Opinión

La balanza de pagos manda, la balanza comercial obedece

Hay preocupación por la situación de las cuentas externas del País. En 2015, el déficit en cuenta corriente fue de US$ 18.925 millones, equivalente a 6,5% del PIB. Un año antes había sido de US$ 19.593 millones, 5,2% del PIB. El aumento como proporción del PIB, a pesar de la reducción de US$ 668 millones, se explica por el menor valor en dólares del PIB, a causa de la depreciación del peso frente al dólar que en ese año fue de 37%. En el período enero – septiembre de 2016, el déficit alcanza US$ 9.599 millones, equivalente a 4,7% del PIB. Esto se explica por el resultado deficitario de la balanza comercial, US$ 7.829 millones, y el déficit en la cuenta de servicios, US$ 2.437 millones, y en la cuenta de ingreso de factores, US 3.355 millones, parcialmente compensados por las transferencias corrientes de US$ 4.023[1].

Los políticos y los periodistas se escandalizan con el déficit de la balanza comercial y acusan a los TLC y a la globalización de lo que ven como un tragedia. Los comentaristas económicos se devanan los sesos tratando de entender por qué persiste el déficit comercial a pesar de la enorme devaluación del peso. El Ministro de Hacienda habla  de que se está produciendo un ajuste ordenado de las cuentas externas a la caída del precio del petróleo y se esfuerza por desviar la atención tratando de que nadie se percate de que es el propio gobierno con su exceso de gasto el responsable del desajuste.

El saldo de la cuenta corriente es el resultado de las transacciones de bienes y servicios y pagos por factores realizadas por las personas y empresas colombianas con personas y empresas de otros países. Cuando los residentes nacionales gastan en bienes y servicios importados y realizan pagos por factores por un valor superior al de  los bienes y servicios que exportan y a los pagos por factores que reciben, se ven obligados a disminuir sus activos financieros en el exterior o a aumentar sus pasivos. Aumentan su endeudamiento neto con residentes extranjeros.

Hay personas y empresas, principalmente personas, que pueden comprar en el exterior bienes y servicios por un valor superior al de los bienes y servicios que venden sin aumentar su endeudamiento neto, es decir, sin reducir sus activos ni aumentar sus pasivos. Pueden hacerlo porque reciben donaciones o transferencias voluntarias de otros particulares residentes o no residentes. Estas son principalmente las remesas que los trabajadores colombianos en el exterior envían a sus familias que en el período enero-septiembre de 2016 fueron de US$ 3.535 millones.

Pero hay también personas y entidades que sin variar su endeudamiento ni recibir transferencias o donaciones voluntarias de otros particulares pueden importar bienes y servicios por un valor superior al valor de los bienes y servicios que venden o incluso comprarlos sin vender nada en absoluto. Como no se endeudaron ni recibieron transferencias voluntarias, solo han podido hacerlo porque han recibido transferencias forzosas  de alguien que se ha endeudado por ellas. ¿Quiénes son esos privilegiados que pueden comprar sin vender? Si, esos son, los empleados y las entidades del gobierno que son pagados con los impuestos corrientes o, cuando estos no alcanzan, con los impuestos futuros que pagarán la deuda en la que ha incurrido el gobierno para pagar los sueldos y gastos de hoy.

Los economistas hablan de los déficits gemelos aludiendo con ello a la simultaneidad entre el déficit fiscal y el déficit en  cuenta corriente. Algunos hacen complicados ejercicios econométricos para tratar de establecer el sentido de una causalidad que es evidente: el déficit corriente, en especial el de la balanza comercial, es causado por el déficit fiscal. Uno no se endeuda porque está gastando por encima de sus ingresos, uno gasta por encima de sus ingresos porque se ha endeudado. El déficit en cuenta corriente no se crea primero y después se financia con endeudamiento, el endeudamiento viene primero y financia el déficit fiscal y el déficit corriente. Cuando el gobierno habla de la financiación del déficit corriente no se refiere al déficit pasado sino al actual y al futuro. O más precisamente aún, se está endeudando para poder gastar más hoy y mañana.

Entre enero y septiembre de 2016, el sector privado recibió US$ 966 millones – por colocación de títulos de deuda externa y venta de acciones a no residentes –  y realizó amortizaciones por US$ 414 millones, con lo cual su financiamiento externo neto fue de US$ 552 millones. Frente al mismo período de 2015, las entradas de capital de portafolio al sector privado disminuyeron en US$ 1.733 millones. Esto significa que el sector privado si se está ajustando o, dicho de otra forma, no son los particulares quienes están viviendo por encima de sus medios.

¿Y el sector público? Bien, gracias, endeudándose para gastar en exceso y provocar el déficit en la balanza comercial. En efecto, entre enero y septiembre de 2016, el sector público recibió US$ 6.898 millones de financiamiento externo: colocación de deuda externa, TES vendidos a extranjeros y créditos bancarios. Es decir que a diferencia del sector privado, el gobierno insiste en vivir por encima de sus medios. No importa cuánto se ajuste el sector privado ni cuánto se devalúe el peso, el déficit comercial persistirá mientras el gobierno no reduzca el déficit fiscal que aumenta su endeudamiento externo. Nunca como ahora ha sido tan cierto el  espléndido aforismo de Böhm-Bawerk: la balanza de pagos manda, la balanza comercial obedece.