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El escepticismo como analgésico. Sobre la actualidad de la duda en la filosofía

Hoy día nadie está dispuesto a aceptar cualquier cosa como verdadera. La duda se ha convertido no solo en una actitud ante la vida, sino que hace parte de una cotidianidad dominada por la desconfianza, la incredulidad o sencillamente la liberación ante cualquier tipo de dogmas. Esta situación que domina en la realidad contemporánea, es un efecto muy distante de una filosofía muy vieja, la cual se remonta al pensamiento de los griegos: el escepticismo. Según el diccionario de filosofía, el escepticismo puede ser definido como una actitud filosófica frente al conocimiento y la cual se caracteriza por activar dos tipos de disposiciones humanas: una que tiene que ver con las cosas del entendimiento y otra que alude a las cosas de la acción. De este modo lo define el diccionario de filosofía:

Desde el punto de vista teórico, el escepticismo es una doctrina del conocimiento según la cual no hay ningún saber firme, ni puede encontrarse nunca ninguna opinión absolutamente segura. Desde el punto de vista práctico, el escepticismo es una actitud que se encuentra en la negativa a adherirse a ninguna opinión determinada (Ferrater Mora, 1983, p. 544).

Frente al escepticismo de los griegos se puede afirmar que esta filosofía se caracterizó por ser más una actitud frente a la vida que una doctrina (Alcalá, p. 36, 2005). Ello quiere decir que, para Sexto Empírico, por ejemplo, la duda frente a todo lo que es y se afirma como verdadero actúa como una suerte de purga que libera al alma de toda suerte de verdades irrefutables, soberbias y malos hábitos del pensamiento. Es por ello que consideramos en el presente ensayo que una de las ideas más sobresalientes de esta filosofía tiene que ver con su idea que la duda ante lo real y el conocimiento es una suerte de cura ante las enfermedades del alma y las cuales tienen que ver con la ignorancia, la confianza excesiva en la verdad depositada en una figura de autoridad, como también la servidumbre a los ídolos del conocimiento: la sobrevaloración de las creencias de los grandes pensadores, la ausencia de examen ante las verdades socialmente aceptadas y en general los dogmas que dominan en el mundo del sentido común. El escepticismo es un fármaco que expulsa todo tipo de creencias y dogmas que no le permiten al entendimiento tener claridad. Esta idea de la duda como analgésico explica porque la filosofía escéptica debe ser tomada como una actitud ante la vida que a modo de un cuerpo de doctrina. Es por ello que el escepticismo griego expresado por Sexto empírico no pudo constituirse como una escuela ya que esto implicaría una cierta aceptación de verdades irrefutables, pues, a fin de cuentas, toda institución está basada en normas, dogmas y principios; es claro que el descrédito en las instituciones (un claro ejemplo en Colombia es el caso de la movilización social frente a las políticas sociales que promueve el gobierno de turno) se ha convertido en el modo de vida de ciertas personas donde dominan actitudes escépticas que los llevan a perder la creencia en las pretensiones de verdad que defiende el pastor de la iglesia, el político corrupto, o el médico que receta fórmulas médicas.

Para Sexto Empírico será el filósofo griego Pirrón quien en su vida como filósofo encarnará el ideal escéptico. Y ello es así porque este pensador declaraba que antes de él no hubo un fundador de la corriente escéptica (Alcalá, p. 38, 2005). Dado que declarar un fundador implicaría plantear una verdad incuestionada como principio de esta escuela, todo lo que se diga sobre esta filosofía parte de lo sostenido por Pirrón, su iniciador. Para los historiadores de la filosofía cuatro son las actitudes que distinguen a Pirrón como un escéptico pleno (Alcalá, p. 39, 2005):

  1. No dejo ninguna obra escrita. Es por ello que se le considera como un pensador que vivió sin ningún tipo de creencias.
  2. Todos los filósofos que se declaran escépticos aprecian en la figura del Pirrón el modo de vida escéptico por excelencia. Justamente porque no dejó ninguna obra escrita. Este anonimato lo hace todavía más escéptico que todos los demás, que sí dejaron algún tipo de memoria o legado de escritura.
  3. Pirrón no profesaba dogmas. Su estilo de pensar era un modo de vida que propendía por llevar una vida recta; y esto implicaba renunciar a las verdades absolutas. La rectitud moral está relacionada con un tipo renuncia a los conocimientos establecidos y que son considerados como irrefutables.
  4. Finalmente, una de las grandes finalidades de esta filosofía consiste en alcanzar la felicidad. Es decir, una vida libre de creencias o saberes establecidos facilita el camino hacia la plenitud o el bien moral.

