¿Adenoides?

Hoy me levanté como si faltara algo en mi cuerpo. Sentía ese extraño vacío que nos invade cuando sabemos que los bolsillos pesan menos de lo normal, y que comprobamos cuando notamos la ausencia de la billetera o, peor aún, del celular. Sin embargo, en esta ocasión era bastante más potente. El vacío que me habitaba no lograba hallar respuesta a la pregunta por el objeto faltante. Busqué uno a uno los documentos de mi billetera, comprobando que todos estuvieran allí. La cédula, el pase (que no tengo que renovar sino hasta el 2018) y la tarjeta militar ocupaban sus espacios correspondientes. Me preocupé cuando noté que mi tarjeta de débito no estaba en el lugar correcto, pero descansé cuando la encontré encima de mi mesita de noche. La devolví a su sitio, me metí la billetera en el bolsillo trasero de mi pantalón. El vacío se mantuvo. Luego comprobé que tuviera el celular, e incluso decidí revisar el nivel de batería: no sea que mi dependencia hacia tal aparato me hacía sentir como propia su carga eléctrica. Estaba en 98% y, sin embargo, se mantenía el vacío.

Decidí continuar con mi vida, y como el afán del pico y placa y del día sin carro me obligaban a salir temprano de mi casa, me monté en el carro a las 6:00am y conduje hacia el trabajo. En todo el recorrido el sentimiento no me abandonó. Comprobé que la temperatura del carro y el nivel de gasolina fueran los adecuados, esperando que el sentimiento de la mañana no fuera más que una premonición de alguna catástrofe vehicular: varada. Todo en el carro estaba bien. Encendí la radio y sintonicé mis emisoras favoritas en la madrugada: El Sol 107.9 y La X 103.9. El Andru y el Clásico Herrera, respectivamente, ocupaban sus espacios matutinos y lanzaban comentarios que procuraban arrebatarme una sonrisa de mi preocupado rostro. En una ocasión, incluso, me reí y comprobé que tampoco me faltaba el humor.

Llegué a mi destino, parquee el carro y, mientras caminaba hacia la oficina, recordé una operación que me habían practicado cuando tenía cosa de tres años: extirpación de adenoides. Intenté sentirlas atrás de mi nariz, buscando el espacio faltante, queriendo llenarlo de reconocimiento y sabiduría. No lo encontré, por supuesto: había llegado a un punto tal de ridiculez, que solo pensar en la posibilidad de sentirme vacío de adenoides como un problema rayaba en la tontería. Algo más faltaba.

Cuando llegué a mi oficina y me senté en mi cubículo, decidí dejar de pensar en aquello que no encontraba, y dediqué mi mañana al trabajo metódico. Hora tras hora frente al computador, hora tras hora leyendo documentos vacíos, hora tras hora escribiendo palabras que no iban a ser leídas. Supongo que con el paso de las horas olvidé que algo me faltaba y, simplemente, decidí convivir con la ausencia de adenoides.

[author] [author_image timthumb=’on’]https://fbcdn-sphotos-d-a.akamaihd.net/hphotos-ak-prn1/t1/1488896_10202086754224487_208028205_n.jpg[/author_image] [author_info]Andrés Felipe Tobón Villada Politólogo de la Universidad EAFIT y actual candidato a la Maestría en Estudios Humanísticos de la misma Universidad. Ha publicado en revistas académicas locales como Cuadernos de Ciencias Políticas del pregrado en Ciencias Políticas de la Universidad EAFIT, y en revistas indexadas internacionales como Razón Española. Asimismo, participó en la creación del cuarto tomo del Diccionario crítico de Juristas Españoles, Portugueses y Latinoamericanos (Hispánicos, Brasileños, Quebequenses y restantes francófonos) de la Universidad de Málaga. Actualmente se desempeña como docente y consultor analista en la Universidad EAFIT. Leer sus columnas.[/author_info] [/author]

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