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Cultura y sufrimiento en la Tribu Mursi

Hoy se plantea desde los estudios culturales y las investigaciones que atañen al reconocimiento de las comunidades negras que interpretar el concepto de belleza y de cultura se plantea desde una instancia de resistencia y reivindicación de valores no occidentales y que tiene por referente los usos que hacen las mujeres de la tribu Mursi ubicadas en el suroeste de Etiopía, de las placas de barro que se llevan en los labios y en las orejas.

Una de las variables que se destacan en el uso de los platos en los labios y las orejas por parte de las mujeres de esta tribu alude a una idea del dolor y de la belleza, que se unen en función de una experiencia de lo femenino no occidental. En efecto, que la mujer practique ritos de transición en donde se involucra una suerte de dolor que modifica el propio cuerpo resulta para la cultura occidental una instancia desafiante (particularmente por el avance en los derechos de las mujeres y los temas relacionado con la emancipación del género femenino) y un cierto uso de la violencia en el cuerpo de las mujeres que a todos luces, en las sociedades actuales sería motivo de escándalo puesto que ello rayaría con la violencia de género  (Azcona, 1991, p. 23). Sin embargo, los labiplatos desde una perspectiva antropológica se interpretan como un rito de transición en el que una mujer deja su condición de niña (pubertad) y se convierte en una mujer madura (bansanai) que puede adquirir los privilegios de ser elegida para el matrimonio (Laotosky, 2004, p. 385).

Esta situación propone nuevos sentidos a la mirada que se tiene usualmente sobre el cuerpo femenino en occidente, como un lugar para la exhibición de la belleza y la perfección, sustituido por el sentido que le han dado las mujeres de la tribu Mursi, como una instancia de pertenencia a una tribu, siendo de utilidad a las dinámicas de dote y matrimonio que se desprenden del uso del labio-platos (Laotosky, 2004, p. 388); es decir, la experiencia del dolor que acaece en el cuerpo femenino es una instancia de sentido cultural que se hace presente los ritos de transición de la pubertad a la madurez de las mujeres de las tribus Mursi.

  1. Prácticas de resistencia: entre la fortaleza y la debilidad

Ahora bien, la idea de la resistencia de una cultura obedece a un mecanismo de defensa que incorpora una comunidad contra otra que se propone violentarla o trasgredir sus patrones cotidianos de vida en materia de moral y vida sexual, costumbres y prácticas religiosas, lenguaje y pensamientos propios. La resistencia también se puede manifestar como un tipo de expresiones y lenguajes que con un mensaje ético y político se oponen a prácticas culturales y lenguajes de otras culturas que se muestra hostil y dominante. En este orden de ideas la resistencia tiene que ver con una concepción de los valores estéticos que descubre una sociedad y que aluden a unas visiones muy específicas de la corporalidad, la feminidad, la belleza y las expresiones propias de autenticidad que reclaman ser reconocidas y distinguidas por otras culturas que no son foráneas o no hacen parte del territorio. En el caso que se propone a continuación es claro que para las mujeres Mursi la extensión de sus labios como de sus orejas obedece a una práctica de resistencia que lleva a la expresión de lo femenino hacia un lugar desconocido para la cultura occidental: este espacio alude a las prácticas de sacrificio y violencia que se dan en estas culturas en particular en los ritos de transición experimentados por una persona del género femenino en el paso de la niñez a la adultez. La violencia en el propio cuerpo es una realidad humana que resulta vinculante para las mujeres Mursi, ya que para aquellas que pueden llevar el plato entre sus labios, la tribu las distingue como mujeres maduras y laboriosas frente a aquellas otras que no portan el plato entre sus labios y orejas y sus membranas corporales quedan colgando, en señal de pereza o holgazanería. Se puede concluir de la mano de los investigadores que la configuración de lo femenino en las tribus Mursi oscila entre la fortaleza y la debilidad (Laotosky, 2004, p. 389). Hay mujeres que haciendo uso del plato y exhibiéndolo a todos los miembros de la comunidad les permite ingresar al mundo de la adultez, cumpliendo con la expectativa de la transición que espera la comunidad sea realizada por la mujer en una etapa de madurez de la vida. Es obvio que el cumplimiento de esta promesa es un mensaje para que todas las mujeres del género femenino que integran a la tribu asuman el compromiso de la maduración y la responsabilidad que exige ser adultos.

