Opinión

Democracias hackeadas

¿Cómo es posible que un especulador inculto, misógino, racista e inexperto sea el presidente de la nación más poderosa y la democracia más respetada del mundo? La respuesta es tan simple como asombrosa: hackers experimentados pueden usar el poder masivo de las redes sociales para manipular a un grupo determinante de la opinión pública en contra de sus propios intereses. Bienvenidos a la era del fascismo tecnológico!

Sucede cuando nuestra capa “reptil” del cerebro toma las decisiones. Según el modelo inicial de capas cerebrales evolucionarias desarrollado por Paul MacLean, el cerebro reptil controla las funciones vitales del cuerpo como la respiración, el ritmo cardiaco, la temperatura, y el balance. También controla todas las funciones compulsivas que el ser humano desarrolló para sobrevivir en las primeras fases de existencia, particularmente cuando debe decidir entre huir o pelear. Es así como el cerebro reptil predomina sobre las otras dos capas más complejas al experimentar miedo, rabia, o indignación. En general, el cerebro reptil es automático y compulsivo.

La clave de este tipo de manipulación mediática es entonces enfrentar a las personas a frases, imágenes y sonidos que generen profundos sentimientos de miedo, odio, o indignación para que el cerebro reptil tome el control sobre sus decisiones. Son actitudes que algunos tildan de “irracionales”, pero que en realidad son reacciones lógicas explicables científicamente.

Estas estrategias han sido especialmente efectivas cuando se usan herramientas comunicativas libres y masivas como las redes sociales. En efecto, en numerosas ocasiones la información que proviene de internet ha sido más efectiva que aquélla de los grandes medios tradicionales. Casos como el Brexit de la Unión Europea, el triunfo del NO para el proceso de paz colombiano, y la elección de Trump como presidente de EEUU demuestran la efectividad del miedo, el odio, y la indignación diseminados a través de redes sociales como herramientas de manipulación, muy por encima de las tradicionales encuestas y medios masivos de comunicación.

El hasta hace poco director del FBI James Comey dijo en su testimonio ante el Congreso de EEUU que “los rusos interfirieron en nuestra elección presidencial de 2016, lo hicieron a propósito, con sofisticación y con abrumadores esfuerzos técnicos. Fue una campaña activa conducida desde lo más alto de ese gobierno, no hay ninguna duda… No se trata de republicanos o demócratas, ellos vienen por todo EEUU […]. Quieren socavar nuestra credibilidad ante el mundo, creen que este gran experimento de nosotros es una amenaza para ellos y quieren aminorarlo y mancharlo lo más que puedan…”.

En efecto, la candidata demócrata Hillary Clinton ganaba las elecciones presidenciales hasta que WikiLeaks publicó una recolección de 30,000 emails hackeados de su correo electrónico personal. Posteriormente, se hackearon varias cuentas de redes sociales que diseminaron noticias falsas y perpetraron una campaña de desprestigio contra Hillary que logró consolidar la victoria del candidato republicano Donald Trump. Coincidencialmente, ha sido reportado por CNN®, MSNBC®, y abc®, entre otros medios, que el gobierno ruso podría tener información con la cual podría chantajear al nuevo presidente de EEUU.

El “best seller” Inteligencia Emocional de Daniel Goleman menciona el concepto de inteligencias múltiples para subrayar la necesidad de aprender a controlar nuestro cerebro reptil como mecanismo para evitar catástrofes familiares y sociales. El Foro Económico Mundial ha subrayado la importancia de cambiar el modelo educativo global, desde uno enfocado en transmitir información sobre habilidades técnicas, a otro más orientado hacia el pensamiento crítico y el aprender a aprender, dada la gran cantidad de información existente y a la mano.

Nunca antes la crisis educativa en el mundo había tenido tantas implicaciones democráticas. Las herramientas tecnológicas presentan oportunidades infinitas de equidad y desarrollo si son catalizadas por una buena educación y una política de soberanía tecnológica. Sin embargo, si la educación no es apropiada, la tecnología puede convertirnos en nuestro propio verdugo: un verdadero sistema fascista para el beneficio de unos pocos.

Esta columna es elaborada por un miembro de IBSER.