Opinión

Recuerdos del ayer en el hoy

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Marinilla (Antioquia), otrora resplandecía en zonas naturales…

Donde hoy se ven crecer edificios de cemento, antes había árboles frutales.

Anteriormente, era muy común encontrarse a una mujer de Marinilla atendiendo un parto en su casa o en una pieza, pues tradicionalmente era un oficio que ejercían las mujeres del pueblo y se les otorgaba el título de parteras.

Gran parte de las familias que habitaban el pueblo eran humildes y lavaban en ríos o quebradas; el uso del jabón era poco, estregaban sus ropas en la quebrada con piedras. Los teléfonos fijos eran lujos que pocos tenían el derecho de darse, las calles eran en tierra, nada de pavimentos; por donde se mirara había mangas extensas, montañas, zonas naturales… infinidad de tierra fértil.

Las personas transitaban por senderos hechos a pala y azadón por los mismos campesinos marinillos; los jardines de las casas lindaban con otras casas campesinas donde criaban vacas, gallinas, marranos y tenían sus propias huertas orgánicas.

No había edificios, las casas eran de tapia y barro, como las que aún se observan en el campo; para llegar de una casa a otra había que caminar por solares. Los carros que se veían pasar, en su gran mayoría, eran modelos 48, muy acordes a la época que recuerdan mis padres – fieles testigos de la hecatombe contemporánea –  además, se veía mucho caballo de tracción, había más bicicletas que carros y las motos eran lambrettas.

Muchas veces se veían pasar personas rumbo a un pozo con una olla amarrada con lazos para sacar agua y poder cocinar, era toda una odisea de las que mis padres aún conservan muy buenos recuerdos.

Pilar la mazamorra era una de las labores que se hacían en casa los domingos, mis padres también recuerdan con nostalgia la batea donde recogían el maíz después de pelarlo y la callana donde asaban las arepas, dentro de la ceniza, con mucha leña o en su defecto el viejo fogón de petróleo.

Las casas humildes eran decoradas con alambres viejos que propiciaban la luz; había letrinas… otras casas eran hechas en troncos de barro, sobre terrenos montañosos.

La comida no traía químicos ni venenos, eran productos orgánicos. La tierra y, sobretodo la naturaleza, era muy virgen. Muchos de los campesinos eran prosumidores, personas que producían y consumían sus propios alimentos.

El mercado en la plaza principal era muy similar al de otros municipios del Oriente de Antioquia como Granada o Cocorná; se vendían toda clase de productos en kioskos a diferencia de ahora que todo está muy poblado. Antes había mucha manga y ahora hay muchos edificios, en la actualidad a Marinilla la reconocen como el pueblo que dejó de ser pueblo y pasó a ser ciudad.

En Marinilla no se  permitían hacer edificios; solo desde hace 12 o 13 años están dejando construirlos. La gente salía a pie, no habían carros hace más de 30 años o eran muy escasos… las caminatas se tornaban largas, por eso había que acompañarlas con tabaco.

“El desarrollo de un territorio debe asumirse desde lo cultural, lo político, lo económico, lo social y lo turístico”, anota mi padre con desdén al referirse al desarrollo de su comunidad.

Era mejor antes porque hoy día el desarrollo no garantiza un mejor estilo de vida, puede ser peor por el urbanismo, la invasión y destrucción a lo natural. Antes había más agricultura y trabajo de tierra; era más fácil generar el sustento.

 

Esto fue escrito por

Henry Orozco

Un hombre apasionado por la escritura, la narrativa y el periodismo. Estudiante de Comunicación Social, amante de las historias e interesado en las nuevas tecnologías. Ha escrito para diferentes medios locales y nacionales; además, incursiona en el mercado digital como influenciador en redes sociales.