Opinión

¿Guerra por el agua en el siglo XXI?

La cantidad de agua que hay en el mundo es la misma desde la creación. El crecimiento de la población incrementa sostenidamente su demanda, 1% anual según OMS, de suerte que los más optimistas estiman que en el siglo XXI el mundo enfrentará una escasez crónica lo cual podría llevar, según los más pesimistas, a que se desaten las llamadas guerras por el agua. Parece existir cierta alarma al respecto: cuando se escribe en google la expresión “guerra por el agua”, aparecen cerca de 1.040.000 resultados; si es en francés son 4.170.000 y llegan a 6.790.000 cuando se escribe en inglés.
La cantidad de agua que hay en el mundo es la misma desde la creación. El crecimiento de la población incrementa sostenidamente su demanda, 1% anual según OMS, de suerte que los más optimistas estiman que en el siglo XXI el mundo enfrentará una escasez crónica lo cual podría llevar, según los más pesimistas, a que se desaten las llamadas guerras por el agua. Parece existir cierta alarma al respecto: cuando se escribe en google la expresión “guerra por el agua”,  aparecen cerca de 1.040.000 resultados;  si es en francés son 4.170.000 y llegan a 6.790.000 cuando se escribe en inglés.

La Tabla presenta una sencilla aritmética del agua. Casi toda la tierra es agua pero sólo el 2,5% es dulce: 35 millones de kilómetros cúbicos. De éstos, de acuerdo al ciclo del agua y después de descontar la evaporación, 40.000 kilómetros cúbicos anuales están disponibles físicamente y 12.500 están disponibles económicamente. Estas son las cifras que hay que retener.

La OMS estima el consumo per cápita día – todos los usos – en 1.800 litros, con crecimiento de 1% anual. Tomado esta tasa de crecimiento y las proyecciones de población de la ONU, se obtienen los resultados del panel inferior de la Tabla. En 2015 la oferta corta de agua, la disponible económicamente, es 2,61 veces el consumo anual. Para 2030 y 2050 ese indicador será 1,93 y 1,52, respectivamente. La situación resulta menos ajustada cuando se considera la oferta amplia, es decir, el agua disponible físicamente en cuyo caso la relación oferta/consumo es de 8.34, 6.17 y 4.86 para cada uno de los tres años de la proyección. No hay ninguna razón para suponer que la humanidad será incapaz de construir la infraestructura requerida para  aumentar la cantidad de agua disponible económicamente. Tampoco debe descartarse una mayor eficiencia en el uso del agua de suerte que el consumo crezca a una tasa menor que el 1% anual. Es decir, hay agua dulce suficiente antes de que sea necesario recurrir de forma masiva a la desalinización de agua de mar y otras fuentes de agua salada.

El problema del agua no es el de su disponibilidad total sino el de su distribución en los distintos países y regiones del mundo. El mapa de la figura 1, tomada del Informe de la Naciones Unidas sobre el desarrollo de los recursos hídricos 2016[1],  muestra la disponibilidad física del agua en el mundo. Se dice que una disponibilidad de inferior 1.700 M3 per cápita año indica estrés hídrico; menos de 1.000, escasez crónica y menos de 500, escasez absoluta. La mayor parte del mundo está por encima del nivel de estrés hídrico. Las situaciones de estrés y escasez se presentan en el África Sahariana, la península Arábica y la India y Pakistán.

Figura 1

La figura 2 ilustra de forma más precisa el problema de la distribución introduciendo el concepto de escasez económica y señalando las áreas en las cuales existe ya escasez física o se está cerca de esta situación. La escasez de la mayoría de los países africanos es económica, lo que significa que se irá superando con el crecimiento económico y la inversión en infraestructura. En América Latina, se presenta escasez económica en Ecuador, Perú y Bolivia. Colombia está entre los países con poca o ninguna escasez de agua.

 

Figura 2
El agua no es el único recurso que no está uniformemente distribuido a lo largo de la tierra. Esa es la situación de todos o casi todos ellos. Sólo hay tres formas conocidas para obtener lo que otro tiene y que uno quiere: apelar a su benevolencia, recurrir a la violencia o darle algo a cambio. Ciertamente, los hombres pueden enfrentarse en guerras – ya lo han hecho – por la posesión de esos recursos o distribuirlos por la vía pacífica del comercio. No es absurdo pensar que en algún momento surja un mercado mundial del agua, como existe para el petróleo, el carbón, gas natural y prácticamente todas las materias primas.
Se dice que Canadá tiene el 20% de los recursos mundiales de agua dulce y el 0,5% de la población. ¿Qué hacer cuando el agua escasee realmente a escala global? ¿Trasladar a ese país el 20% de la población? ¿Crear una coalición internacional de países deficitarios para invadirlo y despojarlo del agua que tiene en exceso? Probablemente lo más razonable sea desarrollar un mercado mundial del agua que permita que ésta se transporte en grandes buques o por medio de grandes tuberías de las regiones excedentarias a las deficitarias. Ya existen mercados locales de agua en países como España, Estados Unidos, México, Chile y Argentina. Austria exporta agua a Grecia y otros países balcánicos y Turquía lo hace a Israel. Existe un proyecto de construir un inmenso acueducto que lleve el agua desde Turquía a Siria y Jordania. El desarrollo de un mercado internacional de agua dependerá en buena medida de la evolución de los costos de transporte frente a los de desalinización del agua de mar, que ya se practica en gran escala en algunos países.
En síntesis, no parece existir amenaza de escasez de agua dulce en los próximos 50 años. A nivel global, el agua físicamente disponible es ampliamente suficiente para atender el consumo mundial. Nada impide el desarrollo de la infraestructura requerida para ampliar la cantidad de agua disponible económicamente. El desarrollo de un mercado mundial del agua y la reducción de los costos de la desalinización ofrecen alternativas menos dramáticas que la guerra al abastecimiento de agua en las regiones y países deficitarios.