidentalidad; esto debido a que nos encontramos en un Universo caótico y desordenado, cada sujeto viene condicionado por un contexto, una historia y una serie de experiencias; es precisamente, sobre esto, en donde el jazz se manifiesta como un artilugio de liberación, de la posibilidad de que los intérpretes y el auditorio se conozca a sí mismos.

En este contexto, es preciso puntualizar que el Jazz es también un potencializador del proceso creativo de quien lo interpreta, puesto que no existe el tiempo futuro, sino el tiempo presente, en donde la atmósfera espacio-temporal, entre intérpretes y auditorio, es solo una y en donde se entreteje la espiritualidad del solista y la de los oyentes.

Esto fue escrito por

Esteban Escudero Correa

Estudiante de Ciencias Políticas y Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana. De mis gustos personales está en escribir sobre mis opiniones, argumentos y puntos de vista sobre coyuntura nacional e internacional; escribir ensayos sobre reflexiones de teoría filosófica y de interés general. Apasionado por la lectura, el arte y el teatro.

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