Ahora bien, la historia del escepticismo no finaliza con los griegos. De hecho, será en la época moderna el filósofo Francés René Descartes quien continuará el modo de vida escéptico hasta constituirlo en un método que resulta ser una de las bases de lo que se ha dado a llamar como el pensamiento crítico. En efecto, este pensador plantea que el buen sentido, la utilidad y el método son algunas de las particularidades que caracterizan a una filosofía asumida como un proyecto de pensamiento crítico. Pero ¿cuáles son las propiedades que caracterizan el buen sentido? Enumeremos tres atributos que propone Descartes para considerar una filosofía como un proyecto del pensamiento crítico.

  1. La razón es una propiedad humana universal: El buen sentido es la mejor cosa repartida en la tierra. Por buen sentido se entiende razón, entendimiento, etc.
  2. El mundo de los hombres predomina la pluralidad de ideas y opiniones: Es un hecho de que el mundo domina la diversidad de opiniones. De ser esto cierto la razón no es una propiedad de grupo, no le pertenece a un colectivo. La razón se usa y hay diversos caminos que al final coinciden en la consideración de las mismas cosas.
  3. La razón no se posee, se aplica: No es sufriente tener un buen entendimiento ya que lo primordial consiste en aplicarlo bien. La razón tiene más propósito cuando es usado con acierto. Un acto humano no podría ser juzgado por el número de vicios o de virtudes, o por la discriminación entre quienes tienen menos o más razón. La tradición no es el sustento absoluto de la razón. Ella misma se puede aplicar para resolver con precisión y claridad los problemas de la vida cotidiana.

No es la cantidad lo que identifica al conocimiento humano, tampoco el saber acumulado ni la erudición. Se requiere de una cierta intensidad en el uso de la razón. La preocupación acerca de la utilidad y del uso que le damos a la razón es con propiedad una orientación concomitante para el pensamiento crítico.

Una actitud metódica y crítica de la filosofía formularía la pregunta de ¿cuál es el uso que hacemos de la razón? El espíritu no corresponde a una propiedad natural bien dotada (que de algún modo es la noción implicada con la concepción aristotélica de que el hombre es un animal racional), pues lo preciso se encuentra en la conducción que hagamos de nuestra vida a través de la razón.

De los aspectos notorios de la reforma cartesiana, cabe destacar la confianza en el uso de la razón desde la autonomía de sujeto, distanciada de la tradición heredada por la escuela.  Entre los dones del espíritu para dirigir la reflexión filosófica hacia un tipo de arte, se encuentra la evidencia. La filosofía o el pensamiento crítico no es una tradición heredada, sino un instrumento, es decir, un método que se usa para resolver los problemas que le plantea al hombre la realidad, en donde predomina la diversidad de opiniones, la equivocidad en los puntos de vista, en otras palabras, la pluralidad.

Esgrimir la desigualdad entre los hombres bajo el pretexto de las disposiciones naturales que a unos hace doctos y a otros ignorantes es reemplazada por el recurso del método de la razón. El método es un instrumento, arte, técnica o modo de proceder, cuyo propósito busca entender la pluralidad y la diversidad que caracteriza el mundo de las opiniones. Habría aquí una pista para leer dos cosas: primero, la utilidad de la razón al momento de emprender un proyecto filosófico, y la segunda, la disminución de la desigualdad cognitiva entre los hombres. Un arte que enseñe el uso correcto de la razón (es decir, un método) sería un modo expedito para dar por terminado el problema de la desigualdad entre los hombres.

 

Bibliografía

 

ALCALA, R. R. (2005). El escepticismo antiguo: Pirrón de Elis y la indiferencia como terapia de la filosofía. Revista de Filosofía, nº 36, 2005, 35-51.

FERRATER, Mora, J. (1983). Diccionario de Filosofía. Buenos Aires: Sudamericana.

DESCARTES, R. (1988). Discurso del Método. Introducción y notas Ettiene Gilson. Ancora editores: Colombia.