Sin embargo, en ambos sentidos (el de la debilidad como el de la fortaleza) el concepto de identidad de género está dado por el hecho de que las mujeres que llevan en plato entre sus labios, a pesar de la violencia que este procedimiento causa para su propio cuerpo y de las implicaciones morales que pesan al momento de la dote en el matrimonio, se convierten en símbolos que tiene la tribu para mostrar la originalidad de sus concepciones de la belleza femenina ante el advenimiento del influjo occidental que representado en los turistas, ven estos gestos como atractivos para ser fotografiados y exhibidos al mundo como si se tratara de una huella de lo primitivo en los tiempos actuales. La identidad de género en esta práctica cultural no tiene que ver con ninguna ofensa o arbitrariedad hacia la emancipación del género femenino, sino que a través de su cuerpo se muestra el carácter vinculante de la persona humana dentro de una comunidad que distingue a la mujer en orden a un rol social muy definido.

  1. ¿Qué es la belleza femenina para los Mursi?

Por valores estéticos se entiende en este ensayo como una serie de patrones o convenciones sociales que demarcan unos criterios propios sobre el gusto, lo bueno y la belleza que se destacan de las nociones contrarias como lo son el desagrado, lo malo y lo feo. En este sentido, las mujeres de la tribu Mursi, en el uso de los platos de barro en sus labios y en sus orejas usaron su propio cuerpo como un modo de resistencia que dejó fuera de base los criterios de proporcionalidad y belleza que identificaron el patrón del gusto y de la belleza que hizo parte del hombre blanco y sus pretensiones coloniales. La idea de belleza del hombre occidental ha estado asociada una visión muy específica de la armonía, la perfección y la simetría. Con el uso de los platos de barro por parte de las mujeres Mursi, se llevó a cabo un proceso de decodificación del criterio estético que trajo consigo el blando europeo, logrando con ello desafiar estos criterios filosóficos, proponiendo otros donde predomina la desproporción, el alargamiento de ciertas parte del cuerpo, donde los orificios en el cuerpo son aperturas hacia un nuevo plano de lo real, donde predomina el sentido de pertenencia, el arraigo a unos valores tribales y que resalta la belleza de las mujeres Mursi en un sentido muy propio a su cultura y que en la práctica son de un gran atractivo para los hombres que hacen parte de esta tribu.

Otro de los elementos que resaltan en esta idea de la belleza, alude a la corporalidad y la capacidad que tiene la mujer de intervenir su cuerpo de una manera libre, pero siempre en atención de unos criterios de belleza que aluden a los objetos y los colores tradicionales de la tribu Mursi. En efecto, las expansiones en sus propios cuerpos a través de los platos de barro, además de ser una muestra del potencial técnico y artesanal de la tribu Mursi, son una muestra del potencial identitario y moral que exhibe una mujer en función de una valoración positiva de lo foráneo y local por encima de lo externo o global.

Si la belleza alude a una reivindicación de los valores locales sobre lo globales, es claro que las mujeres labiplatos hacen visible la existencia de la tribu Mursi como una de las tribus más atractivas conocidas en Etiopía y que se ha caracteriza por su espíritu guerrero y de práctica del pastoreo, que ubica en el suroeste de Etiopía, en la región del Valle del Bajo Olmo. Actualmente ocupan 2.000 Km2 de territorio entre los parques nacionales de Omo y Mago. Su tradición lingüística los vincula con los Surma de Sudán, que se ubican a 100 kilómetros al norte de la frontera con Etiopía y Kenya. Sobre su historia es posible distinguir que se remontan a los territorios de la actual Sudán.

  1. Algunas acotaciones finales

No resulta conveniente interpretar cualquier tipo de prueba, incluyendo las más dolorosas como si se tratara de un acto masoquista en donde ciertos pueblos considerados como salvajes e incivilizados se han entregado libremente en respuesta a la expulsión de los males y las culpas que los han condenado. Es claro que la expansión de los labios como de las orejas que llevan a cabo las mujeres Mursi lejos de ser interpretadas como prácticas incivilizadas, se vinculan a unas muestras de transición y de maduración que fortalecen los ideales comunitarios del arraigo, la fertilidad, la unidad y la conservación que identifican a las comunidades africanas más distantes y alejadas al modo de vida occidental. Estos ritos practicados por las mujeres Mursi buscan asegurar que los individuos se transformen en miembros maduros del grupo que por medio de una puesta en escena se representa el dramatismo que supone la pertenencia a una estructura social que se define en función unos roles determinados y jerarquías. El nuevo rol que asume la mujer iniciada en su proceso de transición de la niñez a la adultez, la llevan a asumir una cierta carta de ciudadanía ante los otros miembros de la comunidad donde se gana ciertos derechos per también se responsabiliza al individuo en asumir determinados deberes (Azcona, 1991, pp. 24-26).


Bibliografía

Azcona, Jesús (1991). Para comprender la antropología. Verbo divino: Pamplona.

Latosky, Shauna (2004). Reflections on the lip-plates of Mursi women as a source of stigma and self-este e m. pp. 382-397.


Esto fue escrito por

Juan Sebastián Ballén Rodríguez

Licenciado en Filosofía y Letras
Magister en Filosofía
PhD. en Filosofía

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