Opinión Selección del editor

Desvirtuando a Petro I: el cambio climático y las energías renovables

Petro se ha presentado como el adalid de la lucha contra el cambio climático y promete modificar drásticamente la matriz energética para contribuir a su mitigación. Su propuesta parece apoyarse en la idea según la cual Colombia es un gran emisor de gases de efecto invernadero y que su matriz energética es inadecuada.  Ambas cosas son falsas.

La gráfica 1 muestra las emisiones de CO2 de Colombia, en toneladas por habitante, en 2014, último año disponible en la base de datos del Banco Mundial, comparadas con algunos países y agrupaciones seleccionadas.  Los datos no dejan lugar a dudas: la contribución de Colombia a las emisiones totales y por esta vía al calentamiento global es marginal y su reducción tendría un efecto también marginal, pero impondría un costo elevado e innecesario a la población. Obsérvese que las emisiones de Colombia están muy por debajo de las de Dinamarca, el país europeo que más ha avanzado en la instalación de las fuentes renovables no convencionales.

La matriz energética de Colombia es una de las más limpias del mundo pues su principal componente es la hidroelectricidad, una energía renovable y de baja intensidad en carbono. De los 16.420 MW de potencia instalada, un 70% son hidráulicos, 29% térmicos y 1% cogeneración y eólica. La solar es mínima y está por fuera del sistema interconectado.

En los países donde las energías renovables no convencionales, eólica y solar, se han incorporado a la matriz energética es porque han sustituido generación térmica altamente contaminante, para lo cual su desarrollo ha recibido considerables subsidios que finalmente son pagados por el consumidor final.

En efecto, los costos de inversión en instalaciones eólicas y solares son todavía muy superiores a los de las fuentes convencionales. La gráfica 2 muestra los costos de inversión promedio de un MW de capacidad para diferentes tecnologías, estimados por la Unidad de Planeamiento Minero-Energética en su último plan de expansión.

El MW hidráulico es el más costoso, mucho más que el de la solar, la eólica y la solar distribuida (la de los paneles solares instalados en los techos de residencias y locales industriales y comerciales). Pero es aquí donde interviene un concepto que es fundamental: el factor de planta.

El MW mide la capacidad de generación, ese MW puesto en operación da la energía producida. Un MW puesto en funcionamiento por la acción del combustible de cada tecnología durante una hora produce un MW-hora de energía. El factor de planta mide el tiempo durante el cual la capacidad instalada puede ser usada en un período dado, típicamente un año.

Como el año tiene 8760 horas, si una tecnología tiene un factor de planta de 50% significa que el MW estará operativo, es decir, produciendo energía, durante 4380 horas al año. En consecuencia, su producción será de 4380 MW-hora. El factor de planta o, lo que es lo mismo, dicho de otra forma, el tiempo de utilización de la capacidad o potencia instalada depende, principalmente, de la disponibilidad del combustible.

En la generación térmica, si quienes operan sus equipos hacen bien su trabajo, el gas, el carbón o el combustible líquido están disponibles todo el tiempo, razón por la cual los equipos térmicos solo estarían fuera de operación a causa de los mantenimientos programados o daños accidentales. En general, el factor de planta de las centrales térmicas se estima en el 90%, es decir, que su tiempo de utilización en el año es 7884 horas. No quiere decir que las térmicas se utilicen efectivamente todo ese tiempo. En un sistema hidro-térmico, como el colombiano, se usan mucho menos por el elevado costo del combustible. De hecho, solo se usan cuando la hidrología es baja y las centrales hidráulicas no pueden utilizarse a plena capacidad.

El agua, el sol y el viento son los combustibles de las energías renovables y su disponibilidad depende en gran medida de condiciones naturales. La disponibilidad de la generación hidráulica o su factor de planta es 70%, es decir, su tiempo de utilización promedio es de 6132 horas al año. El factor de planta de la generación solar es 20% y el de la eólica 30%, en el mejor de los casos. Esto significa que para reemplazar un MW hidráulico se necesitan 3,5 MW solares o 2,3 MW eólicos. Visto de otra forma, para reemplazar los 16420 MW del sistema eléctrico nacional por generación solar se necesitarían 57470 MW.

Volvamos al tema del costo. Como el MW hidráulico instalado tiene un costo de US$ 2,1 millones la capacidad solar requerida para sustituirlo, 3,5 MW, costaría US$ 3,9 millones, casi un 85% más. Esto sin considerar el hecho de que la vida útil de una hidroeléctrica supera los 30 años mientras que el de las solares bordea los 20. En todo caso, ese costo adicional debe ser cubierto de alguna forma: con impuestos o con mayores tarifas.

Sin duda alguna, a medida que sus costos bajen, las energías alternativas no convencionales irán penetrando en la matriz energética. Pero hacerlo ahora y de forma forzada, como pretende Gustavo Petro, no es ambientalmente necesario, como ya se ha visto, y elevaría el precio de la electricidad, lo cual afectaría negativamente a los consumidores residenciales y reduciría la competitividad de la industria.

LGVA

Mayo de 2018.

[1] Este texto el primero de una serie de cinco en los cuales busco desvirtuar algunos de los planteamientos programáticos de Gustavo Petro. Lo hago a solicitud de mi hija Sara Helena, quien cree que su lectura puede contribuir a darle claridad a algunos jóvenes que, confundiendo elocuencia con conocimiento, están obnubilados por el discurso del demagogo.