Opinión

Muchachos por amor a la patria ¡No ganen!

Enero es un mes difícil, nuestra cultura de gasto y la política fiscal del gobierno todos los años nos pone en calzas prietas al principio del año, cuando va pasando el año no es que mejoren las condiciones pero nos vamos acostumbrando a un ingreso menor que el del año pasado y deja de ser una novedad que la vida valga más y nuestro trabajo valga menos.

Enero es un mes difícil, nuestra cultura de gasto y la política fiscal del gobierno todos los años nos pone en calzas prietas al principio del año, cuando va pasando el año no es que mejoren las condiciones pero nos vamos acostumbrando a un ingreso menor que el del año pasado y deja de ser una novedad que la vida valga más y nuestro trabajo valga menos.

Por otro lado, como los lunes, la condición casi metafísica de inicio que tiene Enero convierte al primer mes en el mes de los proyectos, empiezan las dietas, las suscripciones a los gimnasios, le bajamos al cigarrillo etcétera; El inicio del calendario nos obliga a la planeación y a ver cómo va a estar el año.

2016 empieza, creo yo, con un ingrediente especial para el país; los colombianos empezamos el año con la indignación a flor de piel y en las calles, habrá muchas explicaciones para este tema, pero por alguna razón la desconfianza natural de los colombianos en su gobierno amenaza con tomarse paulatinamente las calles; pareciera, para ser muy optimistas, que la indignación se sitúa en la agenda del año y que va a pasar del espacio virtual al espacio real.

Puede ser hasta el calor, no pretendo explicar que es lo que pasa, así quisiera, no puedo comprender plenamente el fenómeno. El descontento generalizado, la desconfianza, la indignación y el desasosiego sumados a una coyuntura económica que va a poner en vilo las finanzas personales de cada colombiano; nos hacen pensar que en este año, quizá por ser bisiesto y con tantas afujías, nos van a sobrar días para gritar indignados.

Las cosas van a empeorar a este paso, el sistema de salud va a profundizar su agonía hasta la muerte, la crisis económica va afectar la poca producción nacional que le sobrevive a los acuerdos internacionales, los alimentos se van a ver afectados por el clima y por el dólar, los activos públicos van a seguir siendo liquidados para poder pavimentar campañas presidenciales y creo que podemos seguir atizando el descontento para construir otras realidades posibles.

Solo hace falta un incentivo emocional, nos corresponde que la aparente resignación del pueblo colombiano se torne en indignación activa, en indignación eficaz y abandone su estadio de larva para tomarse las calles. Habrá que insistir en la perdida de fe en un futuro mejor para que paradójicamente podamos construirlo, debemos publicitar que las cosas están mal, insistir en las expresiones de Perogrullo, porque las cosas se van a poner peor.

Para eso solo tenemos un riesgo y se ubica del 5 al 21 de agosto en Rio; nuestros olvidados atletas provenientes de las más populares y olvidadas clases sociales, con su propio esfuerzo y el apoyo institucional que solo aparece en la etapa de gloria y a regañadientes pueden dar al traste con el descontento nacional, una medalla de oro bien utilizada en medios nos puede recuperar la fe por la patria  y eso sería gravísimo.

No vamos a poder decir que la hermosa sonrisa de Caterine Ibargüen pertenece al solitario esfuerzo de una mujer luchadora del barrio Obrero de Apartado; va a ser Colombia la que se va a alzar con el triunfo y la gloria bañara como elixir inmerecidamente la confianza en las instituciones. Caterine va a ganar por ella, su familia y los colombianos, todos y cada uno, pero el que va a salir en la foto es Santos.

Que doloroso país este que nos abandona moribundos y anónimos en las puertas del hospital  y nos aprovecha cuando individualmente alcanzamos el éxito; que dolorosa patria esta que solo nos recuerda en las buenas, como los malos amigos. Atletas sin casa, sin sueldo, que se hicieron solos y a fuerza de voluntad, pueden rescatar inmerecidamente el estado de cosas. Yo sé que no me escuchan, están ocupados, como siempre, haciendo lo suyo como todos los colombianos, yo siempre he celebrado su esfuerzo y no merecen mi injusto deseo, pero muchachos  por amor a la patria ¡No ganen!

Esto fue escrito por

Carlos Mario Patiño González

Abogado de la Universidad de Antioquia, estudiante de la Maestría en Derecho económico del Externado de Colombia, Litigante y consultor; de Copacabana-Antioquia. Melómano, asiduo conversador de política y otras banalidades. Tan zurdo como puedo pero lo menos mamerto que se me permita.

3 Comentarios

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