Opinión

Reto Republicano

El presidente Santos ha forjado fama como un gran conductor de las relaciones internacionales de Colombia debido a sus buenas amistades con líderes mundiales, a los múltiples viajes que ha realizado al exterior para vender y obtener apoyo a la negociación con las Farc y al énfasis que ha puesto para que Colombia ingrese a instituciones tan prestigiosas como la OCDE.

opinionEl presidente Santos ha forjado fama como un gran conductor de las relaciones internacionales de Colombia debido a sus buenas amistades con líderes mundiales, a los múltiples viajes que ha realizado al exterior para vender y obtener apoyo a la negociación con las Farc y al énfasis que ha puesto para que Colombia ingrese a instituciones tan prestigiosas como la OCDE.

Sin embargo, los desaciertos del Presidente  en materia diplomática no han sido pocos. Por un lado su cercanía y dependencia de gobernantes como Maduro, Correa y Castro ha impedido que Colombia pueda adoptar posturas fuertes en materia de defensa de Derechos Humanos en Venezuela y Cuba o que pueda exigir con mayor autoridad un control más estricto de las fronteras con Ecuador  y Venezuela.

En este sentido Santos ha sido polifacético, pues mientras mantiene cercanía con los presidentes en mención, también sostiene buenas relaciones con líderes de otros países que distan de las ideologías, prácticas y estilos de Maduro y compañía. Adicional a esto, Santos ha sido un gobernante al que le ha faltado prudencia y ha sido apresurado en materia de declaraciones que puedan afectar las relaciones con otros países, recordemos lo que dijo hace algunos meses respecto a la carrera presidencial norteamericana: “Hillary ofrece más garantías para la paz de Colombia”.

Seguramente Santos, al igual que la mayoría de ciudadanos del mundo pensó que la victoria sería para la señora Clinton, no obstante en una materia sensible y siendo él el conductor de las relaciones internacionales de Colombia debió haber guardado prudencia y no anticiparse a los resultados. Sin embargo el reto no radica exclusivamente en lo referente al presidente electo Trump, la administración Santos ha descuidado la relación en general con los congresistas Republicanos, quienes recordemos, además de Trump, fueron los grandes ganadores en la carrera legislativa al obtener las mayorías en la Cámara y el Senado con 193 y 51 asientos respectivamente.

El cambio en materias como el abandono de la fumigación de cultivos ilícitos en Colombia, el viraje en el enfoque del Plan Colombia hacia el denominado “Paz Colombia”, la ya mencionada cercanía del gobierno colombiano con gobiernos como el de Venezuela y Cuba y la modificación en el tratamiento de organizaciones como las Farc al pasar de ser terroristas a actores políticos, podría dificultar la cercanía entre el gobierno Santos y el nuevo gobierno y Congreso norteamericano.

Por fortuna el Embajador Pinzón tiene mayor moderación y una línea más estricta en materias como la lucha contra las drogas y el terrorismo, sin embargo, si el enfoque y del presidente no sufre modificaciones en la recta final del gobierno, es probable que su labor no de los frutos esperados en el afianzamiento de relaciones.

Es necesario  buscar el apoyo y la cercanía con el Partido Republicano quien por años fue descuidado y  ahora se necesitará ante los retos internos de Colombia, pero también debido la inestable situación de la región con el tambaleante régimen venezolano y la aún no resuelta  disputa con Nicaragua. Ante la larga lista de pendientes y errores por enmendar de la administración Santos, ahora se suma el reto Republicano.