Opinión

La última palabra

2016 quedará registrado en la historia como un año en el que han fallecido alrededor de 53 personas reconocidas por su talento y su trabajo. Casi todos artistas, casi todos excéntricos, extravagantes, egocéntricos, hedonistas, exagerados y a pesar de todo, o por todo eso, se destacaron en el arte, la actuación, la composición, la escritura, la interpretación, la creación o la dirección dramatúrgica. Todos dejando una huella en nosotros. Notables entre las multitudes, únicos.

Pepe Sánchez, uno de los tantos, se fue sin escándalo, sin show, sin programa. Se fue con la ilusión de que en Colombia sea una ley el derecho a las regalías por obras realizadas. Se fue dejando una lista amplia: programas de radio, actuaciones en teatro y televisión, libretos para dramatizados y telenovelas dirigidas.

A Pepe la vida se le acabó y casi toda se la invirtió al arte en movimiento, un arte que pareciera efímero. Una telenovela después de un año o año y medio, pasa a la historia por la que sigue en emisión. Un director si no vuelve a hacer nada o se muere, o queda en una lista y sigue el que esté vigente y haciendo dinero para la productora.

Si en algo se parece Pepe a los demás artistas es que se atrevió a romper esquemas, creyó en su intuición y su saber, y tuvo a un alguien con oreja, Fernando Gómez Agudelo de RTI Televisión, que escuchó y se lo permitió y la televisión colombiana dio un paso fundamental, sacar la cámara del estudio, grabar en locaciones reales, escribir en términos terrenales y dirigir contracorriente a actores de teatro y a otros que apenas contaban con las ganas de tener experiencia.

Cuando empezó a dirigir, este hombre ya había saboreado las mieles y las hieles del oficio de asistir a directores, libretiar y actuar en dramatizados y argumentales para televisión. Aliado de la humildad no cedió su talento a la ambición del cine que subordinaba a la televisión, al contrario, pensó que la televisión podía ser un medio muy importante para contar historias, tal vez mas masivo, no por ello, peor.

Por eso haber estudiado cine le dio pistas para hacer una televisión distinta y lo logró. Un director es muy importante porque necesita del autor de la historia, del guionista, del camarógrafo, del director de arte, del editor, del sonidista, de los actores, de todos y cada uno para poder decir qué, cómo, cuándo y hasta dónde va una escena, un texto, un tiempo. El director es la última palabra después de todas las palabras.

Hay en esta historia de la humanidad tantas historias maravillosas perdidas en manos de directores que no supieron encontrar el núcleo de la historia, el alma de cada personaje y el clímax en cada escena. En manos de Pepe estuvieron historias de grandes autores que ya no están con nosotros: Dunav kuzmanich con el Chinche, Bernardo Navas Talero con La historia de Tita, Bernardo Romero Pereiro con Las Juanas, Mónica Agudelo con La Madre. De otros que viven afortunadamente: Juan Carlos Pérez, Todos quieren con Marilyn, Fernando Gaitán con Café con aroma de mujer y Guajira.

Dirigir una telenovela es un oficio exigente, – pues, si el director así lo cree y lo asume,- porque es la manera mas compleja de narrar una historia que le llegue de la forma más fácil a la masiva teleaudiencia. La historia en manos del director puede ser su fortuna o su ruina.

Queda en los lectores buscar cómo la historia ha calificado el trabajo y la obra en manos de Pepe Sánchez. Este año pasará a la historia porque con él se le terminó el tiempo a muchos que nos han permitido creer en nosotros mismos. Personas tan importantes porque sabían que todos tenemos un alma insaciable de amor, una vida urgida de ilusiones y anhelos. Tenemos muchos muertos a los que les hemos heredado la posibilidad de seguir mientras el cuerpo nos los permita.

A Pepe en singular le estaré muy agradecido siempre porque me dio confianza para seguir contando historias que a algún alma le permitirá sonreír y creer que vale la pena estar vivos hasta el último suspiro.

 

Esto fue escrito por

John Cárdenas

Sicólogo clínico con formación en sicoanálisis de la Universidad San Buenaventura. Laboró como sicólogo para varias ONG, instituciones educativas y hospitalarias. Su práctica clínica la ejerció por quince años para luego estudiar periodismo en la Universidad Pontifica Bolivariana, la Escuela San Antonio de los Baños (Cuba) y COCO School Alicante (España). Como fotógrafo (egresado de la academia YURUPARY) ha expuesto en Medellín, Bogotá y Barcelona. Ejerce como guionista, cronista y fotógrafo.