Opinión

Fidel Castro un viejo roble lleno de historias

A Fidel le regalaron una tortuga bebé, él la miró y preguntó “¿cuánto duran estos animales?”, le respondieron que podrían durar hasta 200 años, Fidel entregó el animal y dijo, “ése es el problema con las mascotas, uno se encariña con ellas y luego mueren antes que uno”. Murió Fidel Castro Ruz, el último vestigio de la Guerra Fría. Un momento que se dudó alguna vez de que llegaría.

Para muchos, Fidel era el típico dictador de la cultura popular: tirano, serio, militar, despiadado. Para muchos otros en el mundo, Fidel significaba el triunfo del pueblo por encima de los opresores. Por lo menos así fue durante los primero años de la revolución. Fidel y su gabinete de jóvenes idealistas gozaron de una imagen de rebeldes con causa, la firme convicción de cambiar el rumbo que estaba tomando la isla, que antes de 1959 era el desahogo en vicios de los norteamericanos.

Pocos han causado lo que Fidel en el mundo. Tanta oposición fuera de los límites de su país, pero dentro, un caudillo respetado. Y es que una personalidad tan fantástica como la suya solo puede ser innata. Desde su adolescencia en Santiago de Cuba, los muros del claustro católico donde estudió no lo introvirtieron, por el contrario, el joven Fidel se caracterizó por ser gran deportista, enamorado y por debatir fuertemente con los sacerdotes. Cuando recibió su grado de bachiller, uno de esos curas escribió en el último boletín de calificaciones que “Fidel cambiaría la historia”.

Lo que vendría después definiría por completo al Fidel Castro mundial. Su ingreso a la Facultad de Leyes de la Universidad de La Habana lo enfrentó con un país muy distinto al que conocía desde la próspera hacienda azucarera de su padre en Birán. La Habana era testigo directo de los desmanes que la dictadura de Fulgencio Batista causaba, por eso nacieron movimientos políticos de oposición, como el Partido Ortodoxo, al cual perteneció Fidel en su juventud. Ya se empezaba a oír de un joven estudiante de Derecho que organizaba marchas en contra de Batista. Fidel, como dirigente estudiantil, se le encargó representar a los jóvenes cubanos en un congreso en Bogotá. Cuando el futuro dictador aterrizó en la capital colombiana, se encontró con una ciudad destruida y llena de rabia por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán.

Fidel, ya como abogado, conoció las violaciones de derechos humanos que se cometían diariamente en la isla. Llegaba la hora de crear un ejército que liberara a Cuba de Batista, proyecto que, creyó, era la única salida. Con el discurso romántico, logró atraer a 135 personas para atacar el Cuartel Moncada. Sin embargo, el intento terminó mal y los hombres que sobrevivieron al Ejército fueron condenados y encarcelados. A partir de allí, Fidel pasaría a ser una figura nacional de la oposición, tras su afamada defensa ante el tribunal, la cual terminó con la frase “condenenme, no importa, la historia me absolverá”.

Un año en prisión, otro en el exilio. Recorrió América buscando reclutas para su guerrilla. El 25 de noviembre de 1956 se subió a un yate en México con 82 personas, entre los que se encontraba un joven médico argentino, y emprendió directo a Cuba, donde los esperaba Hemingway con armas para la revolución. Cuatro años después, Batista huyó a España y Fidel entró triunfante a La Habana bajo la mirada asombrada de la prensa mundial, que veían un país comunista a sólo horas de los Estados Unidos.

Después vendrían 50 años de un régimen cuestionado, temido, admirado, de ejecuciones, de apresamientos políticos. Fidel exilió a su propia hermana Juanita cuando descubrió que ya no compartía los ideales de la Revolución, se dice que fue Fidel quien mandó tumbar el avión en el que viajaba Camilo Cienfuegos por su disidencia ideológica. También convirtió a Cuba en referente mundial de educación, cultura, deporte y medicina; no hay mejor lugar para la niñez en el mundo que Cuba. Se conocieron mil ataques en su contra, más de 800 ejecutados por la CIA y con el consentimiento de los 11 gobernantes gringos que no pudieron con él.

Fidel mantuvo su vida privada muy lejos de la pública. Se dice que esa isla está llena de Fidelitos por todas partes, y no es sorpresa al oír lo que se rumora del apetito sexual del Comandante. Tuvo la fortuna de valiosas amistades como la de García Márquez, Salvador Allende, Maradona y Nelson Mandela.

En fin. Es cierto que con la muerte de Fidel se termina un ciclo, porque él merece un capítulo aparte en la historia. Sin lugar a dudas fue una leyenda desde el momento mismo en que nació. Un mito que vió el final de sus días turbios a los 90 años, exactamente 60 después de embarcar el Granma.

Esto fue escrito por

Alejandro Múnera Rodríguez

Estudiante de Economía en la Universidad de Antioquia. Apasionado por la lectura y la escritura. Desesperado por opinar ante los sucesos importantes que vive nuestra sociedad. Temas políticos y económicos son mi especialidad.