Cultura Opinión Recomendados

Contacto a los conceptos: normalidad- anormalidad

“Ahí radica el verdadero poder de los medios masivos: son capaces de redefinir la normalidad”.

Michael Medved.


¿Qué es la normalidad?

En un primer acercamiento se puede decir que la normalidad es un constructo que se produce por medio de la dinámica cultural y social, por medio de una aceptación de valores y creencias de un grupo humano/sociedad respecto a una categoría, es decir, se va modelando conforme hay transformaciones o procesos en la sociedad y los participantes de ella, por ende, no hay una normalidad general o unificadora para diferentes comunidades, sociedades, grupos sociales, etc.

Barajemos algunas nociones y/o criterios por los cuales se puede enmarcar la normalidad para reflexionar en torno a ellas:

Una de las concepciones más plausibles es la de Normalidad como un ideal –al que llegar o aspirar-: esto tiene la característica de buscar las mejores condiciones humana en asuntos como salud, bienestar social, calidad de vida. Es decir, mantener y usar ciertos estándares, lo que se relaciona con lo que Freud decía: “un yo normal, es como la normalidad en general, un ideal ficticio”, así también como Caponni cita a Hofstatter en su libro de psicopatología aludiendo a que la normalidad “es el estado adecuado de un individuo en relación con sus fines y a su actividad”, una coherencia entre la acción humana y aquello que la motiva o la produce.

Por otra parte, está la Normalidad como una media: aquí se grafica con la campana de Gauss, donde hay una tendencia de ciertos comportamientos que serán tomados como una norma común vista según un parámetro estadístico. Pero sin un juicio moral a la hora de la medición, ejemplo podrían ser las caries, gran parte de la población las tienes entonces bajo esta concepción es normal, ahora que sea sano o no, así como el promedio de la inteligencia donde la curva baja entorno a la cantidad de menores casos que sobrepasan ese promedio, donde si es bueno o malo depende de otro espectro y criterio.

Además, está la Normalidad como un criterio social: aquí se toma en consideración la construcción armada por la opinión social predominante, que entrega características de identidad social, cooperatividad y generando así ciertos establecimientos de reacciones sociales, diferenciándose de esta forma precisamente con el resto de las normalidades.

Otra noción, pero no menos importante es la de Normalidad como criterio legal: los actos reflejados en las leyes y norma común aceptada y ejercida por instituciones en la vida ciudadana, pero ¿lo legal es un reflejo de lo justo o una necesidad? De hecho, por lo menos, en el caso que no lo sea, puede ser reformable.

Teniendo en cuentas estas acepciones y que en determinada circunstancias se influyen o se componen entre sí, la anormalidad vendría a ser la condición contraria, disminuida o apartada de alguno de estos aspectos, o sea un comportamiento “desviado”, “desajustado” de la norma cultural aceptada en un contexto histórico específico, pero al igual como la normalidad va conformándose con parámetros culturales/sociales, a través de la aceptación, creencia y replicación de ellos, lo que es anormal también. Dado que el orden social no se establece sino se creen firmemente en los estatutos que lo forman, el orden social de hace 1776 a.C bajo el código de Hammurabi, en el que se establecen ciertos principios universales y fundamentales, por los cuales las personas estaban clasificadas en 3 tipos: personas superiores, plebeyos y esclavos, donde las condiciones de cada uno estaban predeterminadas, junto con sus derechos y valores según en qué casta de la jerarquía habías nacido. Representa una diferencia al 1776 d.C con la declaración de independencia de EE. UU. de mano de Thomas Jefferson, en la cual se establece que cada persona nace en igualdad y con derechos inalienables: vida, libertad y búsqueda de la felicidad. Lo conformó otro tipo de orden social que no se hubiera mantenido de no ser porque se cree en esos derechos fundamentales. Ahora, lo que debe quedar claro es que hay una interacción y una simbiosis entre aquello que es normal y aquello que es anormal, no puede haber uno sin lo otro y no pueden construirse o diferenciarse sin el otro.

