Opinión

Odebrecht y el orangután con sacoleva

Santos pasará a la historia como el colombiano del cual se tiene la certeza de que llegó a la presidencia en dos oportunidades como resultado de otras tantas elecciones fraudulentas.

Se dice que fue Dario Echandía quien dijo que la democracia colombiana era un orangután con sacoleva. También se dice que dijo aquello de “…el poder,  ¿para qué?”.  Seguramente dijo una y otra cosa este expresidente colombiano que decía tantas. Fue candidato de su partido, el liberal, en tres ocasiones y otras tantas veces retiró su candidatura antes de las votaciones. No obstante, en dos oportunidades vistió la banda presidencial reemplazando como designado  a los titulares, López Pumarejo y Lleras Camargo. De Echandía se tiene pues la certeza de que llegó a la presidencia en sin que mediara una votación fraudulenta.

Desde que Colombia es Colombia, después de la disolución de la Grande en 1830, se han realizado elecciones periódicas de forma casi ininterrumpida. A lo largo de todo el siglo XIX no dejaron de realizarse en las fechas previstas a pesar de las guerras y sublevaciones en las que dicho siglo fue especialmente pródigo, como en otros países de América Latina. Hacer una nación no es tarea fácil. Puede decirse que en el siglo XIX los colombianos guerrearon y votaron incontinentemente.

La pureza muchas de esas votaciones no está libre de sospechas. El anecdotario político del siglo XIX  está lleno de episodios de coacción a la libertad del elector o de trampas descaradas en el escrutinio. El Coronel Aureliano Buendía decidió irse a la guerra por primera vez cuando su suegro Don Apolinar Moscote, el prefecto de Macondo, cambió en su presencia las papeletas depositadas en la urna para que las azules fueran muchas más que las rojas. No se sabe  cuál fue la primera guerra del Coronel, pero si se tiene certeza de que la última fue la de los mil días, con la que Colombia terminó en siglo XIX y comenzó el XX.

Las primeras elecciones presidenciales de siglo XX, en 1904,  las ganó por estrecho margen el candidato conservador general Rafael Reyes al también conservador Joaquín Fernando Vélez. El partido liberal se abstuvo de participar. El estrecho margen – 50,3% frente a 49,7%- dio lugar a que se hablara de fraude. El historiador Eduardo Posada Carbó, en su artículo “Los límites del poder: elecciones bajo la hegemonía conservadora”,  menciona el caso del general Iguarán quien hizo que los miembros de la asamblea electoral del distrito de Padilla en La Guajira firmaran en blanco las boletas electorales para venderlas después al mejor postor.

Carlos E. Restrepo, quien gobernó entre 1910 y 1914, es otro de los presidentes colombianos sobre el cual no existe duda alguna de que llegó al poder sin que mediara una elección fraudulenta pues fue nombrado por una Asamblea Constituyente convocada después de que el general Reyes renunciara, acosado por sus opositores. Las elecciones de 1914 y 1918 fueron ganadas por amplio margen por José Vicente Concha y Marco Fidel Suarez, respectivamente. En las del 14 el partido liberal apoyó la candidatura de Concha y en las del 18 la del poeta Guillermo Valencia. . En estas últimas hubo denuncias de fraude y de intervención descarada del clero en favor de la candidatura de Suarez.

En 1922 el partido liberal retorna con fuerza a la arena electoral, con la candidatura del general Benjamín Herrera enfrentado al también general Pedro Nel Ospina del partido conservador, quien a la postre sería el vencedor. Aunque Ospina casi duplicó en votos a Herrera no faltaron las denuncias de fraude. Para la historia quedó el telegrama dirigido por un tal Ruperto Meto, gamonal de Cáqueza, al presidente Suarez, ocho días después del día de elecciones: “Conservatismo entusiasmado continúa votando”.  Hubo incluso llamados a la insurrección que fueron desautorizados por el general Herrera. Los liberales no se fueron a las armas pero en protesta se abstuvieron de ingresar al gabinete de Ospina, poniendo fin a los gobiernos de coalición o de gabinetes mixtos iniciados por el general Reyes.

