Opinión

Ten, o cómo convertir la furia en música

Ayer se conmemoraron 25 años de Ten, primer álbum de la agrupación estadounidense Pearl Jam.

1991 fue un año movido. O más bien jodido, como los demás que le siguieron. Cayó la Unión Soviética, terminó la Guerra del Golfo y Colombia estrenó nueva constitución política en medio del estruendo provocado por las bombas de la mafia.

Mientras el mundo no paraba de dar vueltas azarosas, la ciudad de Seattle (Estados Unidos) era un hervidero musical. A mediados de los años 80 surgió allí un estrepitoso movimiento que sacudió a la música antes hecha, y de paso le dio una bofetada al machismo ramplón del glam metal, que tenía a Bon Jovi, Poison y Motley Crüe como sus exponentes.

Lo llamaron grunge, que en inglés significa desaliñado, sucio. Se distinguía por las guitarras distorsionadas y los predominantes golpes de batería, así como por el fuerte contenido social de sus canciones.

Sin muchos artilugios, el grunge supo expresar el escepticismo de varios jóvenes que no tenían al porvenir como bandera. Nirvana, Soundgarden y otras agrupaciones crearon un sonido bastante furioso que además se convirtió en la banda sonora de aquellos convulsos años 90.

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Pero a este olimpo del grunge se sumó otra banda que hace 25 años, con su álbum debut, llevó a confines lejanos el sonido hecho en las lluviosas calles de Seattle. Se trata de Pearl Jam, conformada por Jeff Ament (bajo), Stone Gossard (guitarra), Mike McCready (guitarra), Dave Krusen (batería) y Eddie Vedder (vocal).

Antes de conformarse Pearl Jam, en 1990 Gossard y Ament tuvieron que disolver su antigua banda, Mother Love Bone, debido al fallecimiento del vocalista Andrew Wood por sobredosis de heroína. Tras a una pausa decidieron seguir haciendo música junto al guitarrista Mike McCready, y llegaron a grabar con Chris Cornell (vocalista de Soundgarden) y el baterista Matt Cameron unas canciones en homenaje a Wood.

Decididos a seguir haciendo música, Gossard, Ament y McCready se pusieron manos a la obra para encontrar el baterista y vocalista que le hacían falta a su futura banda. En vez de hacer una audición, lo cual les tomaría bastante tiempo, grabaron una maqueta que incluía algunos temas compuestos por ellos y a la que le pusieron el nombre de The Gossman Project. Una copia de esta llegó a manos del primer baterista de los Red Hot Chili Peppers, Jack Irons, quien luego se la pasó a Eddie Vedder, cantante y surfista que residía en la ciudad de San Diego.

Luego de escucharla toda una noche, al otro día Vedder fue a surfear como de costumbre y mientras se enfrentaba a las fuertes olas, anotó en su cabeza algunas ideas que le servirían al momento de escribir las canciones. Ya en casa, se dispuso a escribirlas y a grabarlas en un casete que días después le envió a Gossard y Ament. Los dos quedaron tan impresionados con la potente voz de este muchacho, que de inmediato se pusieron en contacto con él para pedirle que viajara a Seattle.

Una vez allí, Vedder se incorporó a la banda, que ya contaba con el baterista Dave Krusen. Tras varios ensayos decidieron llamarse Mookie Blaylock, en homenaje a un basquetbolista de la NBA, y se dieron a conocer a través de unos demos cuyas carátulas ilustraba el mismo Vedder.

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Después de hacer unos cuantos conciertos en Seattle, Mookie Blaylock firmó un contrato con Epic Records para grabar su primer disco. Por cuestiones legales el sello le aconsejó a la banda cambiar su estelar nombre, no fuera que el basquetbolista los demandara por uso indebido de su identidad. Fue ahí donde Vedder y compañía decidieron ponerse otro que les diera más recordación y que, según la leyenda urbana, estaba inspirado en una mermelada que hacía la bisabuela del carismático vocalista: Pearl Jam.

En marzo de 1991 Pearl Jam comenzó a grabar su álbum debut en el London Bridge Studio de Seattle. Con la producción de Rick Parashar, fundador del estudio, la banda solo se tomó dos meses para grabarlo, ya que buena parte del material estaba listo y había que hacerle unos cuantos ajustes.

