Opinión

Subdesarrollados por convicción

Se ha incubado en las mentes de nuestros gobernantes una ideología económica soportada en ecuaciones de papel que los hace ciegos ante la realidad, les quita el sentido común, los convierte en bobos útiles de multinacionales extranjeras, y en últimas, nos arrastra a todos a ser orgullosos miembros de ese grupo de países subdesarrollados por convicción.

Gráfico 1. Mapa de países con inversiones en Café para 2014, por variedad.[1]

 

Fuente: International Coffee Organization (ICO)

En los setentas, gobernantes bienintencionados se convencieron que el desarrollo rural tenía nombre de café. Invirtieron importantes sumas de dinero aplaudidos por políticas de instituciones como la USAID, el Banco Mundial y el BID que invirtieron más de U$15.000 millones en programas de siembras y mejoras del café en países como Colombia, Ghana, Costa de Marfil, Nigeria, Congo, Vietnam e Indonesia. Como resultado, muchos de los países que no conocían el café como alternativa productiva hoy son grandes exportadores (Ver Gráfico 1). En teoría, aumentos en la producción y la productividad llevan consigo mejores niveles de vida para los campesinos.

Gráfico 2. Precio real del café para Colombia (Pesos, 1975=0).

Fuente: Federación Nacional de Cafeteros de Colombia. (Deflactado con inflaciones a Diciembre del Banco de la República).

La realidad es otra. Cuando la producción es mayor, los precios disminuyen: el precio real del café ha tenido una tendencia marcadamente a la baja desde 1975 (Ver Gráfico2). Los campesinos cafeteros se volvieron cada vez más productivos y más pobres. Los grandes beneficiarios de estas “políticas de desarrollo” han sido transnacionales que usan el café como materia prima. La multinacional de tiendas de café Starbucks, por ejemplo, ha multiplicado su valor de mercado en casi 55 veces entre 1992 y 2015 (Ver Gráfico3).

Gráfico 3. Precio ajustado de Starbucks. Junio de 1992 –Junio de 2016)

Fuente: Yahoo Finance

 

Uno tras otro los gobiernos repiten una y otra vez la misma historia: en los noventas la supuesta salvación fue el sector minero-energético. Los gobiernos dieron la bienvenida masivamente a compañías extractivas, ocasionando sobreoferta y disminución en los precios internacionales de los minerales. No es coincidencia la actual crisis política y económica de varios de los países cuyos ingresos dependen altamente de los precios del petróleo.

Hoy, los mismos gobiernos giran su mirada a la siembra de “commodities” como el cacao y la energía con los mismos argumentos: creciente demanda, altos precios internacionales, y apoyo de instituciones multilaterales. Somos bobos útiles de las multinacionales que necesitan disminuir el costo de estas materias primas.

La sobreoferta que hoy impulsan instituciones multilaterales como el Banco Mundial y la USAID, cuya financiación a la construcción de represas y a la siembra de cacao que respectivamente se ha disparado exponencialmente, ocasionará inevitablemente una sobreoferta internacional acompañada de una disminución de precios que harán inviable la supervivencia de ambas, familias cacaoteras y gobiernos cuyos ingresos dependen en gran medida de empresas productoras de energía y petróleo como EPM y Ecopetrol.

El desarrollo rural necesita más que buenas intenciones. Es hora de que nuestros gobiernos vean más allá de la lógica micro de la productividad y se pregunten porqué las instituciones multilaterales no impulsan globalmente los productos de mayor valor agregado que hoy manufacturan grandes multinacionales globales bajo estructuras cuasi-monopólicas.

No es un problema de las asociaciones campesinas, de las empresas rurales, o de los gremios económicos. He tenido la suerte de conocer proyectos de valor agregado, infraestructura productiva, y comercialización externa en todas estas organizaciones, todos ellos enfocados en que los productores puedan beneficiarse directamente de una porción mayor del valor generado en la transformación y comercialización de commodities, e incluso en la producción de manufacturados que hoy tienen estructuras monopólicas. Sólo faltan gobernantes con una visión macro de las realidades de los mercados y del desarrollo rural.

Esta columna es elaborada por un miembro de IBSER. 

[1] R: Robusta, A: Arábica, y M: Ambas.

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Esto fue escrito por

Juan Pablo Durán Ortiz

Economist and Master of Science in Finance. Eafit University (Colombia).
Master of Science in Urban Studies and Planning. MIT (US).

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