En las elecciones de 1926 el partido liberal no presentó candidato alegando falta de garantías. Llegó a la presidencia Miguel Abadía Méndez, convirtiéndose así el primero de los cuatro presidentes que en el siglo XX ganaron solitarios las votaciones que los llevaron al poder. Los otros fueron Alfonso López Pumarejo, en 1934, Eduardo Santos Montejo, en 1938, y Laureano Gómez Castro, en 1949. En todos estos casos el partido opositor alegó falta de garantías.

Bajo el Frente Nacional, surgido después de la caída de la dictadura de Rojas Pinilla, los partidos liberal y conservador se coludieron para presentar de forma alternada candidatos únicos a la presidencia. En la primera elección, realizada en 1958, el candidato frentista Alberto Lleras Camargo ganó por amplio margen, 50%,  a Jorge Leyva Durán, candidato de una disidencia conservadora. Guillermo León Valencia y Carlos Lleras también ganaron por amplios márgenes las contiendas electorales que los llevaron a la presidencia.

En las elecciones de 1970 el orangután volvió a vestir su saco leva. La disciplina del partido conservador estaba al parecer profundamente resquebrajada y llegó a las elecciones con dos candidatos adicionales – Belisario Betancur y Evaristo Sourdis –  al frentista Misael Pastrana Borrero. Como consecuencia de esta división, Pastrana vio disminuido su caudal electoral y triunfó por escaso margen frente al general Gustavo Rojas Pinilla, quien había retornado a la arena política a la cabeza de una coalición de liberales y conservadores marginados de sus partidos denominada Alianza Nacional Popular – ANAPO. Está comprobado que hubo fraude pero no que este hubiera sido propiciado o cohonestado por el gobierno de Lleras Restrepo. Aunque las maniobras electorales en algunos departamentos, como los votos cambiados en Nariño por orden el senador Luis Avelino Pérez, probablemente no fueron definitivas en el resultado final, las elecciones de 1970 quedaron marcadas por el estigma del fraude y este estigma alteró la historia del Colombia pues dio origen al Movimiento 19 de abril, M-19, algunos de cuyos integrantes están actualmente vigentes en la política nacional.

Se observa en la tabla que la calidad de las elecciones presidenciales mejora desde el final del Frente Nacional. En las once elecciones realizadas hasta hoy hubo pluralidad de participantes y ningún partido o movimiento se marginó por falta de garantías. En ocho de ellas (1974, 1978, 1982, 1986, 1990, 1998, 2002 y 2006) los candidatos triunfadores ganaron por márgenes suficientemente amplios como para descartar cualquier probabilidad de que en el resultado final haya sido determinante cualquier acción fraudulenta. Las ovejas negras de la manada son las elecciones de 1994, 2010 y 2014.

Lo ocurrido en las elecciones de 1994 marca el inicio de una nueva forma de trapisonda electoral, la financiación dolosa de los gastos de las campañas, que será refinada en las elecciones de 2010 y 2014.  Hasta entonces todo era cuestión de cambio de votos, fraude en el conteo o alguna forma de constreñimiento al elector, que generalmente no eran determinantes del resultado final. Algo totalmente diferente es lo acontecido en las votaciones de 1994.  Es un hecho probado que a la campaña de Ernesto Samper Pizano entraron dineros del narcotráfico. Dada la estrechez de los resultados, es harto probable que esa financiación dolosa haya sido determinante para la victoria de Samper Pizano.

En 2010 Santos ganó por amplio margen en ambas vueltas. En 2014 perdió la primera y ganó la segunda por márgenes mucho menores aunque relativamente holgados.  Está probado y reconocido que a la campaña de Santos de 2010 entraron dineros de Odebrecht y hay fuertes indicios de que en la de 2014 ocurrió lo mismo. Dado el amplio margen, es improbable que los afiches comprados con esos dineros de Odebrecht hayan sido determinantes en el resultado de las elecciones de 2010, pero de lo que no cabe duda es que desde ahora están garantizando al señor Roberto Prieto un lugar en la galería de la picaresca colombiana del fraude electoral al lado del general Iguarán, el gamonal Ruperto Meto y el senador Luis Avelino Pérez. Por su parte, Juan Manuel Santos igualará la marca de Darío Echandía pero al revés. Es decir,  Santos pasará a la historia como el colombiano del cual se tiene la certeza de que llegó a la presidencia en dos oportunidades como resultado de otras tantas elecciones fraudulentas.

 

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