Terminadas las grabaciones, el disco salió a la luz el 27 de agosto con el título de Ten, haciéndole un guiño al número que portaba Mookie Blaylock. Para ese entonces Pearl Jam no contaba con Dave Krusen, quien tuvo que abandonar la banda por problemas con el alcohol y fue reemplazado por Dave Abbruzzese.

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El éxito de Ten fue paulatino, hasta que al año siguiente sus ventas despegaron y obtuvo un disco de oro otorgado por la RIAA (Recording Industry Association of America). Incluso, ingresó al top 10 de la lista de álbumes Bilboard 200 y de no ser por Some Gave All de Billy Ray Cyrus (sí, el papá de Miley), habría llegado al número 1.

Aun así, este álbum puso al grunge en los grandes medios y las once canciones que lo conforman traen a colación, con bastante furia y sin tapujos, temas tan espinosos como la soledad, la locura, la pobreza, el suicidio o la depresión.

“Even Flow”, por ejemplo, habla de un hombre marginado por la sociedad y que no tiene más casa que la calle. Después de apoyar su cabeza en “una almohada hecha de concreto” (on a pillow made of concrete), sueña con un techo donde pueda comenzar una nueva vida.

“Alive”, por su parte, es para muchos un himno de superación (Oh I, oh, I’m still alive), cuando en realidad cuenta la historia de una madre que le revela a su hijo que su verdadero padre está muerto,  y que el hombre que creía su progenitor era solo su padrastro. Esta canción tiene tintes auto biográficos, ya que Vedder, a la edad de 17 años, pasó por una situación similar.

“Why go” es igual de desesperanzadora, ya que trata sobre una joven que estando sana es llevada por su madre, contra toda voluntad, a un hospital psiquiátrico donde pierde las ganas de vivir. “Jeremy”, una de las más conocidas de Ten, relata cómo un joven le pone punto final a su vida luego de ser discriminado en su propia casa y sufrir acoso escolar.

La canción, cuyo vídeo fue dirigido por Mark Pellington, está basada en el caso de Jeremy Wade Delle, un estudiante de Texas que al no soportar el rechazo de sus padres y el bullying que le hacían su compañeros de escuela, decidió suicidarse en pleno salón de clases.

Estas oscuras canciones, al igual que las demás, se complementan con la desgarradora voz de Vedder, quien años después diría que las compuso para reflejar “el jodido momento” que vivía su generación.

El álbum, en su conjunto, es un magistral ejemplo de la furia hecha música. Quien lo escuche sentirá un temblor en todo el cuerpo y le invadirán unas enormes ganas de gritar o de salir corriendo. Y sin embargo, es tan bello y sublime que no está de más escucharlo para salir de la zona de confort o sentir por un momento esa rabia y ese dolor que nos hacen tan vulnerables, tan humanos.

No en vano es considerado insigne del extinto movimiento grunge, así Kurt Cobain, el fallecido vocalista de Nirvana, haya tratado a los integrantes de Pearl Jam de “vendidos” y sentenciado que Ten no era un “verdadero disco de rock alternativo”.

Estas palabras, por muy ruidosas que fueran, no pudieron opacar el potente brillo de este diamante negro. Pearl Jam ha hecho otros discos respetables, pero Ten se lleva todos los aplausos debido a su furiosa honestidad y a la vigencia de las crudas historias que cuenta.  Podrán pasar los años, cientos o miles, y el álbum seguirá sonando igual, furioso, incontenible, vital.

Esto fue escrito por

Felipe Sánchez Hincapié

Medellín, 1989. Artista plástico, periodista, melómano y fumador empedernido. Ha participado en diferentes exposiciones realizadas en Medellín como Castilla pintoso, organizada por el colectivo venezolano Oficina # 1, en marco del Encuentro Internacional Medellín 07 (MDE07). Hizo su práctica en el periódico El Mundo de Medellín y ha publicado sus textos en publicaciones como Cronopio, Revista Prometeo, Cartel Urbano y Noisey.