Cultura

Visita a la Feria de Diseño en Medellín

La cultura es la diversidad de los oficios, decía Alzate Avendaño. Y la riqueza es la variedad de los valores de uso. El progreso de los pueblos se mide mejor por la diversidad de cosas que saben hacer. El crecimiento del producto por habitante es una medida engañosa del avance de una sociedad cuando consideramos un período de tiempo relativamente largo, dos o tres décadas, por ejemplo. Para efectos de contabilidad social usamos agregados como el producto interno bruto, pero debe esperarse que los bienes y servicios que conforman el PIB de hoy sean en buen grado diferentes de los que conformaban el PIB de hace veinte o treinta años. No se progresa solamente produciendo más de las mismas cosas sino, sobre todo, incorporando a la actividad productiva nuevos bienes y servicios y, por supuesto, los oficios y habilidades que los crean.

Por eso recorrer los stands de la quinta Feria de Diseño, realizada en Plaza Mayor los días 9, 10 y 11 de junio, fue una actividad extremadamente placentera, desde el punto de vista estético, y muy reconfortante desde la perspectiva de un economista interesado en las cuestiones del desarrollo. Más de 110 expositores presentando todo tipo objetos, elaborados en toda suerte de materiales, para el amueblamiento y el confort de residencias y oficinas. Decenas de empresarios de Medellín, Bogotá, Cali y otras ciudades, muchos de ellos extremadamente jóvenes, asumiendo el riesgo de producir cosas nuevas y jugándose en ello su capital, su trabajo y su ingenio.  Una feria como esta era algo impensables hace sólo un par de décadas. De hecho, la Feria del Diseño tiene únicamente un breve pasado de cinco años, pero, eso sí, el promisorio futuro de lo que algunos gustan llamar economía creativa o economía naranja.

Personalmente encuentro divertida esa expresión de “economía naranja” con la que se quiere significar que se trata de una economía en la que la gente dedica la mayor parte de su tiempo a la generación de ideas. Toda economía dinámica es una economía creativa o  naranja pues su impulso depende de la actividad de los empresarios que crean cosas nuevas y las lanzan al mercado. Pero lo del nombre no importa. Lo esencial es la aparición de esa dinámica de creación, experimentación, emulación y competencia.

Entre los expositores estaban la Universidad Pontificia Bolivariana y la Universidad EAFIT que ofrecen programas de estudio en el campo del diseño y de la ingeniería del diseño, respectivamente. Entiendo que hay en la Ciudad otras instituciones con propuestas académicas similares. Esta es por supuesto una buena cosa porque la creatividad no se puede sustraer a las leyes de la física y a los valores de la estética y el buen gusto,  y todo ello es algo que también se aprende.

Y de la política pública, ¿qué?. Personalmente pienso que los empresarios del diseño y de toda la economía naranja precisan del gobierno lo mismo que todos los empresarios: estabilidad macroeconómica, poca regulación y bajos impuestos. El ingenio de los empresarios y las pruebas del mercado se encargan de lo demás.