Líderes

“Debemos educar en los valores democráticos de la ilustración”. Julio Acosta

Palabras de Julio Acosta, vicerrector de la universidad EAFIT, en el Concejo Municipal de Medellín al recibir la orden Juan Corral:

Un agradecimiento muy especial al Honorable Concejal Simón Molina Gómez, proponente de este reconocimiento, a la Concejal Daniela Maturana Agudelo por su apoyo y acompañamiento a la proposición, a Santiago Narváez Lombana y a Simón Pérez Londoño, líderes estudiantiles de excelente comportamiento moral y gran vocación de servicio público y al Concejo Municipal en pleno por su  aprobación.

Recibo este reconocimiento en nombre de toda la comunidad Eafitense, directivos, estudiantes, profesores, personal administrativo; compañeros todos en esta noble tarea de la educación. De los egresados y amigos de EAFIT unidos en la gratitud y el amor por nuestra universidad.

Quiero agradecer también a todas aquellas personas que fueron mis maestros y formaron mi carácter. A mi familia, mis padres que tenían una sólida formación de valores morales y los grabaron   en la mente y el corazón de sus hijos.  Además nos inculcaron el valor de la educación, del servicio y de la compasión. A mis amigas y amigos que me   han acompañado con sus lecciones de vida. A mis jefes que me enseñaron, me orientaron y con su ejemplo me indicaron el camino del bien.

De todo este apoyo generoso que he recibido de tantas personas y del legado de los fundadores de EAFIT nace mi compromiso con la educación y con nuestra Alma Mater.

Permítanme, ahora, en este recinto de la democracia local, hacer una corta reflexión sobre educación y democracia.

Desde el siglo IV antes de Cristo, época de los grandes filósofos como Platón, Sócrates, Aristóteles y los sofistas, ya se discutía sobre la importancia de la educación para la vida en sociedad.  Platón en su diálogo “Protágoras”, y en sus tratados “La República y las Leyes”; Aristóteles en su “Política”, hicieron de la educación un objeto principal de su investigación.  Sócrates y Protágoras discutían si era posible educar en la virtud que para los griegos de ese entonces era educar en la excelencia.

Educar no puede ser sólo trasmitir conocimientos útiles para el desempeño laboral, sino que también debe ser entendido como la formación del carácter de las personas que fundamente la búsqueda de los seres humanos para ser cada día mejores.  Para ser cada día más humanos.  Formar a las personas debe tener igual de importancia que su entrenamiento para ser un profesional competente.  Debemos educar para tener una vida buena y convivir en forma pacífica.  Sabemos que es tarea difícil porque la convivencia entre seres tan distintos no es fácil, pero hacerla es una necesidad y una obligación moral.

Debemos educar en los valores democráticos de la ilustración tales como: libertad, igualdad, fraternidad.  Libertad de conciencia, de expresión, de pensamiento, de reunión, de asociación; libertad para ser autónomos e independientes.  La libertad significa un conjunto de obligaciones y deberes ante los demás y ante nosotros mismos.  La libertad tiene que tener límites.  Mi libertad llega hasta donde comienza la libertad del otro.

Igualdad en tanto, todos los seres humanos son iguales en dignidad y merecen nuestro respeto y aprecio.  Para Kant las personas deben ser consideradas como un fin en sí mismo y no como un medio.  Iguales ante la ley, deben tener los mismos derechos y oportunidades.  El respeto a la dignidad humana es la base de la convivencia.

De la fraternidad se desprende la solidaridad.  Los seres humanos somos dependientes los unos de los otros.  Ninguna persona por poderoso que sea, por inteligente que sea, por arrogante que sea, se basta a sí mismo.  Todos vamos en el mismo barco y para cumplir cada uno con su misión tenemos que cooperar, de lo contrario corremos el riesgo de naufragar.

Estos valores son los pilares fundamentales de la democracia y del estado social de derecho que establece nuestra constitución política.

Democracia y ciudadanía van de la mano.  La democracia requiere el apoyo y la defensa permanente por parte de los ciudadanos.  La democracia es frágil y tiene sus enemigos.  Los enemigos de la libertad, los demagogos que engañan con falsas promesas, los profetas del Apocalipsis que acuden al temor, al miedo y sólo buscan el poder para imponer sus dogmas y fanatismos.

Debemos entonces formar los ciudadanos en valores éticos y cívicos:   la libertad, la igualdad, la justicia, la paz, la solidaridad, el respeto a los demás, a la autoridad, a los gobernantes, la honestidad, la cooperación, la tolerancia con las diferencias, el acatamiento a la ley y a las normas sociales de carácter universal.  La capacidad de escuchar a los otros y de buscar mediante el diálogo constructivo solución a los problemas comunes.  La democracia requiere el apoyo permanente de ciudadanos responsables y activos que además de sus asuntos privados también se ocupen de lo público.

Muchos colombianos se ven como sujetos de derecho y no se ven como sujetos de obligaciones.  Consideran que con pagar impuestos unos, y con ejercer el derecho al voto otros, cumplen con la democracia.  Muchos no cumplen ni con lo uno ni con lo otro.  Ciudadanos muy exigentes con sus demandas ante el estado y poco exigentes cuando se trata de sus obligaciones.  Olvidan que el estado no tiene la solución para todos los problemas y que muchos de estos competen a los individuos y a la sociedad civil.

La tarea de educar en valores para la democracia y la ciudadanía corresponde a la familia, al colegio, a la universidad, a los medios de comunicación y a la sociedad en general.  Y no debe ser una formación teórica sino una formación de ejercicios prácticos que se conviertan en un hábito de nuestros niños y jóvenes, para que luego, como buenos ciudadanos, aporten al bienestar colectivo.

Estamos en Pascua y en primavera, tiempo de renovación y de florecimiento de la naturaleza.  En Pascua la tradición judía celebra la salida de Egipto, la salida de la esclavitud a la libertad, y la tradición cristiana celebra la resurrección de Jesús de Nazaret, del triunfo de la vida sobre la muerte.  Renovemos hoy, en este espacio de lo público, nuestro compromiso con la educación y la democracia con la determinación y el optimismo que nacen de la esperanza.

De nuevo mis agradecimientos a los organizadores de este reconocimiento, al Concejo Municipal en pleno y a todos ustedes por acompañarme.

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