Esto representó la dificultad de los procesos dinámicos sociales, ya que, evaluar en contraste o clasificar eventos y cualidades, puede llevar a encasillar procesos que por sí mismo no son determinados. El acto de determinar lo normal y lo anormal, termina siendo un juicio, una actividad valórica moral de los hechos, sobre que es aceptable y que no, esto no quiere decir que, no haya una racionalización de sobre que dictar como aceptable, pero no se puede desmentir produce un juicio valórico. Más aún cuando se tiene en cuenta como las culturas están en cambios constantes, de hecho, no existe lo que se llama “cultura auténtica” o ”autóctona”, ya que la cultura en el mundo actual, se modelaron de expresiones, tradiciones y creencias de estructuras que la precedentes, como lo fue el sometimiento de culturas unificadas por los cientos de imperios y mega imperios que luego conformaron las nociones de pertenencia  nacional política, concepciones antropológicas y sociales, como sus religiones, costumbres, derechos humanos, condiciones de  autodeterminación de los pueblos, disciplinas, etc. No podemos negar como su herencia a impactado en la pluralidad cultural luego de sus extinciones, por lo mismo, el encontrar una normativa común para la sociedad es una materia de cuidado y que no permite una lupa que aumente solo una parte.

Desde otro lado, se encuentran las llamadas “normatividades”, que son manifestaciones para la normalización, siguiendo a Foucault, es aquella biopolítica en la vida colectiva e interpersonal, debido a que, a través de las fuerzas y esfuerzos políticos se busca ajustar y supervisar el comportamiento de las personas, ya no al sujeto en su espacio personal o de actividad, como decía Foucault al hablar de controles y supervisiones mencionando las disciplinas del cuerpo y de las regulaciones de la población: “caracteriza a un poder cuya más alta función no es ya matar sino invadir la vida enteramente”. Visto también en sus áreas bio-masivas, entendiendo bio que es vida y masivas como masificación, lo usado provocará una autorregulación del actor social proveniente principalmente del aparato estatal, ejemplo de esto tenemos el uso de mascarillas exigido políticamente por necesidades sanitarias -que hoy- ya es parte de las particularidades de transitar fuera de casa, en negocios o espacios públicos, dicho de otra forma, paso a ser un componente de la vida en sociedad y de la nueva normalidad. Siendo así parte de la ingeniería social, donde la configuración nace de arriba hacia abajo.

¿Qué sentido tiene la normatividad y cómo esto impacta en la investigación social?

La función esencial es la autorregulación del comportamiento, es decir, enmarcar ciertos aspectos y manifestaciones de los sujetos en la realidad social a través de instituciones y articulaciones que establecen marcos delimitantes, esto direccionará las bases de la investigación, pues otorgan paradigmas sobre las realidades, bien lo dice Levi-Strauss, que reconoce como erróneo el enjuiciar a otra civilización con los criterios de la suya. Esto hace generar criterios y críticas a la hora del contacto con una realidad, ¿desde donde se está abordando?, ¿estamos influyendo o no en ese espacio social?

Ejerciendo un cuestionamiento y una transformación de la adaptación de métodos sobre el objeto o el evento que se busca estudiar, esto teniendo en cuenta que el momento especulativo y el momento operativo tienen un dinamismo en la investigación y “lo social” no se queda quieto, ya que, al igual que el investigador son sujetos activos influyentes en aquello que se estudia. Razón por la cual el filósofo Canguilhem dice que la “patología” puede ser científica pero nunca objetiva, atiende exactamente al abordaje de fenómenos que pueden ser indeterminables a pesar del método y del investigador. Además, estas concepciones de “normalidad y anormalidad” instauran modelos o espacios sobre los cuales el sujeto cognoscente deberá desenvolverse y atenerse a las consecuencias, teniendo así atributos de producto y productor del conocimiento sobre estas instancias estudiadas.

Concluyendo así que estos constructos son intrínsecos a la realidad de las personas, en sus roles y escenarios, inclusive de las formas por las cuales pueden acercarse a su comprensión y a la de la sociedad.

About the author

Yerko Huenchucona

Titulado de Técnico en Administración de Empresas y actual estudiante de Psicología.

Add Comment

Click here to post a comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.