Cuarentena y Ansiedad

     

Escuché una vez de un gran amigo que los pensamientos son la puerta principal de nuestra mente y la puerta trasera son nuestras emociones, pues no siempre un pensamiento determina cómo nos sentimos, también las emociones influyen en cómo vamos a pensar.


La idea de regresar a escribir y contar un poco sobre mi vida surge por la incesante idea de poder contribuir a mi sociedad. Creo que he pasado un proceso de maduración el cual ha afectado mi manera de escribir. Y ahora me doy cuenta que muchos adultos y jóvenes están a merced de un colapso. Mi objetivo con todas mis columnas, con mi podcast BREAK, es que las personas puedan tener un pequeño momento de descanso. Relajarse y leerme mientras platico sobre la vida. Y quizás puedan encontrar una canción, una historia, una película, un libro, o simplemente una columna con la cual puedas sentirte relacionado, identificado, que puedas reflexionar, llegar a una enseñanza no forzada.

Me gustaría comenzar hablando sobre el funcionamiento de las cosas en general. Tres pasos definen todo lo que nos rodea:

El Motivo, un desarrollo, la conclusión (consecuencia).

Podemos aplicar esta fórmula a casi todo lo que sucede debajo del sol. A la ciencia, a la historia, a las artes, incluso a nuestra propia sociedad. Y hoy me gustaría hablar sobre la ansiedad. No quiero centrarme en conceptos teóricos porque al final el proceso cognitivo es mucho más complejo que solamente información resumida. Me refiero a que muchas de las cosas que escuchamos y «pretendeciemos aprender» terminan en nuestra memoria a corto plazo y las olvidamos. Aún así, me gustaría abrir un poco el panorama. Permítanme plantear la siguiente pregunta:

¿Los problemas se evitan o se resuelven?

Dirán ustedes, queridos radioescuchas, que cómo puede ser tan importante una pregunta así de obvia. Supongo que la mayoría de las respuestas van a ser que se evitan. ¿Porqué alguien querría andarse rascándose las uñas, sufriendo por los demás o sobre pensar cosas sin sentido? Ojo, no digo que cada quién su propia vida y punto. Ajenarse a nuestros similares, refiriéndome al egoísmo, es otro foco extremadamente rojo dentro de la construcción de las relaciones humanas, pero eso es otro tema.

Entender la palabra problema involucraría tomar en cuenta muchos significados. Pero, resumiendo la definición según la RAE, podemos decir que es un hecho que se opone a la consecución de algún fin el cual cuenta con múltiples soluciones. Una definición muy técnica para algo que, como decía al principio, es más práctico y fácil de entender cuando

las cosas son cosas que ya entendemos, cosas cotidianas. Y la vida está plagada de problemas. Relaciones fallidas, luchas personales, circunstancias opacas.

Y qué ejemplo más vívido que la cuarentena. ¿Era necesaria una cuarentena para poder esclarecer nuestros problemas? Preguntas retóricas que no necesitan ser contestadas porque su respuesta solamente desmoralizaría y mortificaría nuestras vidas.

Ahora contradiré mi propio argumento porque  la mayor parte de los problemas ya están. Ya se iniciaron y no hay vuelta atrás para poder revertirlos. Parece imposible, pero muchas  veces pasan desapercibidos o nosotros mismos, incluso, preferimos ignorar las advertencias. Personalmente ubiqué tres etapas dentro de la ansiedad y es lo que hoy te quiero presentar:

  1. Pre-Ansiedad: Enciende tus sentidos.

Puede sonar raro, pues lo más práctico para evitar pensamientos de ansiedad es distraerte. Sin embargo, creo que evitar las cosas solo  hace más grande el asunto. Estar atentos a toda la información que recibimos y evaluarla va a ser de mucha ayuda. Pues,  mientras estemos atrapados en el entretenimiento barato, nos disponemos a que otros piensen por nosotros. Hice una pequeña encuesta en Instagram preguntando las causas de la ansiedad y conseguí diversas respuestas. Hubieron factores comunes como el estrés y la frustración, la escuela, preocupaciones. También se mencionó el dinero, el desbalance emocional, el miedo al futuro, las drogas. Los estragos morales, el aislamiento, el sobre pensamiento, el bombardeo de información y muchísimas cosas más. Creo que las respuestas se expanden en causas individuales dependiendo de las personas.

Antes de seguir quiero remarcar la diferencia entre la ansiedad y el trastorno de ansiedad. La principal diferencia radica en el tiempo que duran las crisis y el «maneras» de manejarlo. Cuando sufrimos de trastorno de ansiedad el miedo no es temporal y puede llegar a ser una abrumadora sensación constante. La preocupación, el nerviosismo, la confusión, la incertidumbre, el enajenismo, son síntomas que ciegan el camino y nos llevan a extremos indeseables. Jugadas que nuestro propio cerebro arremete contra nosotros. Que ilógico. Nuestra propia cordura evade a la misma cordura.

Quiero poder aislar por un momento la mente humana. La pienso como un almacén repleto de cajas. Algunas se encuentran selladas pues guardan momentos, recuerdos,| experiencias, información ya codificada y transferida como conocimiento. Por allá están las cajas nuevas, nuestros sentidos, percibiendo constantemente información del exterior. Este proceso de entrada es el más importante pues inconscientemente cualquier cosa puede entrar y aguardar en lo profundo de la caja hasta que esta se sella permanentemente.

