Opinión Selección del editor

¡Son los impuestos y el gasto, estúpidos!

Hasta el momento, el debate entre los candidatos y precandidatos presidenciales se caracteriza por su frivolidad. De la Calle inunda diariamente el Twitter con frasecitas propias de un manual de autoayuda; Fajardo se autoproclama, Urbi et Orbi, como el inmaculado; Claudia López insulta, rectifica y vuelve a insultar; los pupilos de Uribe sueltan naderías a la medida de los auditorios; Ordóñez predica como cura de pueblo decimonónico; en fin, Petro y Robledo repiten hasta el cansancio las consignas mamertas de sus años mozos.

Por eso la irrupción de Vargas Lleras con una propuesta económica y fiscal estructurada contribuye a elevar el nivel del debate y obliga a los demás a empezar a hablar seriamente. Así, Fajardo, que no había dicho nada de nada, anunció su propósito de aumentar la edad de jubilación, lo que le ha enajenado la amistad de sus compañeros viaje en lo que parece será una efímera alianza electoral.

Lo que más ha llamado la atención de los planteamientos de Vargas Lleras es la propuesta de reducir progresivamente el impuesto a las ganancias de las empresas  de 34% a 30% y de eliminar la sobretasa. Esta y sus otras propuestas fiscales llevan a una reducción de recaudo, lo que Vargas Lleras promete, como acostumbran los políticos, compensar controlando el contrabando, la evasión y la elusión. No dice nada de reducir el gasto. Pero no importa, el hecho es que el tema fiscal entra en el debate electoral.

Algunos economistas han salido ya a decir que no es posible reducir los impuestos por aquello del gasto social, los pobres mendicantes, los acuerdos de paz y todo lo demás. Alegan también que las reducciones de impuestos no estimulan la inversión, que eso de la curva de Laffer es un mito sin sustento empírico y que reducirles los impuestos a los “ricos” es regresivo.

El problema de que eso sea cierto o no carece de importancia de cara a la feroz competencia entre los distintos países por retener y atraer la inversión, lo cual se ha traducido en la reducción de la tasa promedio mundial de los impuestos a las empresas de 38% en 1980 a 23% en 2017.  Ya la situación del País en el contexto internacional es bien complicada como puede constatar quien eche una ojeada a la tabla o, si prefiere, se anime a consultar el informe de donde fueron extraídas las cifras en esta dirección:

Corporate Income Tax Rates around the World, 2017

Y ni qué decir de lo que se nos viene pierna arriba en el caso de que el gobierno de Trump consiga aprobar su reforma tributaria que promete llevar los impuestos corporativos a 20%. Ese será un verdadero tsunami que sacudirá la economía global y con ella a la frágil economía colombiana. Así pues, señores candidatos y equipos de campaña, pónganse serios y empiecen a hablar de lo que realmente importa: los impuestos y la reducción del gasto.