Opinión Selección del editor

Nuestra universidad necesita un revolcón

Cada día se hace más recurrente el cuestionarse por parte de las nuevas generaciones la posibilidad o no de asumir estudios de formación superior por las mismas consecuencias que trae el tener un título o grado profesional.

La inminente oferta académica que ofrecen nuestras universidades y en especial los altos costos imposibilitan el interés no solo de los futuros profesionales sino de los mismos padres de familia que evidencian cada vez más el incremento de formarse en este país.

Por lo menos un profesional de un núcleo familiar amplio de una familia tradicional colombiana cuenta con uno de sus miembros engrosando la fatídica cifra de desempleo en el país.

Esto indica por ejemplo que una persona que está leyendo este artículo identifica o cuenta con un familiar profesional que se encuentra desempleado y hace parte según un estudio reciente del 20% de este tipo de población.

Atrás quedó el nombre de universidad como instancia filosófica de Platón y su presunción de formación para la vida. La actual alineación académica cae en el consumismo y en la búsqueda de estereotipos que pretenden entregar a la sociedad actual sin pensar muchas veces en la pertinencia o el real servicio.

El incremento de institutos educativos que ofrecen más de lo mismo sin importar la real necesidad social hace que cada día el desempleo profesional crezca. El negocio es solo formarse para marcar esa diferencia que el mercado requiere.

Un pregrado ya no es suficiente, la oferta académica de la universidad le ha vendido a la sociedad la necesidad de formarse a lo largo de la vida para alcanzar ese nivel que le permita incorporarse a los cambios que el mundo actual exige.

Sumado a esto, muchos docentes universitarios se han quedado en la formación tradicional; donde el discurso (la misma diapositiva en una pantalla con información sacada de internet) es el insumo que le brindan al estudiante.

Hoy en día la formación tradicional aún en algunas universidades sigue vigente. El estudiante es obligado asistir a clase a través de la presión de una lista de asistencia. Estudiar debería ser un gusto, una pasión más no una obligación.

Lo mismo pasa con la asignación de una nota donde se valora el conocimiento del estudiante. En mi época de formación en uno de mis pregrados evidencié que eso en muchos casos no vale la pena. Valoré más a los profesores que me enseñaron a ser empresario, a pensar diferente o aquellos que me dieron los tips para apasionarme en lo que estoy aprendiendo.

El aprender hacer en la formación profesional debe primar sobre lo tradicional. Ahí es donde me identifico con Jürgen Klaric quien denomina el crimen de la educación al mismo hecho de que en las instituciones educativas se le da un valor excesivo a los exámenes, lo que ocasiona que los estudiantes terminen sufriendo por la presión que esto representa.

Mi experiencia como docente universitario desde hace muchos años (1995), me ha permitido entender el cómo en algunas universidades de nuestro medio se ha dado de acuerdo a su metodología cuadriculada, formar estas nuevas generaciones que estudian durante cinco años, se gradúan y no saben hacer nada pues solo se limitaron a recibir información.

Razón tiene Klaric cuando critica las mismas calificaciones las cuales han demostrado científicamente y psicológicamente que lo único que hacen es hacer ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda.

Nuestra universidad necesita un revolcón donde el aprender-hacer, el empresarismo, la pasión por lo que se hace, el manejo del dinero (inversión/ahorro), la comunicación asertiva, el ser buena persona, el respeto, el cuidado ambiental y los valores éticos entre muchos otros, deben estar por encima de la metodología del recibir información teórica en lo que me estoy formando o en la misma cuadrícula de enseñanza que viene de generación en generación.

Necesitamos una universidad que formen servidores públicos que contribuyan a la construcción de la sociedad, seres humanos críticos que construyan país. No basta la formación en cada saber sino aquella donde el estudiante tome conciencia que está al servicio de una humanidad diferente y amante de la naturaleza y lo ambiental.

Esto fue escrito por

Mauricio Correa Taborda

Trabajador social, Comunicador Social y Periodista. Especialista en estudios políticos. Magíster en Gobierno. Amante de la buena lectura y del fútbol colombiano.