  1. Crisis

No mentiré al decir que vivimos en la mayor era expansiva de información en toda la historia. Tenemos una enciclopedia, un periódico, un cine, una radio a la mano todos los días. La tecnología se ha vuelto ya tan parte de la rutina que no nos damos cuenta del inocente daño que nos está haciendo. No soy un conspirador teórico en contra de la tecnología, pero sí creo que la aparente libertad, la falta de límites y el libre acceso que  poseemos dentro del mundo virtual son perjudiciales cuando salimos al mundo real a enfrentamos cualquier cuestión que al vencernos, nos estresa por el esfuerzo, nos frustra porque nos salió mal y pum, se crea ansiedad.

Personalmente he visto las consecuencias de la ansiedad de una manera bien dura. El año pasado me inundaron pensamientos bien densos sobre estereotipos del mundo. Venía de un tiempo súper chido en mi vida. De cuando todo te sale bien, cuando todo aparenta estar bajo control. A veces, cuando perdemos las cosas que parecen ser lo más bonito de la vida terminan siendo las que más daño nos hacen. Llegó el Covid bien random y aún recuerdo cómo nos burlábamos de la cuarentena con mi maestro de Historia. Fue un Lunes y a los dos días. ¡¿Qué?! No más mundo exterior. Encierro. Días claustrofóbicos. Demasiado tiempo para pensar. La nueva realidad solo expuso todas las inseguridades y temores que estaban dentro de mi. El libre acceso y constante choque de información genera un sobrepeso mental por querer conocer y cuestionarlo todo que solo puede desembocar en encontrar lo malo de las cosas. Pensamiento sobre pensamiento.  Yo creo que hay cosas que solamente deberíamos disfrutar, pues al intentar comprender cosas que escapan de nuestro conocimiento sólo te lleva a un lado… la ansiedad. Escuché una vez de un gran amigo que los pensamientos son la puerta principal de nuestra mente y la puerta trasera son nuestras emociones, pues no siempre un pensamiento determina cómo nos sentimos, también las emociones influyen en cómo vamos a pensar.

En lo personal, tanto los pensamientos como las emociones desencadenaron acciones dañinas. El querer cuidarme fue mi perdición. El ver los memes sobre engordar y tener miedo fueron la excusa para que mi mente diera rienda suelta a todas sus inseguridades. No quiero extenderme mucho, en realidad los días pasaron como normales. Me puse una dieta sacada del rincón del vago y  a hacer ejercicio como loco. Cuando digo como loco, es como loco. Madrugadas haciendo ejercicio, mañanas haciendo ejercicio, tardes haciendo ejercicio, noches haciendo ejercicio. Llegué a hacer 8 horas de ejercicio. Me bañaba con agua fría para “acelerar” mi metabolismo, cenaba pura gelatina. Incluso, si tenía la oportunidad de comer no dudaba en tomarla, llegando a tirar la comida. Y era horrible contar cada caloría cargada de una culpa. Yo solía pesar 68-70 kg. Bajé a 51. Llegó un punto en el que mi cuerpo ya no podía subir de peso. El proceso metabólico y energético es fácil: Primero quemamos la grasa, luego el músculo, y como última instancia del cuerpo, los órganos. Estuve a nada de llegar allí.

Gracias a Dios, hubo personas con el valor de afrontar mi ansiedad, entre ellas mi mamá, mi papá que me ayudaron a tiempo. Decir esto me duele, porque sé que hay muchas personas que no tienen a nadie. El sentimiento de soledad ha escalado al grado de estar rodeado de todos y de todo y sentirse solo. Muchos solamente necesitamos un buen abrazo y ser escuchados, a veces, muchas personas no platican sus problemas porque saben que los demás no los están escuchando y únicamente están esperando su turno para hablar ellos mismos. Temo que salir de los problemas no es tan fácil.  Duele, pues el mundo cobra factura disfrazada de agonía, dolor, desesperación, soledad, tristeza, mencionando solo partes de una larga lista. Lloré mucho, porque cada vez me sentía peor y más desdichado. En esos momentos de crisis es difícil concentrarte en que debes hacer. Parte del problema es la falta de comunicación que nosotros mismos creamos al enjuiciar cada cosa que las personas nos cuentan. Nosotros mismos bloqueamos la expresividad.

Esto me conecta al último punto:

  1. La herramienta

Hoy no quiero abrumarte con que no hay una salida para la ansiedad. No quiero que termines de leer esto y te desanimes. Tampoco vengo a darte un manual o plantearte un protocolo de emergencia, ni exponerte un programa del control contra la ansiedad, mucho menos que esto parezca un nuevo formato psicológico. Al final, todo se trata de perspectiva y dominio propio. Así de fácil. ¿Por qué no en vez de ver lo malo de las cosas cambiamos nuestra visión y enfocamos nuestra mirada en lo provechoso? Incluso en la ansiedad. Así como esta es causante de depresión, tristeza, insomnio, para mi fue mi acercamiento más profundo con la música, me permitió conocer, disfrutar y compartir tiempo con mi familia, he dedicado más tiempo a escribir y he podido componer unos poemas. La ironía de la vida es que todo lo que tiene el potencial de destruirte también tiene el potencial de salvarte, y si tienes suerte, salvar a otros en el camino. Mi deseo es que mi sufrimiento tenga un propósito al estar al servicio de otras personas.

About the author

Hazel Dominguez Diaz

Hola, mi nombre es Hazel Domínguez Díaz. Amo la música, me gusta la poesía y escribir. Soy un agente contemporáneo cantándole a los problemas del mundo y a sus novedades. Mi proyecto, BREAK, busca brindar pequeños momentos de descanso para las personas abrumadas por las cargas que este mundo puede dar.

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