Opinión

Nuestra Medellín que es ejemplo en LatAm

Como parte de una invitación que me hiciera el Tecnológico de Monterrey con sede en la ciudad de Querétaro en México, comparto un resumen de lo que allí expuse a más de 300 integrantes de esa comunidad universitaria, sobre la ciudad de Medellín, su momento actual y las lecciones aprendidas que pueden convertirse en pautas aplicables para otras ciudades de América Latina que hoy padecen por la violencia y heridas culturales del narcotráfico.

Crecí en la Medellín de los 80 como un escolar que conoció su ciudad en un bus del colegio que lo llevaba desde el Barrio La Milagrosa en el centro oriente, hasta el occidente de su propia ciudad, esa misma donde cundía el miedo de las bombas, los muertos y el terror del narcotráfico entre el asfalto y sus montañas. Muchos años después de esos terribles tiempos, mi ciudad ha logrado avanzar con relativa agilidad para convertirse en un ejemplo global de resiliencia y superación de los más graves problemas que puede tener una sociedad: las heridas en su cultura por las rentas ilegales.

En mi profesión como consultor político y de gobierno he tenido la oportunidad de relatar la historia reciente de Medellín, con base en estas tres décadas que he vivido como habitante de un barrio de clase media-baja, de haber cubierto como periodista la agenda informativa de esta ciudad, de haber trabajado en campañas y gobiernos que han regido sus destinos y ahora mirarla como académico y consultor en temas relacionados con la recuperación socio-cultural de la violencia en las ciudades.

El ejemplo de Medellín se convierte en un modelo que he compartido en varias ciudades de América Latina, no porque nuestra ciudad haya superado plenamente sus problemas de violencia e inseguridad o la nefasta huella criminal del dinero fácil en nuestra cultura, sin embargo hemos avanzado con una celeridad admirable en nuestra recuperación como ciudad, en aspectos como la reconciliación, la reconstrucción de nuestros referentes, el fortalecimiento de una cultura de mayor respeto por la vida y el fortalecimiento de un modelo de civilidad apalancado por una gobernanza ejemplar a la que se articulan la sociedad, el gobierno, el sector privado, las universidades, gremios, organizaciones sociales, entre otros actores; en busca de una mirada amplia y mancomunada para los problemas que nos siguen aquejando, pero no con la gravedad que ocurría hace algunas décadas.

Medellín ha creado un modelo de monitoreo público-privado que ha fortalecido la forma como es gobernada. Eso no impide que tengamos corrupción, clientelismo, gamonalismo o los tradicionales defectos del sistema político de las urbes y países del continente; pero al menos la ciudad ha gestado mayores niveles de legitimidad con varios gobiernos locales, consecutivos que se han sintonizado con planes de desarrollo a plena conciencia de la fragilidad que vive la ciudad, por la forma progresiva en la cual estamos recuperandonos de tan duros golpes.

La legalidad es uno de los principales factores que se ha trastocado por la cultura del dinero fácil del narcotráfico y es uno de los retos que desde cualquier gobierno se debe enfrentar con decisión y el apoyo de los entornos que rodean a los niños y jóvenes, principales víctimas que son cooptadas por esa vana ilusión del dinero fácil, ese que luego se les convierte en una pesadilla a ellos, a sus familiares, vecinos y personas alrededor, cuando – sin darse cuenta- terminan envueltos en una vorágine de crimen, sangre, venganza y desilusión frente a su propio proyecto de vida. Ahí el Estado, comprendido como el equipo entre los gobiernos y los ciudadanos, debe actuar de manera contundente, abriendo las puertas de las oportunidades, generando entornos con educación, deporte, recreación, cultura y protección a todo nivel, que le arrebate las nuevas generaciones a los actores y a la práctica y legitimidad de la ilegalidad.

En movilidad, urbanismo, gasto público, seguridad y respeto a la vida; hemos construido conocimiento, políticas públicas, modelos de desarrollo, facultades en materia de resiliencia, ejercicios de respeto a la vida y paradigmas de cultura ciudadana que van más allá del cemento y mucho más allá que la tecnología o la estrategia para derrotar actores criminales. El modelo Medellín es mucho más que eso y se basa en la actitud de su gente, en la fortaleza como hemos seguido adelante en medio del terror y pese a lo alentador y esperanzador que es el hecho de haber superado escollos tan grandes, no se puede desconocer que la nuestra es una ciudad joven para la historia y aún en período de recuperación: Medellín es frágil.

Esto fue escrito por

Miguel Jaramillo L.

Consultor en comunicación política y de gobierno. Candidato magister en Gobierno de la U. EAFIT, Especialista Comunicación-Conflictos Armados U. Complutense España y Comunicador de la Universidad Pontificia Bolivariana.